12 Aug 2011 - 10:00 p. m.

Para combatir la "muerte blanca"

Reducir consumo de sal podría salvar 8,5 millones de vidas en 10 años.

Redacción Vivir

La llaman la “muerte blanca”. No hay cifras precisas que señalen cuántas personas pierden la vida por males relacionados con el consumo excesivo de sal, pero sí existen cuentas que estiman que reducirlo un 15% podría salvar 8,5 millones de vidas en la próxima década. Al menos esa es la conclusión de un estudio realizado por el Programa de Sueño, Salud y Sociedad de la Universidad de Warwick (Inglaterra), que dirige el profesor italiano Francesco Cappuccio.

Una investigación similar, publicada recientemente por el New England Journal of Medicine, señala que el cuerpo necesita 2,4 gramos de sodio al día (equivalentes a una cucharadita), pero el promedio de consumo en Occidente —entre 10 y 12 gramos— supera con creces esa cifra.

 El profesor Cappuccio afirma que después de la reducción del consumo de tabaco, disminuir la sal en las comidas será el método más beneficioso y efectivo para mejorar la salud global. Y estas son sus cuentas: con sólo rebajar tres gramos de sal al día se podrían evitar 8.000 muertes por accidente cerebrovascular y 12.000 por cardiopatías coronarias al año en Inglaterra.

En Estados Unidos esta misma medida se traduciría en 120.000 casos menos de cardiopatía coronaria, 66.000 de accidentes cerebrovasculares y 99.000 de ataques al corazón. Incluso, se estima que se ahorrarían hasta US$24 mil millones anuales en atención de salud por estos males.

La “muerte blanca” también prendió las alarmas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estableció la meta de reducir en 5 gramos el consumo de sal por persona para 2025.

Este escenario plantea un cambio en los hábitos alimenticios individuales. Pero es insuficiente. La investigación de Cappuccio plantea que habitualmente la sal es incorporada en los alimentos en el momento de su fabricación, antes de ser puestos a la venta. De ahí que, asegura, “debe ser reconocida la gran responsabilidad de los fabricantes de alimentos en la contribución a disminuir la epidemia de enfermedades cardiovasculares”.

El cirujano cardiovascular Jaime Calderón, del Instituto del Corazón de Bucaramanga, cuenta que a este hábito se le llama “el asesino oculto” por su relación directa con la tensión arterial alta. “En Occidente culturalmente abusamos de la sal no sólo a la hora de comer, sino en el proceso de preparación de los alimentos. Así se ve, por ejemplo, en las galletas, el pan y cierto tipo de gaseosas”, dice Calderón. Muchos enlatados, carnes y bebidas energizantes también entran en este listado.

Así como la comunidad internacional se unió para luchar contra el tabaco, así como las legislaciones de algunos países han empezado a exigir el retiro de publicidad de cigarrillo y que en las cajetillas estén estampadas imágenes mostrando los posibles efectos, investigadores y expertos ya empiezan a exigir una campaña global en contra del consumo excesivo de sal. “Es clarísimo que se necesitan fuertes campañas. Ya hay acuerdos entre fundaciones e industrias de alimentos para limitar el uso de sodio”, dice Calderón. “La colaboración del mercado, la industria, la sociedad, los gobiernos, es fundamental”, resalta Cappuccio.

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