21 Nov 2014 - 3:31 a. m.

Las mentiras detrás del ‘virus de la estupidez’

Las versiones que han circulado en distintos medios sobre el descubrimiento de este supuesto agente infeccioso no son más que una seguidilla de mentiras y desinformación.

Redacción Actualidad

Desde hace unos días varios medios internacionales han publicado una serie de artículos en los que aseguran que científicos de la Universidad de Nebreska y de la Universidad John Hopkins hicieron un descubrimiento asombroso: hallaron el virus de la estupidez. Después se salir a la luz, el tema se expandió por redes sociales y esta semana buena parte de las emisoras y periódicos nacionales (incluido este diario) decidieron replicar la información en sus portales web.

Pero, ¿qué tan cierto es el descubrimiento de este virus? ¿Tiene asidero científico esa seguidilla de publicaciones que están entre las más leídas y comentadas por los usuarios?

Es posible, como lo sugiere la revista Forbes en un artículo del 11 de noviembre, que esta noticia se haya vuelto viral debido a que algún medio (quizás la revista Newsweek) dio el primer paso al asociar la estupidez con un virus. Claro. Pero todos contribuimos a repetir tal disparate.

El artículo en cuestión apareció en verdad el pasado 27 de octubre en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS). En él se muestran los resultados de una investigación en la que un grupo de científicos encontró la presencia de un virus (el Chlorovirus ATCV-1, propio de las algas) en las gargantas del 43% de las personas examinadas. Según el estudio, se observó una relación entre la infección y el rendimiento en algunas pruebas cognitivas, como en el procesamiento de información visual.

Pero detrás de ese análisis hay algunos factores que vale la pena analizar. Por ejemplo: la muestra utilizada fue de tan solo 90 personas (una pequeñez en las investigaciones médicas) y, como dice en Forbes el virógolo David Sanders, de la Universidad de Purdue, genera algunas dudas el hecho de que la revista permita a los autores elegir a sus revisores. Aunque eso, a decir verdad, es lo de menos.

“Algo está mal aquí. No sé cómo se llevaron a cabo los experimentos. Son datos aleatorios que no constituyen una base real para sacar alguna conclusión”, comentaba Sanders.

En suma, lo que explica Sanders, es que los científicos trataron de asociar de alguna manera los problemas cognitivos al Chlorovirus, tratando de hallar a toda costa alguna correlación cuando en verdad no había una conexión consistente.

Sin embargo, más allá de cómo se hubiese realizado la investigación, hay otros elementos más trascendentales como la transformación de la información publicada en PNAS. El más importante es la lectura errónea que hizo Newsweek sobre los resultados: en su artículo dicen que el supuesto virus ataca el ADN humano y, por ende, como lo aseguraron los medios nacionales, afecta el coeficiente intelectual. Afirmación que jamás hicieron los investigadores.

Pero el error más significativo fue haber incluido la palabra “estupidez” y relacionarla intencionalmente con el virus, cuando los autores originales nunca utilizan el término en el texto.

Ahora, lo que sí resulta destacable del todo este embrollo es saber la manera como este agente infeccioso saltó de las algas a la especie humana. Eso, si no hubo una contaminación equivocada de las muestras que se tomaron de las gargantas de las personas examinadas. Ya en otra ocasión, por un error parecido, otros autores asociaron el virus XMRV con el síndrome de la fatiga crónica. El descuido quedó registrado en la una publicación del 12 de septiembre de 2012 en la revista Nature.

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