22 Dec 2008 - 11:00 p. m.

Papá de nuevos ratones

Un científico tolimense produjo una nueva cepa de ratones. Son de color negro y crecen en los laboratorios de la Universidad El Bosque en Bogotá.

Gloria Castrillón / Especial para El Espectador

Hace más de dos años, Jacid Palomino García se propuso estudiar los ratones que la Universidad El Bosque tenía en el campus para alimentar las serpientes que crecen en cautiverio en sus laboratorios y terminó creando una nueva cepa de ratones que busca reemplazar a la albina (los roedores blancos que usualmente utilizan los científicos), que cree se está agotando experimentalmente.

Acababa de llegar como profesor de genética y evolución, y siguiendo su tradición de investigador organizó el Laboratorio de Genética Fundamental y un grupo de investigación con 22 estudiantes de Biología al que llamó Rosalind Franklin, en honor a una científica estadounidense cuyos trabajos sirvieron de base para que los célebres doctores Watson y Crick ganaran el Nobel de Medicina en 1953, por haber diseñado el modelo helicoidal del ADN.

Palomino, quien venía de trabajar durante 35 años en la Universidad de Pamplona (España), donde participó en la creación de facultades y programas en las áreas de Ciencias Básicas y Salud, decidió abrir varias líneas de investigación en El Bosque. Una de ellas pretendía cruzar los ratones silvestres que llevaron desde una finca en Tenjo, Cundinamarca, para alimentar las serpientes, con roedores albinos (los tradicionales ratones blancos que suelen utilizar en los experimentos).

Apoyado en su semillero Rosalind Franklin diseñó un experimento sobre selección artificial que pretendía cruzar los dos tipos de roedor para estudiar genéticamente los diferentes fenotipos que se producen mediante cruzamientos consanguíneos. Los jóvenes investigadores, entre los que están su hijo Julián, Mayra Galindo, Alejandra Pineda y José Luis Suárez, fueron descartando algunos tipos hasta seleccionar el que mostraba mayor pigmentación.

El trabajo duró dos años y los cruzamientos llegaron a la generación 32 hasta conseguir la cepa azabache. “Mi objetivo era encontrar una cepa pura. Ya tenía referentes teóricos para buscarla, lo que hice fue diseñar la metodología”.


Tener una nueva cepa significa conseguir ratones con diferencias respecto a los que originaron el trabajo. En este caso los azabache presentan modificaciones en el color del pelaje, en las orejas y el hocico, los adultos, y en las patas, los recién nacidos. Sería una nueva raza de roedores. “La validación de estos resultados significarían una ganancia para la ciencia, porque el hecho de presentar una estructura genética nueva brinda la oportunidad de plantearse diferentes experimentos en medicina y biología molecular”, dice orgulloso Palomino.

 Para demostrar que se trata de una nueva cepa, el grupo de investigadores tiene que hacer exhaustivos trabajos a nivel molecular. Por su parte, Palomino prefiere no hablar de cuánto ha invertido la universidad en esta investigación, ni se aventura a dar una cifra sobre lo que costaría seguir adelante con su experimento. De lo que sí está seguro este biólogo de Playa Rica, Tolima, es que lo presentará a Colciencias para conseguir patrocinio externo.

Con 68 años de vida, Palomino, quien tiene maestría y estudios de doctorado en genética y bilogía molecular, asegura en tono pausado que quiere que los ciudadanos sepan que Colombia tiene científicos que, en la soledad de los laboratorios, producen investigaciones, crean nuevos conocimientos y que aportan al desarrollo del país.

Y sentencia como lo suelen hacer los científicos: “La cepa albina puede estarse agotando experimentalmente, por eso hay que renovar y producir cepas que nos den mayores posibilidades. Es como abrir una caja de Pandora”.

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