10 Aug 2011 - 11:00 p. m.

La última frontera del trasplante

Pese a los recientes éxitos quirúrgicos, entre ellos el trasplante de piernas dirigido por el español Pedro Cavadas, ¿cuál es el límite?

Jaime Prats / El País

¿Cuál será el próximo alarde quirúrgico? ¿El reemplazo de útero, de ojos? ¿Dejará el trasplante de cerebro de ser una fantasía literaria como ha sucedido ya con el de cara?

Los especialistas apuntan a que el futuro pasa por la fabricación de órganos a partir de biomateriales y el empleo de células madre del propio paciente que esquivarían los problemas de rechazo —uno de los grandes inconvenientes de esta técnica— y la escasez de donaciones. El trasplante convencional (extraer tejidos u órganos de una persona para injertarlos en otra) podría está llegando al final de su recorrido por limitaciones técnicas (se desconoce cómo reconectar secciones del sistema nervioso central) y éticas.

Un ejemplo de este último caso es el polémico trasplante de útero. Técnicamente es posible y no supondría mucha mayor dificultad que el de riñón. Pero ¿vale la pena en términos de costo-beneficio? El equipo del Hospital Universitario Sahlgrenska de Gotemburgo (Suecia), que está trabajando en ello para principios de 2012, sostiene que sí. La paciente, Sara Ottson, de 25 años, padece el síndrome Rokitanski-Küster-Hauser, que implica nacer sin útero y sin algunas partes de la vagina. Sara quiere tener un hijo y lo hará gracias a su madre, Eva Olson, de 56 años, que será la donante y que le prestará el órgano en el que la receptora fue gestada. Éste es, sin embargo, el menor de los debates éticos que plantea la intervención. “Como madre me han planteado todas estas preguntas. Es la única forma en la que mi hija podría tener un bebé”, respondió Eva a la BBC en una entrevista.

La cuestión de fondo es si el hecho de que Sara pueda tener un hijo compensa todos los riesgos a los que se exponen madre e hija. Es decir, una intervención previa de unas tres horas para extraer el órgano de la madre (con todos los peligros que ello supone), seguida de una compleja operación de implante de otras tres horas con la reconexión de los dos largos vasos sanguíneos que alimentan el órgano. Además, se desconoce si el útero en su nueva ubicación puede ser completamente funcional.

El responsable de la ONT, Rafael Matesanz, el organismo encargado de conceder la autorización en España, cree que este caso es un ejemplo de que no todo lo que técnicamente puede hacerse, debe hacerse. Matesanz destaca que para ser madre hay alternativas útiles que van desde la maternidad subrogada (los llamados vientres de alquiler) hasta la adopción. Además, insiste en que el útero no es un órgano vital como pueda ser un corazón, un pulmón o un hígado. Es cierto que tampoco lo son unas piernas, un brazo o una cara. Sin embargo, en estos casos sí existía un saldo positivo en la relación costo-beneficio. “Si faltan dos brazos el grado de discapacidad es enorme, no puedes comer, abrir una puerta... en estos casos merece la pena pasar por una operación compleja, la inmunosupresión y una larga rehabilitación, porque aportas autonomía a la persona y se mejora sustancialmente su calidad de vida”.

Tras el primer trasplante de córnea (1905) llegaron décadas más tarde el de riñón (1954) y el de corazón (1967). Entre otros, esta técnica se aplica también en la piel, pulmón, hígado, hueso, páncreas y colon. En el área ocular se ha logrado resolver con éxito el trasplante de limbo corneal o de glándulas lacrimales. Sin embargo, la medicina aún no es capaz de hacer frente a un trasplante de ojos, por ejemplo. Para trasplantar un globo ocular e injertarlo en el donante haría falta cortar el nervio óptico, el cable que transmite la visión al cerebro. “Pero una vez seccionado, no sabemos cómo regenerarlo”, apunta Matesanz. Por este motivo tampoco sería posible trasplantar un cerebro.

Existe una primera experiencia de éxito. A principios de junio, cirujanos del hospital Karolinska de Estocolmo (Suecia) trasplantaron a un enfermo con cáncer de 36 años una tráquea sintética. Básicamente, se trata de un tubo (un compuesto polimérico) poroso colonizado por células madre que es una réplica perfecta de la tráquea original del paciente y que se tarda pocos días en confeccionar.

En el horizonte final está la posibilidad de crear órganos de repuesto para sustituir corazones, pulmones o hígados enfermos sólo con células madre, aprovechando su extraordinaria capacidad de proliferación y diferenciación. Pero aún quedan muchos obstáculos que salvar.

 

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