21 Mar 2011 - 2:33 a. m.

Los hombres del desierto

Evocado como un factor determinante en el desarrollo de la sublevación en Libia, el papel de las tribus es un complejo entramado de tradiciones e intereses.

Ricardo Abdahllah

La explicación está en el paisaje. Los espacios vacíos del desierto obligan a largos desplazamientos en busca de oasis y a dar marcha atrás cuando ya no es posible avanzar. De ahí el aislamiento entre los grupos de nómadas, una de las razones por las que la idea de país no sólo no se desarrolló tan rápido como en Egipto o Túnez, sino que no se desarrolló nunca. Libia no fue nación antes de ser colonia italiana y tampoco lo fue después. Cuando Gadafi llegó al poder, derrocando al único rey de una dinastía sin legitimidad, lo hizo sobre un conjunto de tribus separadas por los desiertos y sabía que la mayor dificultad de su gobierno sería mantener en equilibrio las tensiones entre grupos que, como él mismo y a pesar del desarrollo urbano del país, seguían viviendo según el complejo sistema de lazos y lealtades del desierto.


Y nadie creía que esa unidad podría durar lo que duró. Cuarenta años en los que Libia alcanzó el más alto índice de desarrollo humano en África, el 53 en el mundo (Colombia ocupa el puesto 79) y la menor tasa de analfabetismo en el Magreb.


“Gadafi sabía que no había manera de romper con una organización social basada en lo tribal. En Libia no existían, y casi no existen aún, grupos sociales con un peso comparable al de la tribu. Él se jugó la estabilidad de su revolución con la creación del Consejo General del Pueblo, donde ningún grupo era dominante, e hizo lo mismo con el ejército. Su clave fue la mezcla para evitar la concentración de la influencia en un solo grupo”, dice Pierre Vermeren, historiador francés especialista en las sociedades del Magreb.


El Consejo General del Pueblo se convirtió en el instrumento a través del cual el líder libio canalizó durante décadas las concesiones y dividendos que debían mantener contentos a los líderes de las tribus. Si hay una señal de que a pesar de todo el coronel desconfiaba de esta unidad, fue que en muchos de los puestos de mayor responsabilidad política y militar siempre nombró a miembros de su propio clan: Los Gadaf, una de las 140 tribus que existen en el país, pequeña y de poca importancia política.


Algunas de ellas aún funcionan como tribus en el sentido más literal, sus miembros trabajan juntos, viven en los mismos barrios o poblados y no favorecen sino muy esporádicamente el matrimonio más allá de sus integrantes. En el caso de otras, los límites étnicos se han difuminado con el tiempo y tienen más importancia los lazos sociales y el reconocimiento entre sus miembros. Ese puede ser el caso de los Wana Farsha o incluso de los Warfala, que gozan de un poder importante en el este del país y donde se generaron varias insurrecciones contra el poder central, manejadas en su momento por los líderes. No es una casualidad que Bengasi, donde los Warfala son mayoría, se convirtiera en la capital simbólica de la revolución luego de que sus líderes estuvieran entre los primeros en declarar que Gadafi “no era más su hermano”.


Los códigos de las tribus implican que la voz de un líder equivale a una orden y por eso más que una guerra de territorio, la de Libia es una guerra de conquista de líderes tribales. Eso explica que en su primer discurso televisado, Gadafi se dirigiera prioritariamente a los jefes de tribus esperando recuperar la gobernabilidad del país.


Moussa al Koni, excónsul de Libia en Malí, es miembro de la tribu Touareg. Exiliado en París, como otros desertores del régimen, ha lanzado repetidamente llamados para que su pueblo se una a la revolución. Curiosamente su grito de guerra no parece haber sido escuchado y en su lugar ha recibido una serie de fuertes críticas de líderes Touareg de Malí, quienes lo acusan incluso de haberse beneficiado financieramente reclutando mercenarios antes del inicio de la revolución.


“Llegué a París con 6.000 euros en el bolsillo. Esas acusaciones las tenía listas Gadafi para desacreditar mi llamado”, dice en su defensa.


El papel de su etnia en la actual revolución sigue siendo controversial. Con una población históricamente nómada de cinco millones repartidos entre Níger, Burkina Faso, Argelia, Libia y Malí, los Touareg se han encontrado prisioneros entre fronteras que no reconocen, impuestas por países donde se sienten discriminados. Fue gracias a estos factores que Gadafi encontró en algunos de “los hombres azules del desierto” a aliados útiles para consolidar su poder en los límites de su país y desde el inicio de la revolución han circulado informaciones según las cuales la lealtad de los Touareg estaría siendo comprada en efectivo por enviados de Trípoli.


Para Al Koni, el riesgo es que cuando triunfe la revolución, un desenlace en el que confía, las víctimas de la represión busquen venganza contra esta etnia sólo porque algunos de sus miembros han apoyado a Gadafi “a título individual”.


“No creo que eso pase”, dice Vermeren. “La gente sabe que sólo unos pocos de los Touareg han trabajado como mercenarios y que no todos los mercenarios son Touareg. Además, es una tribu que en general está lejos de las grandes ciudades. Habría un peligro más grave para los inmigrantes negros del sur de África, pues atraídas por el dinero, muchas personas han cruzado la frontera sur para enrolarse como mercenarios y los miembros de las tribus Bèrberes, de las que los Touareg forman parte, estarán menos dispuestos a perdonar a gente de otra raza”, dice Vermeren.


No pasa los mismo con los soldados y mercenarios pro-Gadafi, que a medida que avanzan en el territorio antes en manos de los rebeldes, parecen dispuestos a vengarse de las tribus que retiraron su apoyo al coronel.


“Nunca fue un régimen de conciliación, así que las personas que han hablado en la televisión temen por su seguridad. Gadafi dará castigos ejemplares pues necesita salir del impasse y las razones económicas cuentan. Las informaciones dicen que cada mercenario recibe US$600 por día, a ese ritmo y con todos sus activos en el extranjero congelados, no podrá mantenerse por mucho tiempo”, dice Vermeren.


En ese escenario, según el académico, un bloqueo a la compra de petróleo libio podría ser el golpe fatal para el régimen. Más aún ahora que la tragedia de Japón ha desviado la atención de la comunidad internacional. “En todo caso, al enviar la fuerza aérea contra las ciudades rebeldes, Gadafi pasó por encima del Consejo del Pueblo y rompió los lazos con los líderes tribales. Sin su apoyo, y si logra mantenerse en el poder, de ahora en adelante tendrá que gobernar con el terror, concluye Vermeren.


Reacciones al ataque contra Libia


Laurent Teisseire


Portavoz del Ministerio de Defensa francés


La operación ha demostrado su eficacia. La presión contra la población civil se ha relajado y sobre el terreno no ha habido amenazas contra la población, por lo que la operación ha sido un éxito”.


Liam Fox


Ministro de Defensa inglés


“Espero que pasemos a una situación de comando y control de la OTAN, aunque no sea una misión de la OTAN”.


Trinidad Jiménez


Canciller española


“Son operaciones que van a ir en todo momento actuando en función de las necesidades y de cuáles sean las circunstancias que se vayan desarrollando. Desde luego no es una estimación en ningún caso a largo plazo”.


Amr Musa


Secretario general Liga Árabe


“Lo que está pasando en Libia dista del objetivo que consiste en imponer una zona de exclusión aérea y lo que nosotros queremos es la protección de los civiles y no bombardearlos”.


Catherine Ashton


Alta representante de la Unión Europea


“El coronel Gadafi tiene que tomar una decisión. Obedece de inmediato la resolución del Consejo de Seguridad o la comunidad internacional no tendrá más remedio que seguir actuando”.


Hugo Chávez


Presidente venezolano


“Nosotros repetimos nuestro mensaje desde Venezuela y la ALBA: exigimos que cese la agresión contra Libia y contra cualquier pueblo del mundo”.


Egipto aprueba reformas constitucionales


Unos catorce millones de egipcios le dijeron “sí” al referendo constitucional que ponía a consideración del pueblo una serie de reformas constitucionales que incluyen modificaciones en siete artículos y la eliminación de un octavo con el objetivo, entre otros, de limitar a dos los mandatos del presidente y de reducir los requisitos para ser candidato a la presidencia del país.


Los resultados de la jornada electoral generaron una ola de reacciones en el mundo político de Egipto. El líder opositor y fundador del partido Gad Ayman Nur sostuvo que “éstos deben ser aceptados porque son parte de la democracia”. En tanto, Wael Goneim, uno de los jóvenes que promovieron el cambio, aseguró: “En el futuro, Egipto nos impondrá el respeto de la opinión de la mayoría. Nuestro país es uno, hay que contener a todos y trabajar para un futuro mejor”.


 r_abdahllah@hotmail.com

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