8 May 2010 - 9:00 p. m.

Odisea en el techo del mundo

Los expedicionarios colombianos esperan en un poblado llamado Dingboche a que el clima les abra una ventana para atacar la cumbre. El plan por ahora es tener paciencia.

Juan Pablo Ruiz Soto / Especial para El Espectador Nepal

La Expedición Epopeya Everest sin límites 2010 se ha convertido en un hecho diferente que genera simpatía y respeto entre la comunidad de montañistas que en esta temporada intentan la cumbre del Everest.

Recorrer un camino muy visitado, como es la vía que conduce a la cumbre del Everest por su costado sur, se ha convertido en un hecho novedoso, no sólo para nosotros miembros del Equipo Everest-Lobuche, que desde hace varios meses planeamos esta expedición, sino también para el grupo de sherpas que nos apoyan. El propósito de apoyar el sueño de Nelson Cardona (Piqui), quien con su prótesis pretende alcanzar la cima del monte Everest, es algo que nos une y nos hace fuertes.

Una difícil decisión

En 2006 la cima del Everest parecía estar al alcance de Piqui, pues fue seleccionado para intentar, junto con otros dos compatriotas, ser los primeros colombianos que sin uso de oxígeno suplementario, intentarían en 2007 alcanzar los 8.848 metros de la cumbre del Everest. Finalizando 2006, en una de las múltiples actividades de preparación, Piqui tuvo un accidente que no sólo le impidió formar parte del equipo que en 2007 logró la meta propuesta, sino que meses mas tarde debió tomar la determinación de amputar su pierna derecha para poder retomar sus actividades deportivas.

En el propósito de construir la opción de ascender el Everest, Piqui y Epopeya Ltda. una empresa de desarrollo humano, iniciaron la convocatoria a varios empresarios para buscar la financiación de la iniciativa. En 2009 Piqui fue invitado para liderar una expedición de soldados colombianos amputados por efecto de minas antipersonales, y varios de ellos, bajo su dirección, alcanzaron la cima del monte Aconcagua, a 6.962 metros de altura, en enero de ese año.

Empresarios y deportistas continuaron la búsqueda de recursos financieros, mientras todos se preparaban para participar de la expedición y ascender el Everest (8.848) unos, y el Lobuche (6.119) otros. Durante todo 2009 y parte de 2010, Piqui en Suesca (Cundinamarca) intensificó su preparación con mas de cuatro horas diarias de entrenamiento, siempre bajo la dirección y supervisión del Cirec (Centro Integral de Recuperación de Colombia).

Sueño hecho realidad

Pasaron los meses y las ideas se concretaron, se definió la financiación y la expedición se hizo realidad. Cinco expedicionarios (Rafael Ávila, Antonio Henao, Carolina Ahumada, Nelson Cardona y Juan Pablo Ruiz) marcharon en avanzada y desde principios del pasado mes de abril iniciaron el camino al Campamento Base (CB) del Everest. Se recorrieron a pie 56 km de aproximación por las laderas del Himalaya para ascender de 3.100 a 5.300 metros atravesando pequeños poblados sherpas, donde jóvenes y ancianos salían a comentar el paso del “mocho” que iba camino al CB del Everest.

Al llegar al CB nos reunimos con los sherpas miembros de nuestro equipo (dos porteadores de altura, un cocinero, dos ayudantes de cocina y un jefe de sherpas o Shirdar). Dorgi y Sambu son los dos sherpas de altura. El primero estuvo en el lamasterio de Tengbuche como aprendiz de monje durante seis años y luego resolvió retirarse para vivir una vida laica. Desde entonces ha sido sherpa de altura y ha logrado la cima del Everest cuatro veces, una vez el Makalu y una vez el Cho Oyu.

Su fortaleza es evidente y su voluntad de apoyo a la expedición se expresa en muchas de sus actitudes. En un regreso del C3 al C2 donde el último tramo de 40 minutos se puede hacer de manera más corta sobre una rimaya que cubre el glaciar, Dorgi tomó la iniciativa de llevar la prótesis de repuesto que tiene Piqui y que no tiene crampón, para que Piqui la pudiera usar en ese tramo y se ahorrase una media hora de camino.

Fue expresa su satisfacción cuando nos encontró antes de iniciar la rimaya. De nuestra parte, Piqui, quien tenía unas gafas oscuras adicionales, que protegen los ojos de la intensa luz que se refleja en la nieve, se las regaló a Dorgi, quien estaba usando unas gafas oscuras industriales que no protegen adecuadamente. El agradecimiento es mutuo y se están creando fuertes vínculos entre el grupo de escaladores y los dos sherpas que nos apoyan en la parte alta de la montaña.

Entre todos empezamos a definir la estrategia y el primer paso fue buscar escaleras y cuerdas para practicar el cruce de grietas y el ascenso por paredes verticales de hielo. La prótesis y su buen uso debían ratificar su idoneidad antes de enfrentar el ascenso por la Cascada de Hielo, donde son múltiples los seraks que se deben superar y las grietas que se deben atravesar.

¡Dos corazones!

A mediados de abril, durante los ascensos de la cascada de hielo, fueron muchos los sherpas y miembros de otras expediciones que al encontrarnos, nos saludaron con sorpresa y respeto, manifestándonos su apoyo y admiración.

Quizá el hecho más representativo fue cuando en nuestro segundo cruce de la cascada, un guía profesional que comandaba un grupo de cuatro expedicionarios norteamericanos que ascendían de manera muy lenta, al encontrarnos les dijo a sus clientes “ánimo, sigan subiendo, ¿no ven que este señor avanza de manera segura, a pesar de no tener una pierna?”, y uno de sus clientes le respondió “pero seguro que tiene dos corazones”.

El cliente casi acierta, Piqui, tiene un gran corazón, que además marcha a menos de 45 pulsaciones por minuto cuando está en reposo. Invitamos a los lectores a que verifiquen sus pulsaciones, para confirmar que el promedio está por encima de 60 pulsaciones por minuto. Esto significa que el corazón de Piqui bombea por pulsación una cantidad de sangre oxigenada mucho mayor que el promedio y esto es muy importante en la alta montaña, donde la falta de oxígeno en la sangre es un factor limitante.

A finales de abril logramos terminar nuestra etapa de aclimatación, pues de CB subimos a C1 para regresar a CB. Después de dos días de reposo, volvimos a C1 para seguir a C2, donde descansamos antes de visitar C3 para regresar a C2, tomar nuevas fuerzas y volver a C3, esta segunda vez para pasar la noche y luego al día siguiente subir hasta 7.400 metros y regresar a C2 para luego bajar a CB, finalizando así nuestra etapa de adaptación del organismo a la altura y a la menor presión atmosférica.

La montaña decide

Ahora estamos a 4.300 metros en un poblado llamado Dingboche, donde esperamos comer y dormir muy bien. Lo que define la fecha de nuestro intento de cumbre no es la fecha en que salgamos de Dingboche hacia el campamento base, sino cuando se abra la ventana para la cumbre, que esperamos sea entre el 15 y el 20 de mayo.

 Para nosotros, entre mas temprano sea, mejor, pues significara que menos expediciones estarán intentando cumbre simultáneamente y esto permite avanzar cada uno a su paso, sin ver interrumpida la marcha por la menor velocidad que algunos expedicionarios pueden tener cuando enfrentan pasos técnicos donde sólo se puede avanzar de uno en uno. Entonces no queda alternativa distinta a tener paciencia para identificar un buen momento para usar nuestras energías e intentar cumbre.

Dos intentos previos de Nelson Cardona

En 1997 Nelson Cardona intentó escalar el Everest. En aquel año ningún equipo logró la cima por la cara norte, pues el clima no lo permitió.

En 2001, cuando cuatro colombianos (Fernando González, Manuel Barrios, Marcelo  Arbeláez y Juan Pablo Ruiz) llegaron por primera vez a la cumbre del Everest, Nelson no estuvo en el grupo, pues tuvo que renunciar al intento. La causa: el sobreesfuerzo que había hecho previo a la expedición, cuando batió el récord nacional de atravesar el Parque Nacional de los Nevados, fijando un tiempo de 16 horas y 8 minutos.

Rampas de hielo, peligro bajo los pies

Lo que más ha impresionado a los expedicionarios colombianos, según el relato que divulgan a través de su página en internet (www.epopeyaeverestsinlimites2010.org), son las frecuentes rampas en hielo azul que exigen mucho cuidado para superarlas y que después de las nevadas se vuelven muy peligrosas, pues se generan avalanchas de placa.

Las malas noticias han rodeado este año a los escaladores que optaron por la ruta norte: “Una avalancha generada desde el collado norte ha arrastrado varios escaladores, cobrando la vida de un húngaro y herido a varios más”.

De acuerdo con lo que dicen en el diario de la expedición, “en la cara sur, una vez iniciaron las nevadas, todos los equipos se replegaron al Campamento Base. Incluso nuestros dos sherpas, que estaban montando el Campamento 4, decidieron bajar al Campamento Base y esperar mejores tiempos para acarrear los equipos”.

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