10 Jan 2009 - 8:00 p. m.

La iglesia de los escándalos

Una vez más la cienciología cae en el ojo del huracán. Esta vez, por cuenta de la muerte del hijo de John Travolta. En 2008, en un tribunal francés cursó un proceso en el que se le acusaba de ser una banda de estafa organizada.

Redacción Vivir

Las vacaciones de fin de año del actor John Travolta, su esposa Kelly Preston y sus dos hijos, Jett y Ella Bleu, terminaron en tragedia. El viernes 2 de enero hallaron el cadáver de Jett en uno de los baños de la mansión en la que se hospedaban en las Bahamas. La noticia apenas se conoció esta semana. Muy pocos son los detalles que se han revelado a los medios de comunicación sobre el incidente, pero tras una autopsia practicada al cuerpo del menor, se anunció que la causa del fallecimiento había sido un “ataque”.

El miércoles pasado, al regresar a su hogar en Ocala (Florida, EE. UU.), a la familia Travolta no sólo los esperaban amigos, familiares y papparazzis. También duras críticas por su vinculación a la Iglesia de la Cienciología.

Joey Travolta, hermano del actor, hizo declaraciones en las que insinuó que Jett sufría de autismo, una enfermedad que la cienciología no reconoce, y la falta de atención médica adecuada, habían contribuido a la muerte del menor. Jett, además, padecía un síndrome poco frecuente, conocido como enfermedad de Kawasaki, que consiste en la inflamación de los vasos sanguíneos y que conlleva riesgos cardíacos.

La respuesta a las críticas no se hizo esperar. El abogado de la pareja, Marty Singer, hizo el papel de escudero y declaró al diario británico The Telegraph que “los Travolta son unos padres excepcionales y su prioridad son sus hijos. Cuidan y han cuidado siempre de sus hijos de la mejor manera posible. Sugerir lo contrario es doloroso para una familia que se quiere, además de falso y difamatorio".

También representantes de la iglesia, fundada por el escritor de ciencia ficción Ronald Hubbard en 1953, les salieron al paso a los reclamos. “Los cienciólogos recurren a métodos médicos convencionales cuando aparecen enfermedades convencionales”, declaró Tommy Davis, miembro de Cienciología Internacional.

En Colombia, Jairo Alonso Ramírez, uno de los líderes de cienciología en Medellín, y quien se ha interesado por esta práctica desde hace más de 20 años, desmintió las acusaciones y explicó que la cienciología no riñe con la práctica médica. Cita el caso de uno de sus hermanos, quien antes de iniciar un proceso de desintoxicación física, uno de los rituales entre los cienciólogos, se sometió a exámenes médicos convencionales en los que se detectó que tenía taponada una arteria del corazón. Jairo Alonso dice que gracias a esa intervención médica su hermano se salvó y pudo seguir vinculado a la práctica. “Son chismes muy graciosos. Yo hasta me divierto con ellos”, agregó.

¿De dónde surgen entonces tantos rumores y ácidas críticas contra los cienciólogos? Además de las constantes acusaciones contra el manejo de dineros en la organización, las respuestas pueden estar en los orígenes de lo que para muchos es una pseudorreligión y también en la cruzada que los creyentes y herederos de Ronald Hubbard han emprendido contra una de las ramas de la medicina convencional, la psiquiatría.

En esencia, la cienciología predica la posibilidad de encontrar un camino de felicidad a partir de un método que algunos califican como una mezcla de autoayuda y psicoanálisis. Parte de la premisa según la cual, al evocar experiencias negativas (bautizadas como “engrams”), una persona puede llegar a liberarse de sentimientos destructivos enquistados en su ser. El proceso de liberación es asesorado por un “auditor”.


Buena parte de su filosofía está contenida en el libro que Hubbard publicó en los años 50 y que se convirtió en la primera piedra para fundar la cienciología: Dianética: la ciencia moderna de la salud mental. Poco después de la publicación de este best seller, al hasta entonces escritor de ciencia ficción se le ocurrió la idea de abrir las puertas de una clínica de dianética en la que, según declaró uno de sus hijos años más tarde, prometía curar desde la soledad hasta el cáncer.

Pero con el paso de los años, las críticas de los cienciólogos se han desplazado casi exclusivamente hacia los psiquiatras. En 2005, Tom Cruise, otro ícono de esta iglesia, afirmó que la psiquiatría era una seudociencia y puso en duda el valor de los fármacos para condiciones como la depresión. Apreciación que, por supuesto, recibió de vuelta un buen regaño por parte de las asociaciones de psiquiatría en Norteamérica.

La llamada Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos (sociedad promovida por los cienciólogos) ha recopilado y divulgado a través de documentales como Psiquiatría: una industria de la muerte las posturas en contra de la psiquiatría.

Por esto no resulta extraño que la muerte del hijo de John Travolta, quien según su tío padecía una enfermedad neuropsiquiátrica como el autismo, haya revivido una polémica que ya se prolonga por más de medio siglo.

Cienciólogos arremeten contra psiquiatras

En el documental “Psiquiatría: una industria de la muerte”, realizado por la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos (un apéndice de la cienciología) se ofrece un amplio panorama de la concepción que los cienciólogos tienen frente a las enfermedades mentales. En él, arremeten contra los psiquiatras, comparando el uso actual de fármacos para enfermedades como la depresión y el trastorno bipolar, con prácticas tan perversas como la lobotomía (extracción de partes del cerebro) que en alguna época de la historia de la medicina era considerada una posibilidad terapéutica para ciertos trastornos mentales.

En este documental se esgrimen argumentos como:

1. Los fármacos le proporcionan a la red de psiquiatría mundial un beneficio de 330 mil millones de dólares al año.

2. Un 50% de todos los americanos que cometen suicidio estaba tomando fármacos psicotrópicos.

3. Desde 1994 ha habido un incremento de un 4.000% en el diagnóstico de trastornos bipolares en los niños (E.U.). Y la cantidad de niños a quienes se les recetan fármacos antipsicóticos se ha multiplicado por cinco y alcanza cerca de dos millones y medio.

4. La Oficina de Administración de Drogas y Alimentos de E.U. admite que sólo se esté informando de un porcentaje entre el 1% y un 10% de todos los efectos adversos de los fármacos.

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