31 Jul 2010 - 9:00 p. m.

“Los jóvenes viven en un autismo electrónico”

El padre Joaquín Sánchez habla sobre la educación superior en Colombia y los cambios en la juventud; además, celebra los 80 años de su  universidad en el país.

Mariana Suárez Rueda

Desde muy niño sabía que quería ser jesuita. A los 16 años se animó a entrar al seminario para ordenarse como sacerdote. Su mayor anhelo era ser educador, estar en un salón de clases, recorrer los pasillos de alguna universidad o colegio. Sin embargo, sabía que el voto de obediencia que había hecho cuando ingresó a la Compañía de Jesús sería el que marcaría su destino.

Algunos de sus compañeros eran enviados a trabajar a las poblaciones ubicadas cerca del río Magdalena, otros debían trasladarse al sur de Bolívar o a los caseríos de Altos de Cazucá, al sur de Bogotá, en donde el alimento que nunca faltaba era el espiritual. Pero gracias a sus estudios en educación y comunicación el padre Joaquín Sánchez siempre estuvo vinculado con la academia.

Durante 20 años fue decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Javeriana en Bogotá, luego dirigió los destinos del campus de la institución en Cali y hace tres regresó a la capital para posesionarse como rector. No ha sido una tarea fácil. Además de atender obligaciones de carácter administrativo, de celebrar sin falta todos los fines de semana la eucaristía en la casa que comparte con otros sacerdotes jesuitas, de atender a estudiantes, profesores y padres de familia, el teléfono de su despacho no para de sonar.

Ministros, altos ejecutivos, periodistas, abogados y hasta presidenciables lo llaman frecuentemente en busca de un consejo. A veces sólo quieren su visto bueno para contratar a alguien, en otras ocasiones buscan una opinión antes de tomar alguna decisión trascendental o hay quienes acuden a él para favores de carácter personal: que celebre un matrimonio, un bautizo o alguna ceremonia especial.

Por estos días, y a pesar de que la cantidad de trabajo sigue siendo la misma, el padre Joaquín Sánchez se ve más sonriente de lo habitual. La universidad está de fiesta. Hace 80 años fue restablecida luego de la expulsión de la Comunidad Jesuita de nuestro país. A lo largo del segundo semestre de este año se realizarán varios eventos para conmemorar la histórica fecha.

En el marco de esta celebración El Espectador se reunió con el padre Joaquín Sánchez para hablar del rumbo que está tomando la educación superior en Colombia, de las dificultades que enfrentan los egresados para conseguir un buen trabajo, de la obsesión por la tecnología de las nuevas generaciones, del balance de estos ocho años de gobierno, los escándalos de pederastia de la Iglesia y el futuro de los jesuitas en el país.

Con las dificultades que existen para acceder a la educación superior, ¿cree que en un país como el nuestro ir a la universidad es indispensable?

El mundo ha cambiado y debemos ver la universidad de una manera diferente; quizás estamos exponiendo a todos los estudiantes que terminan el bachillerato a ser doctores y eso hay que reevaluarlo. Hay que enfatizar en la calidad de la educación técnica y tecnológica para ofrecerles a los colombianos unos espacios diferentes de formación.

¿Hacia dónde van las universidades del siglo XXI?

La educación está sufriendo una trasformación muy importante. Las universidades deben internacionalizarse y responder a nuevas necesidades y campos económicos relacionados con la minería, el medio ambiente y los recursos naturales. Se debe fortalecer la innovación, la calidad de la educación y mejorar en la cobertura. Aunque el Gobierno ha hecho esfuerzos, falta mucho.

¿Es positivo el balance de estos ocho años de Gobierno?

Creo que se hizo un trabajo interesante al empezar a rescatar la formación técnica y tecnológica, y el Sena se convirtió en una de las experiencias más valiosas  y en un modelo internacional. Sin embargo, hay que formar a los jóvenes en otros campos distintos a los tradicionales como la gastronomía, el turismo o el deporte, porque es preocupante la cantidad de desempleados ilustrados que hay en el país.

¿A qué se refiere?

A que los estudiantes terminan con un título que los capacita como personas formadas, preparadas e ilustradas, pero no tienen empleo. Se formaron de médicos o de abogados y, sin embargo, están desempleados o tienen que hacer otras cosas, como manejar un taxi. No quiero decir que un taxista no pueda ser abogado, ojalá, pero es muy duro estudiar para algo y tener que hacer cualquier otra actividad para sobrevivir. Actualmente, son alrededor de 745 mil graduados, de los cuales 546 mil están trabajando, y hay cerca de 190 mil que no.

¿Cómo se puede resolver esta situación?

Desde la universidad es muy difícil. Cuando uno mira las cifras de egresados encuentra que cerca de 73% de los que terminan la educación profesional logran conseguir trabajo. Si tienen especialización, maestría o doctorado son un poco más. Antes los estudios generales de pregrado ayudaban más o menos a ubicar a la gente, hoy no es tan fácil. Y esa es una posible solución: que la universidad ofrezca más programas de posgrado y facilidades para cursarlos.

A lo largo de estos 40 años como educador, ¿siente que los jóvenes han cambiado mucho?

Sí, hay transformaciones muy profundas. Por un lado, se trata de una juventud dispuesta a asumir cambios con mayor facilidad. Hoy, por ejemplo, hay más estudiantes que quieren cursar carreras de arte o música, antes era muy difícil que en la casa los papás los dejaran hacerlo sin desacreditarlos. Los muchachos de ahora también son más transparentes, antes eran muy difíciles porque estaban en un sistema demasiado cerrado de formación. Pero al tener toda la tecnología a su disposición viven en una especie de autismo electrónico.

¿En qué sentido los afecta esas tecnologías?

Se meten como en una cápsula que los separa de la realidad. La tecnología los ha cautivado de tal manera que a veces los absorbe totalmente y si bien les da posibilidades de comunicarse con el entorno, los lleva a aislarse demasiado. Además, la pasión por estudiar ya no existe. Los jóvenes están más inmediatizados, quieren ver resultados sin esfuerzo. La derrota y la frustración los acaba muchas veces porque no tienen las herramientas para enfrentarlas debido a que viven en una sociedad que les facilita todo.

¿Cuál es la receta de la educación jesuita?

La calidad y que procuramos una formación integral de la persona. Para nosotros los estudiantes no son números ni códigos.

¿Qué reflexión hace de los escándalos de pederastia de la Iglesia?

Desafortunadamente han manchado la Iglesia y es muy doloroso saber que en casa tenemos personas enfermas. Lamentablemente estos son problemas que por estar involucrados los sacerdotes causan más escándalo, pero en realidad están presentes en toda la sociedad.

A pesar de episodios lamentables como estos, ¿cree que está garantizado el relevo generacional dentro de la Compañía de Jesús?

Absolutamente. Hay vocaciones y los jóvenes se siguen formando en el seminario.

Comparte: