23 Dec 2011 - 7:35 p. m.

La tregua

Vuelve la tregua de la Navidad. Cada 365 días, las gentes se humanizan. Los países en guerra silencian sus cañones. El soldado escribe cartas. Restaura, en torno de él, dentro de él, todas las nociones perdidas.

Lucio Duzán (Diciembre de 1966)

¿Qué es, en definitiva, la guerra? ¿En qué se diferencia de la paz? La cercanía de la Navidad desarma los espíritus. En las ciudades, en las aldeas, se convive con una finalidad: rehacer todo aquello que se dispersó, todo cuanto el tiempo pareció sumergir en el olvido. O mostrar aquello que pudo preservarse, a pesar de la contingencia y de la dificultad. Por esa tradición que la envuelve, por las circunstancias y contradicciones que expresan, la Navidad dista mucho de ser una celebración grata. En ella está siempre presente el regreso a lo que transitoriamente se cancela. Se alimenta de la nostalgia, la perplejidad. De que se disfrute con ella una tregua. No existe un acuerdo previo para que de la Navidad quede algo, cuando termina cronológicamente. La costumbre de desarmarse es igual a la costumbre de armarse, de buscar una prioridad, de luchar por la supremacía a costa de reducir todo cuanto se oponga a ella. La imagen universal de esta Navidad es el soldado en Vietnam, que da la espalda al frente en la confianza de que una bala no le perforará el cráneo. Pero en la certeza de que su abandono es apenas una apuesta de horas en la empresa permanente de continuar sobreviviendo.


Lucio Duzán


Su nombre era Jesús María Galvis Martínez, pero adoptó este seudónimo que lo hizo conocido. Nació en Villa del Rosario (Norte de Santander) en 1914. Comenzó a escribir a los 16 años. Publicista, viajero, humorista, lector infatigable. No hubo tema, personaje o acontecimiento de su tiempo que no abordara con ingenio en su columna ‘Hora Cero’ del periódico ‘El Espectador’. Fue miembro del Círculo de Periodistas de Bogotá. Murió en octubre de 1976.

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