28 Nov 2009 - 3:40 a. m.

Moñona de Colombia en Unasur

Evitó resolución en contra por acuerdo con EE.UU. y ganó terreno en propuesta de confianza mutua.

Redacción Política

Pese a la tensión desatada por su ausencia de la candente cumbre de países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el escalamiento de la controversia internacional por el acuerdo de cooperación militar recientemente suscrito con Estados Unidos, Colombia logró el viernes desactivar, gracias a la diplomacia, una resolución de condena que se abría paso en ese foro de naciones.

La decisión colombiana de enviar una representación meramente técnica a la cumbre de las 12 naciones, en vez de hacer presencia con sus más altos representantes diplomáticos, fue interpretada, tal y como estaba previsto, como una afrenta al proceso integracionista suramericano por parte de Venezuela, y protestada por otros de los asistentes, pero no alcanzó para que fuera consensuada la propuesta de Caracas en contra de Colombia.

En cambio Unasur aceptó, amparada en el principio de confianza mutua, la garantía que por escrito ofreció el canciller Jaime Bermúdez, de que el uso de siete bases militares colombianas por parte de Estados Unidos no será para agredir a los vecinos.

Mientras el canciller venezolano, Nicolás Maduro, arremetía contra el mindefensa colombiano, Gabriel Silva, por haber dicho que Colombia no busca guerras pero que está preparada para evitar cualquier agresión, las demás delegaciones destacaron la posibilidad de un diálogo directo entre el bloque regional y Estados Unidos sobre el tema y la propuesta de crear un banco de datos conjunto sobre el gasto militar y armas.

Estos avances demuestran que la diplomacia colombiana no se equivocó de estrategia cuando notificó que se abstenía de asistir a la cita. Con un ambiente tan tenso, los ánimos exacerbados y un asunto tan candente sobre la mesa, el escenario no ofrecía las garantías necesarias para que la delegación colombiana pudiera expresar su posición. Por el contrario, habría servido para agudizar reclamos personalizados como el de Maduro al ministro Silva (lo calificó de “francotirador, loco e irrespetuoso guerrerista”). Lo que quedó claro fue que Colombia no está en contra de Unasur, sino que se cuidó de evitar que las discusiones de alto nivel allí desarrolladas fueran reemplazadas por agravios y discusiones que a nada conducen.

Colombia tampoco dejó de ir a Unasur por miedo al debate. Lo hizo, entre otras cosas, porque se sienta sola y molesta ante la falta de respaldo de las demás naciones en el tema del controvertido acuerdo con EE.UU.

Las palabras del ministro de Defensa ecuatoriano, Javier Ponce —minutos antes de iniciarse la cumbre— justificaron aún más dicha postura. “Hay que dejar claro: el punto de partida no es el discurso del presidente Chávez, el punto de partida es el convenio de Estados Unidos con Colombia”, dijo Ponce.

Pensar que el gobierno de Álvaro Uribe le huye al debate internacional sobre el tema no tiene fundamento, a juzgar por las recientes decisiones de llevar el impasse con Venezuela a la ONU, la OEA y la Organización Mundial del Comercio. Y así parecieron entenderlo los signatarios de Unasur, al aceptar —otro hit de la Cancillería— una revisión de sus acuerdos militares y la tesis de que no habrá agresiones armadas desde Colombia. A todo esto ayudó también el gesto de publicar el acuerdo en la página de internet de la Cancillería.

Fue un acierto del Ministerio de Relaciones Exteriores, en cuyos pasillos no se niega que hubo equivocaciones en la presentación inicial del tema de las bases, al dejar que hiciera carrera la idea de que serían nuevas bases de Estados Unidos.

¿En qué pueden terminar los reclamos ante los otros foros multilaterales? No tienen mucho futuro. En la ONU no hay antecedentes de pronunciamientos sobre acuerdos militares; en la OEA hay mucha ambigüedad (dice el Gobierno) y en Unasur existe demasiada influencia ideológica y económica de Venezuela. Razones de peso para tomar lo del viernes como un triunfo de la diplomacia nacional.

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