25 Mar 2009 - 11:00 p. m.

La terapia de los colores

Por medio de 107 botellas de distintos tonos, Yael Szapiro ayuda a las personas a superar su pasado y descubrir el futuro.

Redacción Vivir

Los colores tienen la capacidad de generar emociones, poseen la facultad de enseñarnos nuestras dificultades y el camino que debemos seguir para alcanzar el éxito. Aunque muchos no somos conscientes de los tonos que usamos para vestirnos, decorar nuestra habitación o pintar las paredes de la casa, lo cierto es que el poder del rojo, el morado, el rosado, el blanco, el verde y el amarillo está impreso en nuestra vida y carga consigo un poderoso significado.

Así lo descubrió en los años setenta Vicky Wall, una inglesa de familia judía que aprendió a descifrar y a manipular la energía de los colores. En 1990 Wall falleció, pero su legado y la fórmula secreta, mediante la cual se crean los tonos de las 107 botellas que conforman el kit para practicar Aurasoma, quedó en manos de unos cuantos discípulos que estudiaron en el Centro de Aurasoma fundado por Wall  en el Reino Unido y que se han dedicado a enseñar lo aprendido a unas cuantas personas. Yael Szapiro fue una de ellas y la única que practica esta técnica en nuestro país.

Szapiro recomienda hacerse sólo tres sesiones de esta terapia de los colores durante toda la vida. En la primera se realiza un diagnóstico y para ello la persona debe escoger las cuatro botellas que más le llamen la atención. Los colores de la número uno muestran las potencialidades que tiene para cumplir sus propósitos, los de la segunda evidencian las dificultades que debe superar, la tercera botella revela lo que está sucediendo con su trabajo, su mundo emocional y su salud en el presente y la última deja entrever algunos sucesos del futuro.

Durante la misma sesión la persona recibe consejos para comenzar a vestirse con colores que atraigan la buena energía. Por ejemplo, el naranja es el color de la felicidad y la pasión; el rojo no se recomienda usarlo si se está de mal humor  y el turquesa atrae la creatividad. En algunas ocasiones Szapiro también receta esencias florales para ayudar a la persona a que se sienta más relajada. Después de unas cuantas semanas se realiza la segunda sesión de Aurasoma, en la cual se evalúa el proceso. En la última visita, Szapiro le pide a su cliente que escoja una botella. Ésta muestra la causa de los problemas que lo aquejan y cómo lograr el equilibrio.

El Aurasoma, al igual que las técnicas que existen para fortalecer el espíritu, requiere de un ingrediente adicional: la confianza en su efectividad sin querer encontrar explicaciones racionales. Szapiro ha logrado que sus clientes lo utilicen y por eso su práctica se ha vuelto tan exitosa en nuestro país.

msuarez@elespectador .com

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