16 Mar 2011 - 4:22 p. m.

La pelea por el Discovery

La Nasa anunció que no venderá la nave, sino que cobrará US$28,8 millones, lo que cuesta limpiarla.

El Espectador

Apenas el transbordador Discovery aterrizó por última vez en Cabo Cañaveral, el jueves pasado, comenzó una fuerte lucha por su posesión. Al menos cinco museos estadounidenses están ávidos por tener en sus salas esta enorme nave.

La Nasa informó que el precio que cobrará al museo que se quede con el transbordador será de US$28,8 millones. La agencia espacial norteamericana aseguró que no se está pidiendo dinero a cambio de la nave, pero sí cobrando el costo exacto de la limpieza del transbordador, que está cubierto de componentes tóxicos, como restos de combustible.

Una de las primeras instituciones en manifestarse fue el Museo de la Nasa en Houston, Texas, que reclamó en un página web: “Que el transbordador vuelva a casa”. El Museo de Aviación de Seattle no se quedó atrás. Éste reclama que debe quedarse con el Discovery, ya que parte de la nave fue elaborada en la fábrica de Boeing en esa ciudad. Su interés es tan grande, que ya comenzó a construir un recinto para ubicar la nave, a pesar de no tener seguridad de recibirla.

La pelea por el transbordador espacial, incluso, se ha extrapolado a la esfera política, ya que el Museo de la Fuerza Aérea de Dayton, Ohio, recibió dinero de la administración de Barack Obama para construir una zona donde permanecería la nave. Y aunque este museo parece tener el apoyo del presidente de EE.UU., el Smithsonian, en Washington, cuenta con el respaldo del Congreso estadounidense, que ya aprobó una dotación presupuestaria extra para pagar los US$28,8 millones que tendría que dar para quedarse con el Discovery.

Los lugares que no tengan el privilegio de quedarse con la codiciada nave tendrán la posibilidad de aspirar a alguno de los otros dos transbordadores que se jubilarán este año, el Endeavour y el Atlantis. El primero se retirará el próximo mes, cuando finalice su viaje número 25, y el segundo lo hará en julio.

Con el último viaje del Atlantis, Estados Unidos cerrará el capítulo de los transbordadores, los cuales funcionan dentro de un programa espacial que ha tenido graves problemas técnicos y la pérdida de dos de las cinco naves de la flota, el Challenger, en 1986, y el Columbia, en 2003.

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