21 Jul 2017 - 1:00 a. m.

Los árboles de Australia que reciben cartas

El gobierno de Melbourne se enteró de que la ciudad se volvería un cementerio de árboles en los próximos 20 años y, para solucionarlo, un equipo diseñó esta estrategia que ha sido un éxito internacional.

Camila Taborda

Las calles de Melbourne serían en 20 años un cementerio de árboles, jardines vacíos y restos de troncos marchitos. De no tener un plan, calculó el vicealcalde Arron Wood, la pérdida del 44 % de los árboles de la ciudad australiana sería desastrosa en el futuro.

Los 70.000 árboles que adornan los parques y las aceras, y los otros 20.000 ejemplares en las zonas privadas de la capital del estado de Victoria, se están muriendo. La causa es la sequía, la intensidad del calor en los veranos, la poca diversidad de especies, las restricciones del agua y el fin de sus vidas naturales.

Así que el gobierno se apropió del asunto y trazó durante dos años, en colaboración con interesados, académicos locales e internacionales, grupos de interés y la comunidad de Melbourne, la Estrategia de Bosque Urbano, para desarrollarla desde 2012 hasta 2032.

El Equipo Forestal Urbano, autor de la estrategia, fijó seis principios claves: “Adaptarse al cambio climático, mitigar los efectos de las islas de calor urbano, crear una ciudad sensible al agua, crear ecosistemas saludables, diseñar paisajes urbanos para la salud comunitaria, el bienestar y la habitabilidad, y posicionar a Melbourne como líder en silvicultura urbana”.

La urgencia ante la pérdida de los árboles era descuidar una fuente de microclimas permanente, porque la cubierta que ofrecen las copas de los árboles, conocida como dosel forestal, actúa como un estabilizador de la temperatura.

Además, las plantas son las encargadas de la evapotranspiración, proceso que consiste en transpirar el agua del suelo y concentrar el calor si hace frío o viceversa, como si se tratara de un acondicionador de aire natural. Incluso son expertas en manipular el movimiento del viento, al tiempo que absorben ciertos contaminantes del aire, como el CO2, causante del calentamiento global, y lo convierten en oxígeno.

Y con esta lista de necesidades, el Equipo Forestal Urbano se sentó a trabajar: ¿cómo construir un bosque que mejorara la salud de la vegetación, la humedad del suelo y la biodiversidad de Melbourne?

Primero identificaron cada árbol a través de una base de datos que reunía el estado de salud, la edad y la especie. El paso siguiente es aumentar en 40 % el dosel forestal para 2040 y luego invertir en la relación del bosque con los ciudadanos, pero la campaña que implementaron con la sensibilización está teniendo eco alrededor del mundo.

Tras completar la base de datos, Wood y su equipo le asignaron a cada árbol un código de identificación resumido en siete números personalizados con el fin de identificarlos en Urban Forest Visual, un mapa interactivo de acceso público en internet.

Con ese diseño, aseguró el vicealcalde, era útil que un correo electrónico los conectara con la comunidad. La idea original era que los vecinos de Melbourne pudieran enviar quejas y sugerencias por email, en el marco de la Estrategia de Bosque Urbano, pero la reacción fue inesperada.

Los correos empezaron a llegar desde Rusia, Hungría, Estados Unidos, Brasil, Dinamarca, Alemania y Hong Kong. Mensajes de cariño, de ánimo o agradecimiento que se fueron sumando en la bandeja de entrada de melbourneurbanforest@melbourne.vic.gov.au.

Se estima que desde 2013, cuando fue creado el correo electrónico, el Equipo Forestal Urbano ha recibido más de 4.000 mensajes y respondido cada uno de ellos firmando con el código de identificación del árbol remitente.

El más popular de ellos es un olmo de 13 metros de altura ubicado en la calle Punt Road, que cuenta con más de 70 años de edad y que ha recibido el mayor número de solicitudes.

La iniciativa ha movilizado a los habitantes australianos a través de jornadas de reforestación en las que se han plantado 12.000 árboles dentro del perímetro urbano en los últimos cuatro años.

De esta manera, la Estrategia de Bosque Urbano ha funcionado con éxito: compensando la pérdida de los ejemplares envejecidos y conservando la vida de los que adornarán por años esta obra verde de ciudad.

Una estrategia que viene al caso, pues Australia sufrió entre 1997 y 2009 una sequía récord, catalogada por la revista Scientific American como la peor de la historia. El problema es que las olas de calor siguen azotando al país oceánico, mientras la oferta arbórea disminuye y la poca diversidad amenaza la salud de los troncos más jóvenes.

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