7 Dec 2010 - 3:04 a. m.

La tierra devoró todo el barrio

Yo vivía aquí con una familia que es de Quimbaya, Quindío.

Claudia Patricia Molina

Ellos tenían un taller de cerrajería y yo trabajaba con ellos pintando. El domingo fue un día muy normal. Estaba haciendo mucho sol, totalmente despejado. Yo salí del taller hacia la carnicería a comprar la carne para el almuerzo y en la casa quedó Andrés, de 33 años, él era mi patrón. También estaba la esposa, Diana, una muchacha de 16 años, y la bebé de 2 años.

Mientras iba para la carnicería vi mucha gente en la calle. Había una especie de quiosco y mucha gente estaba ahí tomando cerveza. En la casa de al lado estaban en una fiesta de primera comunión. En la carpintería estaban las muchachas lijando y pintando porque tenían que entregar un pedido hoy (lunes), yo las saludé y seguí. En la otra cuadra estaban los niños barriendo y se iban a poner a pintar los postes de la luz para tenerlos bien bonitos para las Velitas. Todo era normal y la gente estaba muy contenta. Llegué a la carnicería cuando sentí una explosión, volteé a mirar y vi mucho humo, yo pensé que estaba mareada porque todo daba vueltas, cuando reaccioné era que las casas iban bajando arrasadas por la tierra y las iba desapareciendo.

Salí corriendo como una loca calle abajo gritando. Llegué hasta donde estaba la ramada donde pintábamos y todavía estaba ahí. Yo los llamaba, “Diana, Andrés” un muchacho me gritó “salgase de ahí que viene el derrumbe”, corrí y de una desapareció. Entonces en medio del pánico salí a buscar una pala y empezamos a excavar tratando de ayudarlos, pero nada. Toda la gente corría, gritaba, esto fue horrible. Era un caos total.

La Policía llegó rápido y después los Bomberos y la Defensa Civil. Muchos vecinos querían ayudar, pero les daba miedo meterse a la zona porque de pronto seguía cayendo tierra. No se oían sino los gritos. Todos llamando a las personas por su nombre con la esperanza de que respondieran para uno saber que estaban vivos. Muchos vecinos sí se metieron a tratar de rescatar a las víctimas. Yo ayudé hasta las 12 de la noche, a esa hora ya había mucha gente colaborando; después me fui para el albergue que habilitaron para nosotros aquí a una cuadra, nos dieron comida y dormimos en colchonetas. Gracias a Dios no nos faltó nada. Esta mañana nos dieron desayuno, pero la verdad, a uno ni hambre le da por tanta preocupación.

Desde temprano me vine para la zona del desastre, pero no me han dejado ayudar. Esto ha sido muy doloroso. Uno nunca se imagina que pueda pasar una cosa de estas. El padrastro de Andrés se salvó también porque estaba en una esquina tomando cerveza. Él llamó a la familia al Quindío y ya salieron para acá. Los estoy esperando, pero no me imagino la tristeza.

Yo veo todo esto y me parece mentira, si no hubiera salido por la carne me hubiera tapado también el derrumbe. Toda la alegría que había ayer se volvió tristeza, ya no hay Navidad para nosotros. Hasta anoche yo tenía la esperanza de encontrar a alguno de ellos vivo, pero ya perdí la fe, con tanta tierra que cayó, es imposible.

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