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…la Cumbre de Cambio Climático

Más de cien jefes de estado se reunieron en la capital danesa para firmar un acuerdo que protegiera el planeta contra el cambio  climático. Sin embargo, el resultado no fue el esperado.

ANDREA ALBÁN *

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Inicié mi trabajo como negociadora ambiental internacional en 1993. Tres años más tarde comencé a dedicarme al cambio climático. Había culminado estudios especializados en medio ambiente y relaciones internacionales. Poco a poco estos temas ganaban prioridad en la agenda internacional. Desde entonces, he participado en reuniones relacionadas con el medio ambiente organizadas por las Naciones Unidas; como la que este año se realizó en Copenhague (Dinamarca). Oficialmente se conocen como las Conferencias de las Partes de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático.

Recuerdo muy bien el momento en que concluyó la negociación del Protocolo de Kioto (Japón), en 1997. Pocos defendieron la idea de trazar metas de reducción de emisiones con respecto a 1990. Este siempre ha sido un asunto sensible a nivel político y 12 años después aún sigue siendo un tabú para muchos mandatarios. Todos saben el peligro que corre el planeta, pero pocos están dispuestos a pagar el precio de una decisión que toque sus economías.

Recuerdo también que la presencia del ex presidente Al Gore en Kioto generó una gran expectativa en que por fin EE.UU. se sumaría a la lucha contra el cambio climático a nivel global. Todos sabemos qué pasó después. EE.UU. nunca se vinculó al Protocolo de Kioto, el primer instrumento internacional legal para combatir el cambio climático. Todos también sabemos qué paso en diciembre de este año, cuando EE.UU. continuó reacio a trazar metas ambiciosas de reducción de emisiones.

La entrada en vigor del Protocolo de Kioto fue en 2005 durante la celebración de la XIII Conferencia de las Partes, en Montreal (Canadá). Fue un momento emocionante. Comenzábamos a ver el fruto de tantos años de negociaciones. El motivo por el cual se demoró ocho años para entrar en vigor fue que al no ser ratificado el Protocolo por EE.UU., no se cumplían las condiciones de reducción de emisiones pactadas. Sólo cuando Rusia ratificó el acuerdo en Marrakech, en 2002, el Protocolo se puso en marcha.

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¿Por qué llegamos a Copenhague? Hace dos años en Bali, Indonesia, se negoció el denominado “Plan de Acción de Bali”. Cada día los científicos alertaban sobre la amenaza climática. Las metas de Kyoto resultaban insuficientes y era hora de volver a sentarse a la mesa. Esta vez con EE.UU. y China, los dos más grandes emisores de CO2. En Bali, varios ministros decidieron los lineamientos para una de las negociaciones internacionales más intensas en materia ambiental de los últimos tiempos. Comenzaba el camino a Copenhague, en el que estaban puestas muchas expectativas. Y con Obama había regresado la posibilidad de sellar un trato.

Las negociaciones en Copenhague fueron intensas. Trabajamos hasta la madrugada todos los días, pero con el paso de las horas las cosas comenzaron a enredarse. Ni la visita de 110 jefes de Estado logró destrabarlas. Los chinos se negaron a que existieran mecanismos de verificacion de reducción de emisiones. Los norteamericanos no querían hablar de disminuir su intensidad energética. Los países afectados por el cambio climático exigían más fondos para adaptarse a este fenómeno.

Faltando 48 horas para la finalización de la Conferencia, hubo dos reuniones paralelas. La primera fue convocada por Australia con el fin de articular elementos que sirvieran en un posible acuerdo. Los países invitados fueron Colombia, Perú, Costa Rica, Chile, Noruega y el Reino Unido. Como miembro de la delegación de Colombia, fui designada por el ministro de Ambiente, Carlos Costa, para colaborar en la articulación de un texto de consenso.

Paralelamente fueron convocados por la presidencia danesa 25 países (entre ellos Colombia), para informar que estarían presentando un acuerdo político con rangos de reducciones para países Anexo I y no Anexo I y con un fuerte sistema de verificación. Sobre la base de dicho documento fue que el Premier Chino y Obama discutieron por más de seis horas. Al paso de la noche se fue reduciendo el grupo de países consultados hasta que llegaron a ser 15 los que permanecieron para el cierre del Acuerdo.

El Acuerdo de Copenhague no tiene metas de reducción de emisiones, ni verificación para los calendarios nacionales. Pero sí la promesa de apalancamiento de US$100 mil millones para el cambio climático. ¿Qué sigue? Las negociaciones bajo el Protocolo de Kioto y la Convención de Cambio Climático continúan con miras a finalizar en diciembre de 2010 en Ciudad de México, en donde se espera que los países firmen un acuerdo ambicioso y justo que nos permita mantener la temperatura del planeta no más de dos grados por encima de la actual.

* Miembro de la delegación colombiana a la Cumbre sobre Cambio Climático.

Por ANDREA ALBÁN *

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