16 Dec 2011 - 9:47 p. m.

Las científicas colombianas son invisibles

Luego de reconocer las desigualdades educativas y laborales entre mujeres y hombres en la actividad científica, un grupo de académicas creó la Red de Mujeres en Ciencia.

Lisbeth Fog

Invisibles no significa que no existan, sino que están pero no se ven. En Colombia, el 37% de los científicos activos son mujeres, cifra que si bien es baja, no lo es tanto si se compara con países asiáticos, donde sólo el 15% de sus investigadores son mujeres, o con África, donde la relación es de 3 mujeres por cada 10 científicos.

Lo que quisieron llamar la atención las organizadoras del Primer Simposio Mujer y Ciencia en Colombia es que, además de ser menos, las condiciones laborales no son equitativas —las mujeres reciben sueldos inferiores y no suelen tener cargos de liderazgo— y la deserción es mayor, a medida que sube el nivel de educación: aunque se gradúan más mujeres que hombres de la educación media y universitaria en pregrado, la situación se invierte en los estudios de posgrado.

“La ciencia es muy competitiva y la productividad se mide en términos de publicaciones, proyectos, presentaciones. Si yo saco tiempo para criar a un niño, automáticamente significa menos tiempo para producir”, dijo Marcela Camacho, PhD del departamento de biología de la Universidad Nacional de Colombia y presidenta del evento. “Hay una serie de evidencias que vale la pena que nos sentemos a reflexionar”.

Las cifras correspondientes a 2009 presentadas por Sandra Daza, del Observatorio de Ciencia y Tecnología, reafirmaron lo que se presentía: de cada cien graduados de pregrado, 57 son mujeres, pero la curva va hacia abajo y llega a 32 cuando se habla de doctorado. De cada diez grupos de investigación activos en el país, sólo tres son liderados por mujeres. Y los hombres con educación universitaria reciben un salario 13% más elevado que las mujeres, mientras que en el nivel de doctorado la cifra sube todavía más: 17%.

En el caso de la ingeniería la diferencia es más marcada. La relación de los estudiantes que entran a estudiar ingeniería eléctrica y electrónica es de 38 hombres por 2 mujeres, y en el nivel profesoral, “hay departamentos dominados por hombres”, según la ingeniera Alba Ávila, PhD de la Universidad de los Andes y organizadora del evento.

¿Explicaciones?

Daza explicó que para ser científico en Colombia las condiciones inevitablemente son diferentes para hombres y mujeres: “Tiene que ver con que el momento de realización de maestría y doctorado coincide con la maternidad y que hay sesgos ocultos en los procesos de selección, ya sea de entrada a los programas o de asignación de becas o estímulos”.

Pero, de acuerdo con las cifras, continuó, si bien la tasa de investigadores ha crecido y la diferencia en el número de hombres y de mujeres se ha mantenido, “lo que sí ha cambiado son los patrones de publicación: las mujeres hoy en día publican mucho más que hace 10 años, lo que quiere decir que están siendo más productivas”.

“Estamos publicando más para poder existir”, concluyó Marcela Camacho. Pero eso significa, siguiendo a Daza, que para llegar a ciertas posiciones la mujer “tiene que ser mucho más productiva y más activa que un hombre de su mismo nivel”.

La lección del simposio

Las organizadoras hacen un llamado a generar una cultura científica en el país donde las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres, así como a reconocer que sí hay desigualdades y que algunas de ellas son evitables. “¿Por qué ganamos menos teniendo las mismas calificaciones, las mismas competencias y el mismo puesto?”, se pregunta Camacho.

Entre los más de cien participantes que debatieron durante dos días —uno de cada diez era hombre—, se destacó el grupo de niñas del Gimnasio Los Portales, un colegio privado femenino, que reclamó falta de información. No saben de las oportunidades que existen y que se manifestaron durante las conferencias, entre las opciones de carreras profesionales no se menciona la de investigador y sugirieron que se les muestren historias de vida de científicas para conocer más en detalle sobre su quehacer.

Patricia Tovar, profesora asociada del Departamento de Antropología de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, quien trabaja por recuperar la historia de las mujeres de ciencia, dice que hay que reenseñar la historia de la ciencia y cambiar los currículos, porque son sexistas y excluyentes.

“Es muy importante replantearse qué es lo que se les está enseñando a las niñas en los colegios, porque ellas necesitan unos modelos en los cuales se puedan apoyar para pensar en lo que pueden hacer y hasta dónde es posible llegar; tenemos modelos para los niños, quienes crecen con posibilidades, mientras las niñas no tienen esos referentes”, dijo.

Ángela Camacho, del Comité de Mujeres Científicas de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, creado en abril de este año, propuso ampliar una base de datos de científicas colombianas, que recién ha iniciado, crear un premio a la mujer científica y generar políticas que beneficien la actividad femenina en la ciencia.

“No estamos partiendo de cero”, dijo Alba Ávila. Con el Simposio “quisimos informar, tener el contexto de lo que está pasando, escuchar las opiniones de todas, mirar iniciativas, ver los retos y definir las acciones”, explicó. “Ya nos conocemos, ahora el reto es empezar a trabajar juntas”.

Al final de la reunión los asistentes crearon la Red de Mujeres en Ciencia, nombraron como su presidenta encargada a Tania Pérez Bustos, PhD, investigadora del Departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Javeriana, y acordaron que el siguiente encuentro, el año entrante, estará a cargo de las universidades del Pacífico.

Las científicas colombianas empiezan a ser visibles.

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