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24 Mar 2009 - 3:00 a. m.

La diplomacia del Canciller

El Ministro de Relaciones Exteriores, se refiere a los aprietos en que lo han puesto las declaraciones inoportunas y aparentemente inconsultas del Vicepresidente y del Ministro de Defensa.

Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

Debe ser muy duro trabajar en medio de dos “estrellas” de la política cuando uno no cuenta sino con las armas de la formación profesional, la lealtad y la voluntad de hacer las cosas bien. Aunque parezca que estas tres características del ministro Jaime Bermúdez  son suficientes para desempeñar una buena labor, en la vida pública suele suceder exactamente lo contrario: arrasan quienes más que cualidades para el trabajo, tengan ambiciones personales, por supuesto, si a esas ambiciones les suman posiciones de privilegio en la sociedad y grandes aliados en los partidos y en los medios.

El canciller se estrelló recientemente con esa realidad apabullante, por las declaraciones de los dos primos Santos del gobierno. El Vicepresidente lo puso en aprietos con su recomendación de botarle en la cara el Plan Colombia a Estados Unidos, para que aprendan a tratarnos bien. Y el Ministro de Defensa, con la teoría de que nos asiste el derecho de invadir territorios extranjeros cuando tengamos la convicción de que los “bandidos” se esconden más allá de la frontera. El Presidente intervino por primera vez como árbitro y no como luchador del combate, para apaciguar los ánimos de Ecuador y Venezuela, y de los aliados de Colombia. Y, en privado, moderó la verbosidad santista.

No obstante, quedaron incógnitas: La airada protesta del Vicepresidente contra Estados Unidos por la manera “indignante” con que se refieren al país sus funcionarios y congresistas ¿Fue a espaldas del Presidente? ¿El Ministro de Defensa consultó a su superior jerárquico antes de desafiar belicosamente a Ecuador y Venezuela? ¿Por qué, en vez de sancionarlos, el Primer Mandatario solo le dio una palmadita en la espalda al Vicepresidente y apoyó mediante un comunicado al ministro Santos? Y la pregunta del millón: en medio de todo este boleo ¿Cómo puede desempeñar sus tareas diplomáticas el canciller?  Éstas son sus respuestas diplomáticas pero significativas de lo que acontece en el gabinete ministerial:

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Por qué lo “destituyeron”, si no del cargo sí de sus funciones, el Vicepresidente y el Ministro de Defensa?

Ministro Jaime Bermúdez Merizalde.- Los temas de este Ministerio son tan sensibles, que uno no puede poner en entredicho ni comprometer la política internacional solo por ganarse unos puntos ante la opinión pública nacional, como lo han hecho algunos. En estos asuntos, uno tiene que obrar con responsabilidad democrática e institucional.

C.O.T.- ¿Quiénes son los que quieren “ganar puntos con la opinión”: el Vicepresidente, el Ministro, o los dos?

J.B.M.- Simplemente me refiero al criterio y al comportamiento que deben guardar todos los funcionarios y, en general, las personas que tienen vinculación y contacto con la política internacional. El propio canciller debe pensar, antes que lo demás, en el compromiso institucional de la política internacional del país sin dejarse tentar por las trampas y las peleas personales.

C.O.T.- Si interpreto que cuando usted critica a los que quieren ganar  puntos, se refiere a los dos Santos ¿Estoy en lo correcto?

J.B.M.- Por favor, déjelo ahí.

C.O.T.- El corto circuito entre el canciller y los dos funcionarios mencionados puede presentarse por dos razones, y le digo la primera: por su perfil, para usted es prioritario cumplir  su papel institucional. En cambio, el Vicepresidente y con mayor razón el Ministro, tienen en la mira su propio futuro político ¿Está de acuerdo con esta hipótesis?

C.J.B.- Respeto sus interpretaciones pero no quiero calificar la conducta de los otros funcionarios del Gobierno, ni la de las personas que por fuera del gobierno hacen críticas o comentarios al respecto.

C.O.T.- La segunda razón para que haya corto circuito entre usted y los que han dado declaraciones de política exterior, nace de la organización del Presidente. Por ejemplo, él encargó al Vicepresidente de los asuntos internacionales de derechos humanos ¿No debería usted hacer esa labor?

J.B.M.- Es oportuno aclarar que si bien el Presidente y el canciller son los agentes principales en la definición de la política exterior, también hay otras entidades que tienen a su cargo temas internacionales. Le menciono los Ministerios de Comercio Exterior, Medio Ambiente, Cultura, Educación  y, por supuesto, Defensa. El problema no es que haya varias instituciones que tengan competencia internacional. Lo importante es que haya coordinación. Dicho de otra manera, no pretendo que la Cancillería sea la vocera exclusiva y excluyente de la política exterior del país, pero sí que sea su eje articulador.

C.O.T.- No recuerdo cuál Mandatario colombiano le dio un consejo al Presidente que lo iba a suceder. Le dijo: “nunca nombre a alguien a quien no pueda botar” ¿Cree que eso le está sucediendo al jefe de Estado?

J.B.M.-  (Risas). No voy a comentar los nombramientos que ha decidido hacer el Presidente. Sí le puedo decir que estoy agradecido con él por haberme nombrado en este cargo. Y sobra decir que me puede botar cuando quiera.

C.O.T.- No me refería precisamente a usted. Pensaba, por ejemplo, en el ministro Santos.

J.B.M.- Esas son decisiones autónomas del Presidente.

C.O.T.-  Hay que admitir que el mensaje del ministro Santos sobre la “legítima defensa” es belicoso y que puede despertar sospechas en los países vecinos sobre las verdaderas intenciones de Colombia.

J.B.M.- El comunicado de la Presidencia, publicado al día siguiente de las declaraciones del ministro, aclara la situación. Ese comunicado fue hecho con él y allí se decía,  explícitamente, que no se pretendían afectar las relaciones con los vecinos, ni irrespetarlos.

C.O.T.-  El ministro hizo esas declaraciones recién llegado de Estados Unidos ¿Esa coincidencia podría generar suspicacia en Venezuela y Ecuador?

J.B.M.-  Que se acaben las suspicacias. Lo afirmo porque sé cuál es la posición de Colombia como país y como gobierno. Tenemos una relación transparente, abierta y de cooperación con Estados Unidos y lo mismo sucede con los países vecinos. Hay dificultades conocidas por la opinión pública con Ecuador pero hemos manifestado nuestra voluntad de mejorarlas. Con Venezuela tenemos una agenda muy productiva. Trabajamos con responsabilidad  y defendemos los intereses de la cartera siguiendo los pasos definidos por el Presidente de la República.

C.O.T.- Y ¿Esa no debería ser la tarea de todos los ministros?

J.B.M.- Sí, debería ser.

C.O.T.- ¿Les haría esa recomendación a sus colegas?

J.B.M.- No le recomiendo nada a nadie. Es un principio democrático fundamental. Además es un principio de lealtad con el Presidente.


C.O.T.- ¿Alguien no lo ha sido?

J.B.M.- Déjelo ahí.

C.O.T.-  ¿El Vicepresidente y el ministro han sido imprudentes?

J.B.M.-  Insisto: hace falta  más trabajo de coordinación. Hemos estado cooperando en muchos escenarios pero en otros casos, no. Y, por supuesto, cuando una institución se entromete en la competencia de otras, se generan problemas.

C.O.T.- En cuanto a las declaraciones del Vicepresidente: éste sí que mandó un mensaje contradictorio sobre el Plan Colombia.

J.B.M.- La respuesta del gobierno fue clara e inmediata. La decisión oficial es hay que continuar con el Plan Colombia porque es necesario para consolidar los resultados en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Y punto final.

C.O.T.- Pues ni tanto. Después de que lo desautorizaron, el Vicepresidente dijo en televisión que el debate  está abierto.

 J.B.M.- La posición del gobierno nacional, expresada por el Presidente Uribe, es que hay que continuar con el Plan Colombia.

C.O.T.- ¿Quién aquí, o en Estados Unidos va a creer que el Vicepresidente habla sin acordar previamente lo que dice, con el Presidente?

J.B.M.- Contestaría que no tengan ninguna duda. El Presidente nunca acordó esas declaraciones con el Vicepresidente. Por el contrario,  fue muy explícito, desde cuando nos encontrábamos en Honduras, en reaccionar afirmando que hay que continuar con el Plan Colombia.

C.O.T.- El ex Presidente Pastrana asegura que no cabe la “indignación” del Vicepresidente cuando Estados Unidos le hace preguntas a Colombia sobre derechos humanos. ¿Cuál es su posición al respecto?

J.B.M.- Tenemos una relación muy importante con Estados Unidos y a veces, aquí se piensa que solo nos interesa el Plan Colombia o  el TLC. La agenda con ellos es tremendamente diversa e incluye, además de la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo,  temas energéticos, de comercio, culturales, académicos y un paquete de ayudas adicionales que estamos tramitando. Luego, uno tiene que mirar la relación con los norteamericanos de manera más amplia. ¿Que en algunos sectores hay críticas? Claro. ¿Que en algunos sectores hay una actitud difícil hacia Colombia? Sí, pero si uno reaccionara indignado por los comentarios duros que se le hacen a Colombia en distintos países, no tendríamos comunicación con nadie. Es necesario tener una visión  más profunda de lo que significan las relaciones de Estado a Estado.

C.O.T.-  Decía el ex presidente Pastrana que el término de  falsos positivos es un eufemismo para lo que en realidad son crímenes de Estado ¿La cancillería lo tiene así de claro?


J.B.M.-  No comparto esa apreciación. Hay algunos sectores que han querido mostrar los falsos positivos como si fueran crímenes de Estado pero hay otros escenarios internacionales  en los que se ven las cosas de manera diferente. Naciones Unidas es un ejemplo. En concreto, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos ha reconocido públicamente los esfuerzos de Colombia en esa materia. Con esto no quiero transmitir la sensación de que sentimos que el tema está superado. En absoluto. Estoy convencido de que tenemos que desarrollar una tarea de diplomacia muy activa y que tenemos que explicar los avances, los logros y también las dificultades que hemos enfrentado.

C.O.T.-  Se ha interpretado que el Vicepresidente calificó de “indignante”  el tratamiento que Estados Unidos le da a Colombia, porque sabía de antemano que el senador Leahy, presidente del Comité de Apropiaciones, iba a retener 72 millones de dólares de ayuda al país por el lío de los falsos positivos.

J.B.M.- Las palabras del Vicepresidente y la decisión de Leahy no tienen relación. El Ministro de Defensa y yo nos reunimos en Washington precisamente con el senador y le reiteramos que no hay país en el mundo que haya asumido una posición más clara, abierta y determinante en la lucha contra la violación de derechos humanos, sobre todo en el caso de los falsos positivos. No conozco otro país en el cual el propio Presidente de la República le haya pedido a su Ministro y a los altos mandos militares que reciban las denuncias en público, por  televisión. Y que además diga que esas investigaciones deben ir a la justicia ordinaria.

C.O.T.- El argumento de Leahy para congelar la ayuda es que no basta con hacer declaraciones o con botar a unos generales sino que hay que mostrar resultados en materia de investigaciones.

J.B.M.- Es muy importante recordar que, primero, el Presidente retiró del servicio a cerca de 38 miembros de la Fuerza Pública, entre ellos varios generales  y coroneles, pero no porque hubiera evidencias específicas de que estaban comprometidos en esos casos, sino porque usó la facultad discrecional que le permite desvincularlos. Recuerdo que cuando esa decisión se tomó, estábamos en San Salvador en la cumbre Iberoamericana y varios funcionarios internacionales y miembros de otros gobiernos me decían que no conocían otro país de Latinoamérica que pudiera tomar una decisión de esa magnitud. Pero además, hay un segundo aspecto: no se  puede simplemente sentenciar a unas personas sin que la justicia investigue y decida.

C.O.T.- Es claro que Leahy se refiere a una mayor voluntad  política del gobierno y de sus funcionarios para impulsar los juicios en vez de obstaculizarlos. Además, habla abiertamente del “premio” al general Montoya al nombrarlo como embajador, pese a los cuestionamientos que se le han hecho.

J.B.M.- No se puede especular en estos temas. Ocurre en Colombia y en muchos otros lugares que la gente descalifica a otras personas por suposiciones y rumores. Cuestionamiento que haya, que la justicia lo conozca. Y si hay denuncias, que las resuelva. Mientras tanto, nosotros tenemos la responsabilidad de garantizarle a un general de la República su seguridad, y que cuente con un escenario donde pueda desarrollar una actividad lícita.

C.O.T.- Es decir ¿Una de las razones para haber nombrado al general Montoya como embajador fue protegerlo?

J.B.M.- Sin duda, como en muchos otros casos. Como Estado, tenemos la obligación de velar por las personas que le han prestado un servicio al país durante muchos años.

C.O.T.- No se ha podido cerrar el TLC con Estados Unidos, y ahora será más difícil porque el gobierno Uribe se centró en los republicanos y quienes gobiernan Washington son los demócratas.

J.B.M.- Lo importante es manejar las dificultades. Decir que como hemos tenido obstáculos para firmar el TLC con Estados Unidos, Colombia falló, sería desconocer  que parte del problema ha sido la realidad de la política doméstica norteamericana. Están equivocados también quienes creen que descuidamos al partido Demócrata. Para empezar, el Plan Colombia surgió  en la administración Clinton. Después pasamos al gobierno republicano y continuaron las buenas relaciones. Y ahora aspiramos a que sigan en ese buen nivel con el gobierno Obama.


C.O.T.- Pero ha habido mensajes políticos muy fuertes de Colombia en otro sentido. Por ejemplo, la condecoración de Bush al Presidente casi el último día de ese gobierno.

J.B.M.-  Y ¿Cómo iba a rechazarlo? Dígame: si el Presidente de un país condecora a otro ¿Cómo no va a ir el homenajeado? Con el apoyo que le ha dado Estados Unidos a Colombia en todos los frentes, hubiera sido una ofensa muy grave. Eso no quiere decir que sea una bofetada para los demócratas.

Molestia por el incidente de la “legítima defensa”

C.O.T.-  ¿Qué pasó en la reunión entre  el Presidente, usted y al Ministro Santos cuando éste último declaró el supuesto derecho de Colombia a entrar en territorios extranjeros por “legítima defensa”?

J.B.M.-  El  Presidente me llamó  para contarme que estaba reunido con el Ministro de Defensa y le dije que iba para allá, para que habláramos los tres. Evaluamos la situación y  convinimos que había que hacer un trabajo coordinado en todos los frentes. De ahí surgió el comunicado.

C.O.T.- Pero también se publicó otro comunicado en el que el Presidente apoyaba a Santos.

J.B.M.- Eso no tiene que ver conmigo ni con mi agenda. Es la relación del Presidente con el  ministro.

C.O.T.- ¿Usted cómo se sintió personalmente con ese apoyo?

J.B.M.- No tiene importancia que yo le cuente cómo me sentí. En estos cargos uno no puede hacer consideraciones personales porque debe tener la cabeza centrada en lo que le corresponde. Lo que me parece importante es que la cancillería sea el eje articulador de la política exterior y que ésta sea sistemática.

C.O.T.- ¿Qué tiene de malo admitir que se molestó con el ministro y con la situación que generó?

J.B.M.- Me preocupé mucho.

C.O.T.-  Y ¿Se molestó?

J.B.M.- Bueno, si quiere le digo que me molesté. Y me molesté mucho. Pero sobre todo lo que sentía era  preocupación institucional y de país.

La tarea de maletín

Aunque menos publicitados que los viajes del Vicepresidente o del Ministro de Defensa, el ministro Bermúdez va y viene con maletín en mano para desarrollar la agenda de una política exterior “sin complejos”. Recientemente estuvo en Washington, precisamente con Juan Manuel Santos, para reunirse con Hillary Clinton y  con James Jones, Consejero de Seguridad Nacional. Admite que “el país ha generado lástima en muchas ocasiones” pero matiza: “con el mejoramiento de la seguridad, la economía y la política interna, se nos ve ahora con respeto. Por eso después de Brasil y México, Colombia es el tercer país de la región en volumen de inversión extranjera directa y eso no es retórica, son hechos”.

De Estados Unidos dice, en respuesta a las críticas de los últimos días, que  ése ha sido un país que nos ha apoyado “de manera eficaz, concreta, y que, sin retórica, se ha metido la mano al bolsillo”. Añade que  “de eso no hay mucho, y uno lo tiene que agradecer”. El canciller Bermúdez adelanta actualmente convenios energéticos con varios países de Centro y Suramérica y, pese a los líos de aprobación del TLC con Estados Unidos, se ufana del acuerdo de asociación  con la Unión Europea y de los otros tratados de comercio que se han negociado con Chile,  Canadá, Guatemala, Honduras,  Salvador, Suiza, Finlandia y Noruega.

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