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Mujeres, madres y ciudadanas

Rememorar su lucha por la reivindicación de sus derechos es la mejor excusa para homenajearlas hoy.

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Ricardo Ávila Palacios
10 de mayo de 2008 - 10:29 p. m.
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Durante muchos años la legislación en Colombia trató a las mujeres como un objeto más en el hogar y la sociedad, no eran sujetos de derecho y para la administración de sus bienes, la ley las equiparaba con los dementes y los menores de edad; al tiempo que las obligó (por medio del Decreto 1003 de 1939) a adoptar el apellido del marido, adicionándole al suyo la partícula ‘de’ como símbolo de pertenencia. 

Y es que el poder patriarcal en el ámbito jurídico era tan aplastante que el Código Penal de 1890 establecía que la mujer casada que cometiera adulterio podía ser privada de su libertad por el tiempo que deseara su marido, con tal de que no pasara de cuatro años; mientras que el hombre casado que incurriera en igual conducta tuvo un trato benigno.

El Código Civil de 1887 también sirve de espejo retrovisor para reflejar la condición femenina en una sociedad en que la mujer casada debía seguir el domicilio del marido y le debía obediencia a éste. También consagraba la denominada potestad marital, que era definida como el “conjunto de derechos que las leyes conceden al marido sobre la persona y bienes de la mujer”.

Obstáculos

Aunque parezca una contradicción, para la historiadora Aida Martínez “la primera ola de mujeres que en Colombia se interesaron por sus derechos civiles fueron muy escasas y eran vistas como aves raras. No recibieron respaldo de la gran masa femenina y fueron unas precursoras en contra de sus mismas congéneres. No había entre la comunidad femenina de las décadas del 20 y 30 un clamor, ni una petición por mayores derechos. Por eso fueron pocas las mujeres, como María Cano, las que lucharon por sus derechos al trabajo y unos salarios equiparables a los de los varones”.

Primeros logros

Entre esas vanguardistas, la historia reseña a Betsabé Espinosa, quien el 14 de febrero de 1920 lideró con éxito la primera huelga de obreras en la Fábrica de Hilados y Tejidos de Bello, Antioquia.

La ganancia de esta protesta: 40 por ciento de incremento salarial, una jornada laboral diaria de 9 horas y 50 minutos, el suministro de ropa de trabajo y el fin del acoso sexual de parte de sus jefes.

A ese antecedente le siguió el primer manifiesto por los derechos de la mujer indígena, firmado por 14 mil aborígenes, que en uno de sus apartes decía: “(…) hoy tenemos el coraje, nosotras, las indias colombianas, que firmamos este documento, y unidas como una bandada de águilas furiosas, lucharemos nosotras mismas por la recuperación de nuestros derechos (…)”.

Otra mujer de avanzada en esos tiempos difíciles fue Ofelia Uribe de Acosta, una feminista vallecaucana que en 1930


propuso reformar el régimen de capitulaciones matrimoniales para que la mujer casada administrara sus propios bienes y se le concediera plena capacidad civil para representarse a sí misma.

 Su revolucionaria iniciativa obtuvo frutos dos años después con la expedición de la Ley 28 de 1932 en el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (1930-1934).

Voto femenino

Ofelia Uribe también ayudó a abrir el camino para que veinte años después sus congéneres pudieran gozar del derecho al voto, que se hizo realidad el 25 de agosto de 1954, cuando en el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, la Asamblea Nacional Constituyente (Anac)  aprobó el voto femenino. El primero de diciembre de 1957, ellas materializaron en las urnas esa preciada conquista, durante el plebiscito convocado para darle luz verde a las reformas legislativas propuestas por esa administración.

Esmeralda Arboleda de Uribe, en representación del Partido Liberal, y la conservadora Josefina Valencia de Hubach fueron designadas por el gobierno de Rojas Pinilla como las únicas mujeres integrantes de la Anac, donde ambas libraron una intensa batalla para lograr el reconocimiento del sufragio a las mujeres.

Ellas presentaron el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres, que fue aprobado por la plenaria de la Anac.

A partir de ese momento histórico, las mujeres son plenas ciudadanas con derecho a cédula, a votar, a elegir y a ser elegidas.

Sergio Uribe Arboleda, hijo de la líder feminista y actual vicepresidente de la junta directiva del Banco de Bogotá, recuerda que “en la dictadura de Rojas Pinilla le hicieron a mi madre un atentado en Cali. Pretendían secuestrarla y luego matarla por su fuerte oposición al gobierno. Nos fuimos al exilio en Boston (EE.UU.)”.

Con la caída del régimen, madre e hijo retornaron a Colombia “y Esmeralda Arboleda jugó un papel de liderazgo en la convocatoria a las mujeres para que votaran en el plebiscito que instauró el Frente Nacional. La movilización fue importantísima y bipartidista, porque era la primera vez que las mujeres podían votar en Colombia ”.

 Fue tal la pasión que despertó la jornada electoral,  “que de los 4,4 millones de votos emitidos, cerca del 42% fueron de mujeres. En marzo siguiente, Esmeralda fue elegida como la primera mujer senadora en la historia de Colombia. Hace exactamente 50 años”, relata Sergio Uribe Arboleda.

Este hombre, que a los cuatro vientos grita su orgullo por ser hijo de la mujer que encarnó el feminismo en la primera mitad del siglo veinte en Colombia, destaca que la lucha de su madre por la igualdad de las mujeres “nunca fue confrontacional. Por el contrario, quería hacerles entender a todos, incluyendo a las mujeres, que no se trataba de quitarles nada a los hombres, sino de resarcir una injusticia milenaria”.

Pese a los logros, la directora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, María Emma Wills, cree que “Colombia tiene una deuda con las madres víctimas del conflicto interno, con las madres de desaparecidos y secuestrados, con aquellas que han presenciado cómo los ‘paras’ violan a sus hijas y en algunos casos torturan genitalmente. Por eso, las que hemos vivido protegidas relativamente del conflicto, no podemos ocultar su tristeza por celebrar el día de las madres urbanas”.

Por Ricardo Ávila Palacios

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