10 Apr 2012 - 4:22 a. m.

La agenda política de la Cumbre de las Américas

Inclusión de Cuba en la discusión, las posiciones sobre el enfrentamiento de Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas y el debate frente a la guerra contra los narcóticos, los principales temas.

Camilo Reyes Rodríguez*

Para Colombia reviste especial importancia y relevancia la celebración de la Cumbre de las Américas en Cartagena, por razones históricas, estructurales y coyunturales.

El vínculo del proceso de cumbres con la Organización de Estados Americanos (OEA) conlleva un bagaje para todos los colombianos, puesto que su carta se firmó en Bogotá, bajo la inspiración y dirección de Alberto Lleras Camargo, uno de los estadistas de mayor relevancia de nuestra historia.

La OEA y el proceso de las cumbres están estructuralmente ligados al modelo de democracia y desarrollo de nuestro país. Es el organismo regional por excelencia, que ha procurado el difícil equilibrio entre promover la democracia y el pluralismo y generar los espacios para que en el ámbito multilateral se produzca el diálogo entre el Norte y el Sur. No hay otro foro en el que América Latina y el Caribe se encuentren con los Estados Unidos y Canadá.

La OEA y la Cumbre de las Américas identifican los elementos comunes, los consensos y disensos que permiten dibujar la topografía política del continente y trazar la ruta que nos permita avanzar hacia el desarrollo en una agenda internacional.

La Cumbre es el único foro que convoca al más alto nivel, es decir, el de presidentes y jefes de Gobierno, para tratar una agenda que se construye por consenso, pero que en realidad no excluye ningún tema.

Además de tratar asuntos tan complejos como la conectividad, la integración y la infraestructura física, en esta ocasión se tratarán la legalización de la droga, el regreso de Cuba a la OEA y la confrontación entre Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas.

Será interesante conocer los términos en que se hará el planteamiento del debate sobre el problema de la droga para enfrentar dos realidades: que la estrategia actual fracasó y que no se ha podido reducir la demanda.

Veremos la orientación que tome la discusión frente a las diferentes propuestas: no criminalizar, legalizar, regularizar y discriminar. Cuáles son los parámetros para marcar estas diferencias y si la institucionalidad de nuestros países está en capacidad de incorporar un cambio de esta naturaleza.

Muy probablemente se recomiende la aceptación de Cuba en el proceso de las cumbres, pero para ser coherentes con la Carta Democrática y los Derechos Humanos, habrá que escoger con cuidado los procedimientos y las metas. Habrá que aprovechar los cuatro años que nos separan de la próxima reunión para que se lleven a cabo los cambios que tanto esperan el pueblo cubano y la comunidad internacional.

Habría que pedir a la Gran Bretaña que inicie negociaciones para que se resuelva el desacuerdo de las Malvinas, y a Argentina, que sea más consecuente cuando se trate del cumplimiento de los compromisos internacionales.

Es ineludible lamentar la equivocada decisión del presidente de Ecuador, Rafael Correa, de marginar a su país de este importante foro. Su ausencia expone un error de política exterior y un vacío en su capacidad diplomática.

Por otro lado, el hecho de que esta agenda tenga como sede a Cartagena es una demostración de la capacidad de interlocución que ha implementado Colombia. La Cumbre de Cartagena puede constituir un hito de trascendencia para el proceso.

* Camilo Reyes Rodríguez, director ejecutivo, Cámara de Comercio Colombo Americana y exvicecanciller.
 

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