15 Apr 2012 - 8:11 p. m.

La doble moral del rey

Si no hubiera sido porque durante el safari que realizó a Botsuana, el rey Juan Carlos sufrió una fractura de cadera que lo obligó a regresar de emergencia a Madrid, el mundo no se habría enterado de que uno de sus pasatiempos favoritos es cazar elefantes y otros grandes animales en las planicies africanas.

Redacción Vivir

Las fotos en las que se ve al rey posando orgulloso frente al trofeo de la jornada, un elefante agonizante con la trompa aplastada contra un árbol, han provocado una ola de indignación mundial. Lo paradójico es que el rey es presidente de honor de la organización ambiental WWF en España.

El World Wildlife Fund promueve un programa para adoptar a una especie del planeta que esté en peligro, entre ellas un elefante, por tan sólo 39 euros. Quien aporte esa suma recibe en contraprestación un peluche que representa a la especie elegida. Lo que no dice la página web del WWF es que su presidente honorario sigue disfrutando, a los 74 años, de un pasatiempo arcaico prohibido en casi todos los países africanos, con algunas excepciones, como Botsuana.

Se sabe que las empresas que operan en el lugar, como Rann Safaris, la misma que colgó en su página web las fotos del rey Juan Carlos, ofrecen paquetes de estadía de dos semanas en establecimientos de lujo, más guías y “trofeos mayores” —como elefantes— a unos US$50.000.

Al dolor por la fractura de cadera se sumaron los dardos lanzados desde distintos sectores políticos. El diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, resumió en una frase el malestar de sus seguidores: “Andar por ahí cazando elefantes no es un buen mensaje para compartir en tiempos de crisis, ni tampoco un buen mensaje ecológico”.

En redes sociales y blogs la actitud del rey también ha sido castigada. “No puede, ni debe, ignorar que cazar elefantes por placer es obsceno y hiere, profundamente, millones de sensibilidades. Tiene todos los componentes para resultar despreciable. Además, la puesta en escena de una cacería preparada para el goce, alimenta todas las imágenes perversas de la opulencia y el poder”, escribió el politólogo español Antoni Gutiérrez-Rubí.

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