5 Nov 2008 - 4:00 p. m.

Más allá de la fe

El nuevo presidente de los EE.UU. deberá decidir entre las oportunidades que tendrá en el mundo y lo que sus votantes quieren. Tras su contundente victoria, el planeta entero espera que Barack Obama pueda enfrentar los grandes retos que comienzan a presentarse. Las expectativas son altas.

Juan Camilo Maldonado/ Enviado especialPhoenix, Arizona

El martes en la noche, parados en la calle frente a los televisores del Hotel Windham, en el centro de Phoenix, donde los seguidores de Barack Obama celebraban entre gritos y lágrimas el triunfo del candidato, una pareja de viejos afroamericanos, cogidos de la mano y recubiertos en todo tipo de botones, calcomanías y lemas de cambio y esperanza, observaban la transmisión del antológico discurso del nuevo presidente frente a las miles de personas que lo rodearon en Chicago.

“El camino por delante es largo; nuestra subida, escarpada”, lo escucharon decir firmemente. “Puede que no lleguemos allí en un año, puede que ni siquiera lleguemos allí en un período, pero nunca he tenido tanta esperanza como hoy de que llegaremos”.

La mujer se secaba con las manos las lágrimas, después de horas en que su esposo había tenido que tomarle la tensión, con su vida en suspenso por la incógnita de la victoria, que se definió a las 10:00 de la noche, cuando Obama fue declarado ganador en el definitivo estado de Ohio. “Ahora, —admitió la mujer con una sonrisa inagotable— mis hijos, mis nietos, tendrán un país diferente. Ahora puedo decirles que pueden ser lo que quieran, que pueden lograr lo que se proponen”.

Ese fue precisamente el mensaje que transmitió durante toda su campaña Barack Obama. Con su lema “Yes, we can” y su invitación al cambio, millones de personas en los Estados Unidos (65’000.0000 según los últimos resultados) y miles más en todo el mundo, aceptaron hacer parte de ese sueño. Pero luego de la euforia llega la calma y es aquí en donde el liderazgo del primer afroamericano que llega a la Casa Blanca se pondrá a prueba.

Él lo sabía y por eso en el discurso de la noche del martes en Chicago, Illinois, les bajó el tono a las expectativas diciendo que el cambio sería, pero lento.

Para Michael Shifter, analista de Diálogo Interamericano, la movida de Obama de empezar a bajar el tenor de las expectativas de sus seguidores, fue inteligente: “Su habilidad de anticipar una posible frustración es una medida de su olfato político y su destreza. En medio de esta crisis económica severa, es poco realista que se esperen rápidos y drásticos resultados”, explica el analista.

En su campaña prepararon durante las últimas semanas una cuidadosa estrategia para que los millones de seguidores que lo eligieron en las urnas empezaran a entender que el cambio no será tan fácil ni tan rápido como muchos lo estaban planteando.

La realidad hizo que el sueño aterrizara. Ni los políticos tradicionales, ni el gigantesco déficit dejado por la administración Bush (se calcula en un trillón de dólares); ni la amenaza terrorista, ni el inestable ambiente de la presencia de las tropas norteamericanas en Afganistán e Irak; ni la incógnita por el futuro de los presos en Guantánamo serán transformadas de la noche a la mañana.

Obama se encuentra hoy ante un reto complejo: debe bajarles la temperatura a las expectativas populares y lograr que sus electores entiendan que, como dijo en una entrevista radial esta semana, “los primeros cien días serán importantes, pero serán los primeros mil los que hagan la diferencia”.

Obama deberá evaluar no sólo la situación interna; también los grandes retos que a nivel internacional enfrenta. Varios países poco amigos de Estados Unidos también esperan que el nuevo presidente actúe. “Las expectativas son muchas, en Medio Oriente, en Francia, en Irán, en Venezuela, en Cuba, en casi todos los países en donde Estados Unidos tiene mala imagen, los dirigentes celebraron el triunfo de Obama. Eso es muy diciente”, señaló Nataly Schmidh, analista de la Universidad de Berkeley.

Con la mayoría en el Senado y en la Cámara, el nuevo presidente empieza con el viento a su favor. “Obama tendría que empezar a demostrar resultados, porque será ahora cuando cuente con el apoyo absoluto de ambas cámaras del Congreso”, explica Michael S. Rocca, experto en política norteamericana de la Universidad de Nuevo México.

Durante esta última semana, las palabras “cambio” y “esperanza”, se volvieron las más enunciadas, las más aclamadas, las más votadas en Estados Unidos. Pero del discurso inspirador que congregó a masas, a la realidad del gobierno en la Casa Blanca, hay un trecho cuya medida aún está por ser calculada. Por ahora, necesita que sus seguidores enfríen sus expectativas.

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