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La reina de las tablas

Hace 49 años llegó a Cali en busca de un amor. Allí descubrió que su verdadero destino estaba en Colombia en donde se convirtió en símbolo del teatro y la gestión cultural.

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El Espectador
16 de agosto de 2008 - 02:54 a. m.
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“Pero Pedro debía regresar a Colombia. Así lo hizo. Corría el año 59 y Pedro I., loco enamorado, comenzó a escribirle una carta diaria a Fanny, pintándole una Colombia paradisiaca, una Bogotá de ensueños, donde el teatro y el arte fluían por los poros de cada uno de sus habitantes. Y Fanny cayó en la trampa. Acompañada de sus amigos Boris Roth y Esteban Cabezas, tomó un barco en Valparaíso, divirtió durante once días a los pasajeros de la nave, hasta que, de un momento a otro, se vio depositada en el mágico e inimaginable puerto de Buenaventura”. (Tomado del texto escrito por Sandro Romero Rey publicado en la página del Teatro Nacional).

Así cuenta Sandro Romero la llegada de Fanny a Colombia, sin embargo, bastaron algunos días en Cali para darse cuenta de que esa ciudad, que por entonces ardía, y no sólo por el clima, le depararía muchas cosas.

Allí conoció a aquellas personas con quienes luego llevaría el teatro a los barrios humildes; allí también descubrió que la manera de conseguir los recursos para sus locas y casi imposibles empresas, convencer a los empresarios que gastar dinero en arte era una inversión y no una pérdida. Y cuando no lograba ser lo suficientemente persuasiva, entonces vencía por cansancio, como ella misma ha siempre dicho a su amiga y escudera Ana Marta de Pizarro. 

Fueron esos años en el TEC (Teatro Experimental de Cali) junto a Enrique Buenaventura y con Pedro I.  y con Maritza Uribe Urdinola, fundadora de la Tertulia, que la convirtieron en un verdadero personaje para los caleños. Por eso a sus regresos a la Sultana del Valle no falta quien la pare por la calle para decirle: “Doña Fanny, la primera vez que vi una obra de teatro fue con usted...”. 

Allí no bastaba con hacer teatro de manera experimental, ni con ir a negociar con los empresarios algún aporte para los montajes. Cali era una ciudad bohemia y Fanny se encontraba a gusto en ese ambiente. No era extraño verla en cafetines y lugares vedados para mujeres, con sus compañeros de teatro. Tampoco los señores caleños se perdían los mediodías en el hotel Aristi, donde ella se asoleaba sin meterse al agua porque nunca aprendió a nadar.

Esa ciudad que la acogió y la enamoró de Colombia  vio desde el pasado lunes cómo su salud  mostraba los primeros quebrantos. “Fanny es una mujer muy fuerte”, dijo el viernes Monika Suárez, jefe de prensa del Teatro Nacional y casi una hija para Fanny. “Es necesario que Colombia se una y le mande energía positiva para recuperarse, porque ella es muy sensible a la energía de la gente”.

Así ha sido esta mujer que le dio a Colombia el festival de teatro más grande y suntuoso de América Latina. Esta mujer, que


hizo Edipo rey con el TEC en frente al Capitolio Nacional,  la primera obra de teatro en un espacio público que se presentó en Bogotá. 

Esa mujer, que con su Teatro Nacional demostró que el arte dramático es entretenimiento accesible a todos los públicos y que en nuestro país no hay empresas imposibles, es para los colombianos -quienes la han sentido siempre como propia- a pesar de haber nacido en Argentina, la reina de las tablas.

Algunas actuaciones

‘Yerma’

‘Marido y Mujer’

‘Historias para ser contadas’

‘El amor de los cuatro coroneles’

‘Edipo rey’

‘A la diestra de Dios Padre’

‘La Loca de Chaillot’

‘Llegaron a una ciudad’

‘La discreta enamorada’

‘La zorra y las uvas’

‘Jazmín Rose’

‘La casa de Bernarda Alba’


‘Buenos Aires 2 x 4P’

‘La Posadera’

‘Tartufo’

‘El Inspector’

‘Toma tu lanza Sintana’

‘I took Panamá’, de Luis Alberto García

‘¿Quién le teme a Virginia Woolf?’

‘La dama de las camelias’

‘Yo amo a Shirley’

‘Mamá Colombia’

‘Escenas para aprender a amar’

‘Clase magistral’

‘Un tranvía llamado deseo’

‘A Fanny lo que es de Fanny’

‘Perfume de arrabal y tango’

Por El Espectador

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