9 Jan 2009 - 11:00 p. m.

Manipulación de embriones reabre una vieja polémica

En Inglaterra nació la primera niña sin el gen de los cánceres de seno y de ovario. Mientras algunos se entusiasman con la noticia, críticos condenan el procedimiento por desechar embriones.   

Redacción Vivir

El hospital del University College de Londres anunció el viernes el nacimiento de la primera bebé libre del gen BRCA1, el principal factor desencadenante de los cánceres de seno y de ovario.

La noticia, que para muchos resultó alentadora porque refuerza la promesa de prevenir muchas otras enfermedades hereditarias, reabrió el debate sobre la manipulación genética y, una vez más, puso en evidencia la falta de consenso sobre las normas éticas y legales al respecto.

El cuerpo médico del hospital, que por políticas de privacidad decidió mantener en el anonimato las identidades tanto de la madre (de 27 años), como del padre y de la bebé, emitió un informe en el que especificaba cuáles fueron las directrices y las razones que rigieron el procedimiento.

Después de un análisis genético de los padres, los médicos determinaron que existía un riesgo bastante alto de que los hijos que engendrara la pareja heredaran la mutación del gen que predispone la aparición de los cánceres de mama y de ovario. Calcularon que el riesgo oscilaba entre el 50% y el 80%.

Por tales motivos, y en aras de evitar tal amenaza al bebé que planeaban tener, la pareja se sometió a un procedimiento de selección genética conocido como Diagnóstico Genético Preimplantatorio. Esta técnica consiste en extraer óvulos de la madre, recoger una muestra de semen del padre y realizar una múltiple fecundación in vitro.

Luego, se analizan las células de esos embriones para descartar los sanos (libres del gen asociado a una enfermedad, en este caso, el cáncer de seno) de los que cargan en su ADN la mutación. Una vez seleccionados los embriones sanos, un pequeño número de ellos (generalmente dos o tres) se implanta en el útero de la madre para que comience el proceso de gestación.

Alrededor de mil bebés han nacido hasta ahora por medio de este método de selección genética que, además del cáncer de mama, se aplica a enfermedades como la fibrosis cística o el Mal de Huntington (una enfermedad neurodegenerativa).

Lo que para muchos científicos es considerado como una conquista de la ciencia, para otros es un motivo de preocupación. Diana Torres, genetista del Instituto de Genética de la Universidad Javeriana, explica que este procedimiento es un proceso de selección casi macabro: “Se escogen los embriones que no representan riesgo de sufrir la enfermedad en el futuro, pero se descarta al resto, lo que prácticamente equivaldría a asesinar seres humanos”.

Del mismo modo, la doctora Torres señala que, en el caso específico del cáncer de seno, el hecho de que la mutación esté presente en el ADN no implica necesariamente el desarrollo de la enfermedad y sostiene que existen posibilidades médicas de diagnóstico temprano y terapias preventivas a las que los padres pueden recurrir si conocen su predisposición.

Aunque a ojos de algunos el método se perfile condenable, su aplicación no es ilegal. Sin embargo, para la Bioética sí se comete una falta grave pues, dentro de sus disposiciones, hablar de embriones es hablar de vida humana.

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