13 Sep 2012 - 8:10 p. m.

Mi historia, su historia, el sueño del pibe

Para ser jugador de fútbol hay obstáculos en la marcha, sacrificios en el camino, amores y desamores. Para ser futbolista hay que renunciar, hay que imaginariamente firmar un contrato de limitaciones, un seguro de una vida inexistente.

Por Juanpa9213, colaborador de Soyperiodista.com

El zafó de la marca, recibió el esférico, se metió en el último cuarto casi cayendo, levantó la cabeza, preparó el derechazo, desenfundó un disparo que millones convirtieron en un solo grito, el grito del gol, el grito del sueño cumplido. El despertó, y ahora tan solo guarda las imágenes de ese sueño en la monotonía de la realidad, ellos poco se dan cuenta que están fuera de ella, que lograron llegar a la cima y que ahora, con los bolsillos llenos, entendieron que lo ganaron todo pero no les queda nada. 

Ese niño que jugó a ser Ronaldo, el que se imaginó como Cruyff, el que salía a lo Roberto Carlos, el que atajaba como Zamora, el que defendía como Rossi, el que humillaba como Garrincha, el del talento de Maradona; ese niño ya creció. Ahora es empleado en un banco, tuvo la suerte de pegar en los negocios, se metió de cabeza como vendedor de finca raíz, montó una tienda de ropa, es contador, o quizás, está desempleado.

Ellos viajan cada fin de semana, se hospedan en los mejores hoteles, ganan más dinero de lo normal, salen con las mujeres más bellas, se toman un Don Perignon en una pileta climatizada, tienen la fama que buscaron y aun así, la sonrisa no volvió a ser la misma.

Para ser jugador de fútbol hay obstáculos en la marcha, sacrificios en el camino, amores y desamores. Para ser futbolista hay que renunciar, hay que imaginariamente firmar un contrato de limitaciones, un seguro de una vida inexistente. Para soñar solo hay que respirar en el Atlantis de los deseos, evitar a toda costa que se corten las alas de la libertad. Para llegar al profesionalismo hay que pelear, vivir en una pensión mientras los amigos pasan parte de su infancia viendo caricaturas, jugando a las escondidas, armando rompecabezas; para llegar hay que luchar contra la envidia, ganarse el respeto de una institución, superar lesiones, recibir golpes, aprender a darlos. 

Para vivir en el mundo fútbol hay que entender las cosas que de pendejo se pasaban por encima, es decir, hay que sacar del ruedo el dinero y su influencia, hay que suponer que todos se quieren divertir en un deporte sano, que no existen manos oscuras, que los muertos no hablan, los ciegos no ven, el sol alumbra y los goles deslumbran.

Al final, y actuando como vocero de aquellos que no pudimos llegar, genera irritación cuando el jugador profesional no toma su postura, pierde la humildad, se enreda en problemas judiciales o termina por entregar su esfuerzo al dinero antes que a la felicidad. Para la actualidad, podemos analizar el fichaje del brasileño Givanildo Vieira de Souza, Hulk, portador de un talento que lo llevó a ser rumor de muchas voces. Se hablaba del Chelsea como su próxima parada, algunos lo relacionaban con el poderoso Real Madrid, en el Milán se aseguraba su pase, finalmente el ex futbolista del Porto se decidió por el mejor postor, la competencia poco importó, su futuro, una piscina de rublos en San Petersburgo. 

El Shanghai Shenhua se desligó de unos buenos números para que el técnico argentino, Sergio Batista, pudiera contar con Didier Drogba, quién cobra tan solo 314.000 dolares semanales, Nicolás Anelka que en su cuenta anual podrá contar con unos ocho millones de dolares y Gio Moreno por el cual se depositaron seis millones de euros, aun sin ningún tipo de aspiración más allá de zafar del promedio las tres estrellas ahora comparten vestuario, aunque por ahora, en China, no hay con qué pagarles las desorbitadas sumas.

El repudiable comportamiento de Teófilo Gutiérrez en la Argentina es una muestra de la inevitable realidad de una buena fuente de proyectos en cuanto a fútbol. Las villas, las comunas, los barrios aislados, el rodeo de la droga, de lo ilícito; de allí proceden una parte importante de los que ahora ganan millones y millones y aunque nos deslumbran con su talento, no dejan atrás esa sombra fría que no los deja crecer.

En Italia hay quienes siguen esmerados en apagar la vela del sueño del pibe. Con una acumulación irracional de dinero, se investigan por lo menos 36 partidos que habrían sido arreglados o en los que entrarían apuestas ilegales. Ya no se habla de la gaseosa, no se habla de quien se adueña del potrero, ni se apuesta el almuerzo; ahora hay tanto dinero de por medio como para alimentar un país devastado por la violencia de la que aquellos, en varias ocasiones, son participes.

Al Thani, jeque del PSG, se cansó de la sequia del equipo parisino y montó su propio negocio con números gruesos. El pasado verano se deshizo de unos 85 millones de dólares. Ahora, con la compra de Ibrahimovic , Thiago Silva y Lavezzi sus petrodólares suman más de 90 millones. Pero va por más, seguro no va a dejar que el magnate ruso Roman Abramovich lo supere en inversión, el dueño del Chelsea lleva 900 millones gastados en 9 años. Otro que deambula por la ruta de los títulos a punta de billetes es el actual campeón de la Premier League, Mansour bin Zayed Al-Nahyan, dueño del Manchester City que en cuatro años desembolso mil millones, nada más.

Así y todo, a veces nos convertimos en niños, los únicos números que nos importan son los del marcador final, la única moneda que interesa es la que define el sorteo inicial, el único sueño que se cumple es el de seguir viviendo en la pasión y seguir siendo uno de las miles de voces que gritan, GOL!

Por Juanpa9213, colaborador de Soyperiodista.com, desde Buenos Aires, Argentina.

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