20 Jan 2010 - 10:40 p. m.

Logran reproducción de hipocampos

Diez años le ha tomado al investigador Álvaro Cabrera, de la U. Tadeo Lozano, descifrar los secretos de estos peculiares peces.

Redacción Vivir

Descifrar qué comen, cómo se reproducen, cuál es el lugar ideal para vivir, cómo sobreviven ha sido una larga y dispendiosa tarea para los biólogos que quieren evitar que los caballitos de mar pasen de la lista de especies en vías de extinción a la lista de especies que nunca más podremos volver a ver.

Hace unos 10 años, el investigador Álvaro Cabrera Rodríguez, del Museo del Mar de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, se enamoró de esas fascinantes criaturas marinas, que con su cabeza alargada, su barriga abultada y la cola en forma de caracol, cabalgan a sus anchas en las profundidades del mar. Desde entonces comenzó a investigar la manera de poner a salvo a los hipocampos.

En el Caribe colombiano habitan dos especies de caballitos: Hippocampus reidi e Hippocampus erectus. La contaminación, los depredadores y la pesca indiscriminada son algunas de las amenazas sobre ellos. Además de mascotas para acuarios, en países asiáticos los caballitos son apetecidos como condimento por sus supuestos poderes afrodisíacos. Cabrera y sus alumnos sabían que el futuro de estos peces dependía de lograr reproducirlos en cautiverio. No era una tarea nada sencilla.

Por un lado, son pocos los grupos de investigación en el mundo dedicados al tema y por lo tanto la información escasea. Por otro, los caballitos son una especie vulnerable, con hábitos alimenticios muy particulares y, por si fuera poco, una de las pocas en las que los machos están a cargo de incubar las crías y no las hembras, un detalle que complicaba aún más la tarea.

“Hasta hace unos pocos años se desconocía qué comían y cómo se reproducían”, recuerda Cabrera orgulloso de saber que hoy, en uno de los estanques del Acuario Mundo Marino, nadan de un lado para otro dos camadas de hipocampos nacidos en cautiverio y que ya cumplen entre cuatro y seis meses, en “excelentes condiciones nutricionales e iniciando su madurez sexual”.

Fue un trabajo de ensayo y error. Para alimentarlos fue necesario producir microalgas y zooplancton que tuvieran los nutrientes más apetecidos por los caballitos. También investigar los niveles óptimos de la calidad del agua. Los resultados tienen satisfechos a todos los que se han involucrado en el proyecto: la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, que aportó fondos.

Las tasas de sobrevivencia en el levante de los caballitos en el primer mes de desarrollo llega al 40%. “Es un resultado que nos anima a seguir trabajando”, comentó Cabrera. Reconoce que aún le falta recortar una diferencia si se compara con los logros de investigadores brasileños, que han reportado tasas de sobrevivencia del 60%. “El objetivo es aumentar ese porcentaje para obtener un mayor número de individuos”, explicó el experto.

Ahora que van por buen rumbo y podrán criar poblaciones más grandes de hipocampos, otra de las tareas por cumplir es investigar las enfermedades que acosan a las dos especies.

Cabrera cree que una vez conozcan todos los secretos de la reproducción de los hipocampos y logren generar dietas adecuadas que los mantengan saludables y alejados de las enfermedades, estarán listos para transmitir ese conocimiento a los empresarios que quieran comercializarlos. Esto no sólo crearía una nueva oportunidad de negocio sino que evitaría uno de los problemas que enfrentan los caballitos: la pesca indiscriminada y sin control.

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