23 Dec 2011 - 7:36 p. m.

Más intimidad en esta Nochebuena

Una vez más, ya son bastantes, estoy ante la máquina para escribir las cuartillas que acompañarán el pesebre con el cual tradicionalmente se ilustra esta página.

Inés Gutiérrez de Montaña (Diciembre de 1972)

De nuevo tengo que expresar mi gratitud por los saludos y cariñosas manifestaciones recibidas de los amigos. Algunas sorprenden, porque fue un fugaz conocimiento, y sin embargo, en esta hora tienen un recuerdo para la periodista o la persona. Otros mensajes son la prueba de la fidelidad de la amistad, y es muy sensible carecer en absoluto de tiempo para responder uno por uno. Para todos, gracias, con los mejores deseos para la Navidad y el año de 1973.

Como siempre llegó una Nochebuena sin que la gente hubiera podido cumplir su propósito, formulado el año pasado, de madrugar a los preparativos y tener todo listo, pero la velocidad de los días, llenos de ocupaciones, “se la pueden” al empeño de que se llegue tranquilamente el 24 sin estar pensando en el regalo de fulano, en la tarjeta para los otros, en los juguetes para los sobrinos o lo que hay que obsequiarle a la secretaria.

Lo anterior sucede a la mayoría que llega cansada a la celebración que cayó domingo, complicando la situación a algunos o mejorándola, por ejemplo, a los comerciantes, porque tendrán abiertos sus negocios y hay más tiempo para comprar.

Espiritual y material

La humanidad ha mezclado, en muchas fiestas, lo espiritual con lo material. En la Nochebuena se reza la Novena, se asiste a la Misa de Gallo, se entonan villancicos; espiritualmente se revive el milagro de Belén y se pide al Niño paz y amor.

Pero también se desea exteriorizar el sentimiento religioso con adornos, luces de bengala, globos, y sentándose a la mesa para disfrutar de los platos tradicionales.

Los pobres pavos, cuyos dueños los han engordado con la debida anticipación, ven llegar el último día de su vida coincidiendo con la celebración del nacimiento del Niño Dios. Otro tanto sucede a pollos y lechonas, que son los animales más afectados con la fiesta, como los predilectos de quienes pueden comprarlos.

Las amas de casa que proyectan cenas navideñas refrescan sus conocimientos sobre cómo deben hacerse el clásico ajiaco, los tamales, el pavo relleno, la natilla, los buñuelos.

Las familias y los amigos se reúnen en torno de la mesa para compartir, y ojalá los pudientes se resuelvan a “recortar” un poco de lo suyo para facilitar a otros que nada tienen, el comer algo especial en esta Nochebuena.

Más intimidad

En el presente se nota una marcada tendencia a pasar la Nochebuena en la intimidad de la familia. Hubo una época en la cual se hacían muchas “cenas bailables”, pero esto se ha extinguido.

Las gentes actuales, tan envueltas en la agitación del diario vivir, prefieren reunirse con abuelos, hijos, nietos y tíos para rodear el pesebre, ir en grupo a la Misa de Gallo y luego abrir los regalos y cenar juntos.

Son muy pocos los niños que ahora creen en la venida del Niño Dios a dejar los juguetes y regalos durante su sueño. La realidad, que tienen tan a la vista, les ha mostrado que son los papás los que obsequian y no falta el muchachito de ocho años que escribió:

“Papi y mami:

Espero que sí lean esta carta, ya que el Niño Dios nunca lee todas las que le escriben los que sí creen el cuento. Para que les quede más fácil, ya que siempre dicen que no les alcanza el tiempo, les doy las direcciones en donde venden lo que quiero de Nochebuena. Como gané el año, espero que no recorten la lista”.

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