10 Dec 2010 - 10:56 p. m.

Pfizer, en líos por muertes en Nigeria

Los cables diplomáticos procedentes del país africano dejan mal parada a la multinacional por una conspiración para atajar la justicia.

Redacción Vivir

En 1996 una epidemia de meningitis bacteriana hacía estragos en la población de Kano, al norte de Nigeria. La peor del África Subsahariana. Más de 12.000 personas, especialmente niños, fallecieron por cuenta de las bacterias que llegaban hasta su sistema nervioso. Poco o nada podían hacer los médicos de los hospitales locales para detener las infecciones.

En aquel momento, la Organización Mundial de la Salud invitó a la multinacional farmacéutica Pfizer a trabajar juntos para controlar la epidemia. Los médicos de la empresa ofrecieron administrar trovafloxacin (un antibiótico de la familia de las quinolonas). La droga estaba en fase de experimentación, pero según sus promotores había sido probada en más de 5.000 personas. Al menos 100 niños recibieron dosis de “trovan”, como se conoce al medicamento en el argot médico.

Los resultados, sin embargo, no fueron los esperados. El remedio resultó peor que la enfermedad. Alhaji Garba Maisikeli, un veterano periodista nigeriano que había trabajado para el canal de televisión NTA y para la BBC, se levantó una mañana y cuando intentó despertar a uno de sus hijos, que había recibido trovan, no encontró respuesta: “No me respondió. No oía, no hablaba. Estaba como dormido, pero con los ojos abiertos”.

Once niños fallecieron por efectos adversos del medicamento y decenas más sufrieron secuelas neurológicas. Unos quedaron sordos o mudos, otros perdieron el control del movimiento, sufrieron retardo mental o dolores crónicos, entre otros síntomas.

Los rumores de lo ocurrido tomaron fuerza y la indignación entre la población fue creciendo. El periódico Washington Post asignó un grupo de periodistas al caso mientras los familiares de los pacientes comenzaban a reclamar justicia. Marchas y movilizaciones en Nigeria terminaron obligando al gobierno a entablar una demanda contra Pfizer.

Si no fuera por los cables diplomáticos provenientes de la embajada americana en Nigeria, y que esta semana salieron a la luz pública gracias a Wikileaks, la historia de lo que pasó en el país africano se habría contado de otra manera. Se habría dicho que el acuerdo de US$75 millones entre la empresa y el gobierno fue transparente y que todos quedaron satisfechos.

Pero la verdad parece ser otra. Una verdad un poco más turbia. El 20 de abril de 2009 los diplomáticos estadounidenses reportaron, tras una reunión con el responsable de Pfizer en Nigeria, Enrico Liggeri, que la empresa  contrató a detectives privados para investigar casos de corrupción en los que estaba involucrado el fiscal general, Michael Aondoakaa. La idea era presionarlo destapando ante la opinión pública algunos casos de corrupción en los que estuviera comprometido.

En el mismo telegrama se relata un encuentro del embajador Sanders con los abogados de la farmacéutica, Joe Petrosinelli y Atiba Adams, poco antes de la firma del acuerdo. Los abogados revelaron al embajador que la negociación estaba a punto y contemplaba pagar US$75 millones: “10 millones en costes legales, 30 millones para el gobierno del Estado de Kano, y 35 millones para quienes participaron y sus familias”. Un ex presidente de Nigeria, Yakubu Gowon, habría intercedido para que el fiscal rebajara la cifra de la negociación de US$150 millones a tan sólo US$75.

El Espectador intentó conocer la posición de la farmacéutica ante los cables revelados, pero hasta el cierre de la edición no había llegado una respuesta.

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