15 Jan 2009 - 11:00 p. m.

“Menos de 0,8 textos al año consultan los estudiantes”

Mientras la Unesco exige que cada niño tenga acceso a 10 libros, Moisés Melo, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, advierte que si en Colombia no se toman medidas se verá afectada la calidad de la educación.

Mariana Suárez Rueda

En medio de la polémica por las llamadas listas de útiles inútiles, que el Ministerio de Educación intenta eliminar con drásticas sanciones a los colegios, la Cámara Colombiana del Libro reveló un estudio que evidencia la falta de acceso a los textos escolares. Según esta investigación, un estudiante consulta 0,7 libros al año, una cifra escandalosa si se tiene en cuenta que la Unesco estableció que fueran 10 y que en Europa, EE.UU. e incluso en países de la región se está cumpliendo este requerimiento, que resulta fundamental para el mejoramiento de la calidad educativa.

El Espectador se reunió con Moisés Melo, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, (CCL), quien habló sobre las causas de este fenómeno, la campaña que lanzaron para concientizar a padres y maestros, y las medidas que está tomando el Gobierno para contrarrestar esta problemática.

¿Cómo surge la campaña “Estudiar sin textos es como jugar fútbol sin balón”?

En 1994 el consumo de textos escolares en Colombia era muy bajo, dos por estudiante. Pero el año pasado esa cifra llegó a 0,7 y para muchos niños éstos son los únicos libros con los que tienen relación durante toda su vida.

¿A quiénes está dirigida?

A los padres, que son quienes compran los textos; a los maestros, que deciden cuáles se utilizan, y a los funcionarios, que inciden en las decisiones con respecto a la educación. Lo que buscamos es concientizar a la sociedad de la necesidad de mejorar la calidad de la educación para ser competitivos internacionalmente.

¿Por qué se ha desvalorizado el texto escolar?

Hay varias razones. Una tiene que ver con la llegada de las nuevas tecnologías, que son importantes, pero que sin un texto guía lleva a la dispersión total de los estudiantes. Otra causa reside en el hecho de que algunos educadores decidieron que es mejor consultar varios libros y no ceñirse a uno solo y, finalmente, las listas de útiles inútiles han contribuido a que los colegios pidan pocos textos.

¿Influyó la baja lecturabilidad de los colombianos?


Nos estamos recuperando del bajón que tuvimos en los hábitos de lectura. Pero hay que tener en cuenta que en una cuarta parte de los hogares no hay libros y que los niños sólo se relacionan con éstos en el colegio.

¿Qué tan grave es esta problemática en Colombia?

Internacionalmente estamos muy mal, en los países desarrollados todos los niños tienen derecho y acceso a los textos escolares. En América Latina también hay casos exitosos, como el de México, Brasil y Chile, en donde hay sistemas públicos de compras y de dotación de libros.

¿Qué medidas se pueden tomar?

Ya se han creado algunas soluciones. Cartagena, por ejemplo, invirtió para este ciclo escolar $8.000 millones en dotación de textos escolares. Asimismo, el municipio de Sabaneta (Antioquia) aportó $500 millones y logró que cada niño tuviera acceso a dos textos por año. Por último, creo que hay que buscar formas para que la compra de los libros se pueda hacer a lo largo del año y no cuando las familias llegan de vacaciones y ya no cuentan con el dinero para comprar los textos y pagar la matrícula.

¿Prohibir los útiles inútiles contribuye a solucionar el problema?

Los textos han sido calificados como útiles y por eso estas listas han tenido un impacto negativo en su imagen. Personalmente, encuentro muy positiva la ley, ya que posibilitará una mayor comunicación de los padres con el colegio para la elección de los libros y esto a largo plazo tendrá un impacto positivo en la calidad de la educación.

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