5 Nov 2008 - 4:46 a. m.

Los retos del nuevo presidente

El camino del nuevo inquilino de la Casa Blanca será como una pesadilla de la que no será nada fácil salir. Por eso, expertos recomiendan  que comience por arreglar los problemas financieros.

Edwin Andrés Martínez/ Nueva York

El sucesor de George W. Bush no tendrá mucho tiempo para celebrar su triunfo, pues deberá enfrentar un panorama lleno de problemas. Y algunos de alta gravedad.

La enorme crisis económica, el desplome de los mercados, el desangre de los fondos federales, el crecimiento del desastre hipotecario, el aumento del desempleo, la guerra en Irak, el débil sistema de salud, la deuda nacional, la amenaza terrorista, el resquebrajado sistema migratorio y, sobre todo, la pérdida de la confianza de un pueblo en su gobierno, son algunos de los asuntos con los que el presidente número 44 de Estados Unidos deberá enfrentarse.

Por ello no resulta exagerado que muchos analistas políticos definan el camino del nuevo inquilino de la Casa Blanca como una pesadilla de la que no será nada fácil salir. “Hoy la gente está preocupada, escéptica e insatisfecha. Números récord muestran que el país va por el camino equivocado y en medio de semejante clima, la luna de miel del nuevo presidente pudiera ser tan frágil como un matrimonio a las tres de la mañana en Las Vegas”, asegura David Von Drehle, analista político de la revista Time, quien agrega que el nuevo mandatario norteamericano “tendrá que manejar el timón en medio de un tremendo remolino”.

La mayoría coincide en que el primer toro que el presidente debe agarrar por los cuernos, si quiere empezar a ver el sol, es el asunto económico. Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York y uno de los hombres más ricos del mundo, asegura que el nuevo jefe de Estado deberá crear una completa agenda en los primeros 100 días de su gobierno, en la que le dé importancia a la crisis económica. “Usted no puede abordar todos los asuntos importantes al mismo tiempo y la economía debe ser primero”, dijo.

Carol Barker, politóloga de la Universidad de Columbia y docente de la cátedra de Derechos Civiles del International Center of New York, asegura que un asunto vital en el que el mandatario deberá trabajar, es restaurar la confianza de la gente, a través de un paquete de reformas. “El nuevo presidente debe darle prioridad al tema económico. Es necesario crear estímulos con recortes en impuestos o rebajas para todos, excepto para quienes tengan mucho dinero”, dice la analista.

A pesar de ello, hay quienes aseguran que el problema más grande para el nuevo mandatario no tiene que ver sólo con el desastre que ya está sobre la mesa, sino con las limitaciones que tendrá que enfrentar para poder resolverlo.

Richard N. Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, le pronosticó al nuevo presidente lo que en su opinión será su principal dolor de cabeza: “Habrá días en los que usted se pregunte por qué trabajó tan fuerte para obtener este cargo”. Y agregó: “Este presidente hereda guerras, unas Fuerzas Armadas cansadas, una moneda débil, sustanciales sentimientos antiamericanos en todo el mundo, un déficit en el presupuesto federal”, y sentencia que “la campaña no preparó a la gente para los tiempos difíciles que vienen”.

Sally Henry, abogada y especialista en financieros de la firma Skadden, al igual que varios estudiosos, coincide en que el nuevo inquilino de la Casa Blanca tendrá en sus manos problemas tan serios como los que debió enfrentar Franklin Delano Roosevelt tras la crisis de 1929. “El reto para el nuevo presidente será convertir limones en limonada. Vamos a pasar por tiempos muy duros, pero vamos a recuperarnos”, dice.

Pero a su vez, no duda en afirmar que si no lo logra, las consecuencias serán desastrosas: “podríamos terminar en un punto donde los ricos se pongan contra los pobres, los ciudadanos contra los inmigrantes, los blancos contra los negros y esta crisis se extendería a todo el hemisferio”.

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