
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Las personas que han vivido el conflicto que ha azotado al país por décadas son las que nos pueden guiar. Hay mucho que aprender de ellas”: María Gamboa. Mateo, basada en hechos reales, y producto de una larga investigación de María Gamboa en el Magdalena Medio, habla sobre cómo prevenir la entrada de adolescentes al conflicto armado. Mateo, de 16 años, representa a cientos de jóvenes colombianos que no fueron orientados para verse a sí mismos porque nunca tuvieron la oportunidad de descubrir el potencial de vida que llevan consigo.
Pero, de tener la oportunidad, ¿construirían un mejor futuro? ¿Cambiarían el rostro ante sí mismos y ante el país en donde viven? Gamboa se sintió fascinada por el cine y el teatro desde su infancia y desde entonces supo que quería dedicarse a él. A la edad de ocho años, esta bogotana escribió su primera obra: Fancy. Años más tarde, cuando hacía su bachillerato en el Colegio Santa Francisca Romana, creó varias obras musicales; la primera se llamó Killer Queen. “Cuando era niña me gustó mucho un musical que se llama La novicia rebelde, y me pareció fascinante tener una vida cantada y filmada”. Después, cuando llegó el momento de elegir qué estudiar, supo sin dudarlo que el cine era el espacio donde podía entregarse al ciento por ciento.
Estudió teatro y dirección de cine y televisión en Tisch School of the Arts, de la Universidad de Nueva York. Luego viajó a París para realizar estudios sobre historia y crítica de cine en la Sorbona. Ese viaje a Francia fue decisivo. Pudo ver muchísimas películas. “Muchas veces, cuando entraba a cine, lo hacía sabiendo que no iba a entender, pues el idioma era un obstáculo, pero me concentraba en el movimiento de la cámara. El tiempo dejó de importarme; yo sólo quería hacer cine”. Luego de terminar la universidad se dedicó a trabajar en varias producciones de cine y documental como directora asistente y directora. En 2003, su cortometraje 20 mil fue premiado con una beca en Les Recontres du Cinema de Guindou, en el sur de Francia. En 2006 dirigió Revelados, una serie de televisión dedicada a los jóvenes afectados por el conflicto armado en Colombia. “Cuando dirigí Revelados, al viajar por el país me di cuenta de cuáles eran las experiencias exitosas que lograban que los jóvenes no fueran parte de estos grupos y de la importancia que tenían los talleres de arte.
Mateo surgió gracias a esa experiencia”. Para hacerla, Gamboa recibió una beca para posproducción del fondo francés Cinéma du Monde. Además fue invitada a participar en el Amiens International Film Festival y el 32º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Asimismo recibió una mención especial en la Competencia Oficial Ficción y el premio especial del jurado en la Competencia Oficial de Cine Colombiano en el 54º Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, Ficci. Con Mateo también ha recorrido festivales en importantes ciudades del mundo, como Montreal, Nueva York y Sídney. En el Festival Internacional de Cine de Miami, donde tuvo su estreno mundial, recibió los premios a mejor ópera prima y mejor guión. “Cuando mostramos por primera vez la película en Miami, me latía el corazón, estaba asustada. Al principio hubo mucho silencio y cuando las luces se apagaron no pude evitar observar el teatro. Me di cuenta de que la sala aún tenía varias sillas vacías, pero después se llenó completamente y fue muy emotivo porque además estaba rodeada de personas a las que quiero mucho”.
Un día, Gamboa escuchó hablar al padre Francisco de Roux, provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, acerca de la dignidad de los campesinos en el Magdalena Medio, de la valentía que deberían tener las personas para defender lo suyo, y sintió que tenía que ir a ese sitio. Haciéndole caso a esa corazonada, María Gamboa ahorró dinero y emprendió el viaje en busca de Mateo, de los cientos de Mateos que hay en el Magdalena Medio y en todo el país en busca de una oportunidad para cambiar sus vidas. En 2007 decidió viajar e instalarse en Barrancabermeja para investigar esa realidad. Vivió allí cinco meses y durante los años siguientes fue en varias ocasiones para hacerles entrevistas a los jóvenes de la región en compañía de Adriana Arjona, la guionista. “Empecé a frecuentar los talleres que organizaba el Programa de Desarrollo y Paz para jóvenes. Iba a los talleres de danza, a los talleres de política. Al taller que yo pudiera asistir iba sin falta. Tanto así que me empezaron a decir ‘carro viejo’ porque me la pasaba de taller en taller. Fue detrás de esas entrevistas y convivencias que empezaron a surgir muchas historias”. De ese modo, Gamboa terminó por encontrar a Mateo y reafirmando su inmenso compromiso, no sólo por hacer cine, sino también por visibilizar el arte como instrumento para prevenir que los adolescentes entren a hacer parte del conflicto armado.