9 Jan 2014 - 5:15 p. m.

Homosexualidad y fútbol en activo, un tabú todavía por romper

En 2010, Yoann Lemaire, un futbolista 'amateur' fue privado de licencia por su club en Francia debido a su homosexualidad.

AFP

La revelación de su homosexualidad por parte del exfutbolista alemán Thomas Hitzlsperger, el miércoles, subraya lo complicado que resulta hasta ahora que un jugador gay hable públicamente de su orientación sexual antes de su retirada, en un ámbito marcado por un culto a la virilidad que roza en ocasiones la homofobia.

"No puedo imaginarme jugar al fútbol y haber hecho esto al mismo tiempo", admitió el propio Hitzlsperger este jueves en una entrevista con la BBC.

Incluso en un país como Alemania, donde las autoridades públicas han tomado posición públicamente para apoyar a los deportistas homosexuales y donde los hinchas tienen reputación de respetuosos, la presencia de un futbolista gay en el vestuario de un club profesional parece difícil de concebir, al menos de forma abierta y normalizada.

"La presión es tan grande que el +coming out+ (revelación pública de la propia homosexualidad) es imposible", estima Jacques Lize, portavoz de Paris Foot Gay, una asociación francesa que trabaja contra la homofobia en este deporte.

"La presión de los aficionados, de los clubes, de la prensa, de los agentes. La homofobia es casi una tradición en esto, más que en otro deporte", añade.

En 2010, Yoann Lemaire, un futbolista 'amateur' fue privado de licencia por su club en Francia debido a su homosexualidad. En aquel momento, Bartholomé Girard, presidente de la asociación SOS Homofobia, declaró a la AFP que en la sociedad existía la percepción de que es "más grave ser racista que homófobo" y que en el fútbol se utilizan en la grada expresiones homófobas de forma generalizada, sin que ello provoque la condena que sí generan en los últimos años los cánticos o expresiones racistas.

Un entorno poco seguro

Las mentalidades, en tres años, parece que han evolucionado poco.

"Es un tema que no se toma en serio", dice Anthony Mette, un sociólogo especialista en la discriminación en el deporte.

"El entorno no invita a sentirse seguro y no hay una posición clara de los clubes, los patrocinadores, los agentes y los hinchas", afirma, considerando que su país, Francia, tiene por ejemplo retraso en comparación a otros de su entorno en Europa, como Alemania, Reino Unido, Holanda o Bélgica.

En Alemania, un día después de la revelación de Hitzlsperger, 52 veces internacional con la Mannschaft, el gesto ha sido muy bien recibido.

"Aunque haya sido después del final de su carrera, es un gran paso valiente en la lucha contra la homofobia", celebró Reinhard Rauball, presidente de la Bundesliga. "Pero en este deporte, las reacciones en caso de revelación por un jugador todavía en activo son difíciles de estimar", apunta.

Gunter Pilz, sociólogo que ha estudiado los hinchas deportivos en su Universidad de Hanóver, va todavía más lejos, ya que considera que el riesgo es lo suficientemente importante como para justificar "de forma consciente que no se recomiende a un jugador en activo revelar su homosexualidad".

"Al final, el jugador tiene que hacer frente a consecuencias. Es una decisión personal, que cada uno debe tomar. Nadie sabe cuál sería la reacción de un estadio contra un jugador que se declara gay. Puede pasar cualquier cosa. Mucha gente dice que es abierta, pero se sienten impactados cuando ven a dos hombres besándose", valoró.

El fútbol, por ahora, no puede contar con una figura en activo equivalente al galés Gareth Thomas, el único jugador importante en activo que se ha atrevido a dar el paso.

En Estados Unidos, el ejemplo sería el basquetbolista Jason Collins, primer deportista en activo en un deporte de equipo importante que ha hablado públicamente de su homosexualidad.

 

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