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13 Sep 2008 - 1:46 a. m.

La elección de Chávez y Morales

La crisis de esta semana es una inversión que garantiza la mano dura de E.U. hacia los dos países.

Adam Isacson*

Evo Morales y Hugo Chávez acaban de apoyar una fórmula presidencial para las elecciones de Estados Unidos. Su elección fue el dúo de John McCain y Sarah Palin. No sólo esperan que el republicano gane, sino que además cuentan con que el control de la política latinoamericana regrese a la línea más dura del Partido.

Con la expulsión de los embajadores estadounidenses de Bolivia y Venezuela, Morales y Chávez le propinaron un duro golpe a los más moderados en el debate de la política exterior de Washington.

¿Quiénes son los perdedores de esta semana? Aquellos que están a favor de continuar el contacto, la cooperación y el diálogo; aquellos que han buscado mantener relaciones bilaterales a un nivel serio y adulto; aquellos que se han abstenido de “morder el anzuelo” y de responder a discursos provocativos.

Aunque este sector tiene poco en común y usualmente está muy en desacuerdo en temas como el libre comercio, ayuda militar, derechos humanos y en general el papel que debe desempeñar Estados Unidos en la región, han coincidido en apoyar un acercamiento con los líderes de izquierda.

Lo que tenemos aquí son dos líderes muy necesitados de una amenaza extranjera para poder unir a sus pueblos en un momento políticamente volátil a nivel doméstico. En Bolivia, la violencia antigobierno y separatista de las regiones orientales ha llegado a unas proporciones verdaderamente alarmantes. Simpatizantes de líderes locales que ganaron el referendo de agosto están intentando hacer la mitad del país ingobernable.

En Venezuela, las elecciones municipales y gubernamentales están cercanas. Mientras los que apoyan al presidente Chávez probablemente tendrán ganancias, el gobierno sigue resentido por su inesperada derrota en el referendo de Reforma Constitucional del pasado diciembre.

Este es un momento en el que ambos líderes podrían hacer gran uso de fuertes, radicales, enfurecidas, irracionales y exageradas reacciones a E.U. para que sus bases se unifiquen y los apoyen. Necesitan agudizar las contradicciones.


Necesitan que Washington reaccione. En su mayoría, quienes han manejado la política de la administración desde 2006 no les habían dado el gusto. Provocaciones como reuniones con Irán, compras de armas a Rusia y palabras benévolas a las Farc habían sido recibidas con mínimas expresiones de preocupación.

La respuesta de ojo por ojo del Departamento de Estado era predecible. Es una lástima, sin embargo, ver la salida del embajador boliviano Gustavo Guzmán, un pragmatista que no es de ningún modo combatiente. Guzmán parecía valorar mucho las relaciones que había construido con funcionarios estadounidenses. También parecía apoyar la idea de una visita del presidente Morales a Washington, cosa que no ha pasado desde que se posesionó. Pero Guzmán se fue y el canal de comunicación se cortó.

La crisis de esta semana es una inversión encaminada a garantizar que continúe la actitud de mano dura de E.U. hacia Bolivia y Venezuela. Estos líderes izquierdistas acaban de contribuir  con su granito de arena al esfuerzo electoral de la campaña McCain-Palin, y su mensaje a los moderados y pragmatistas es claro: fuera del camino.

*Director del Centro de Política Internacional de Washington.

Voces de la confrontación    

Eliot Engel, presidente del subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de E.U. dijo en referencia a las declaraciones de Chávez que “es contraproducente y dificulta el trabajo en común de ambos países. Si la meta es aliviar la pobreza, no veo cómo puede ayudar esto”. Agregó que “es una provocación que empeora las cosas, aunque Chávez crea que puede golpear a E.U., seguiremos trabajando con nuestros vecinos para combatir la desigualdad”.

Por su parte, el legislador republicano por Florida, Connie Mack, un acérrimo crítico de Chávez, condenó la expulsión del embajador norteamericano en Venezuela, y consideró que la crisis “claramente fue coordinada” por Chávez para “fortalecer su influencia en toda América Latina y  minar los vínculos de Estados Unidos” en la región. Además añadió que la vicisitud se podría haber prevenido “si la Organización de Estados Americanos hubiese tenido el liderazgo y voluntad para hacerlo”.

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