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24 Apr 2014 - 8:09 p. m.

¿Por qué es tan difícil aplastar moscas?

Cuando vuelan, las moscas reaccionan a amenazas inminentes como si fueran aviones de combate.

James Owen, NY Times

Cuando vuelan, las moscas reaccionan a amenazas inminentes como si fueran aviones de combate, ladeándose para alejarse en una fracción de segundo, de acuerdo con un estudio publicado el 10 de abril en la revista Science.

Demasiado rápidos para el intento de aplastarlos, estos insectos voladores aprovechan su fuerza aerodinámica en uno o dos aleteos para cambiar curso casi instantáneamente, descubrió el estudio con moscas de la fruta.

Efectivamente, esto pasa tan rápido (en menos de una centésima de segundo) que para capturarlo los científicos necesitaron tres cámaras de alta velocidad, cada una capaz de tomar 7,500 fotogramas por segundo.

No solo eso, sino que la maniobra de escape (en la que moscas de la fruta, Drosophila hydei, se lanzan en rotaciones de 90 grados o más y ocasionalmente vuelan al revés) es muy controlada y específica.

Eso es según Florian Muijres, coautor del estudio e investigador del Laboratorio Dickinson de la Universidad de Washington, en Seattle, donde se realizó la investigación.

Pequeñas diferencias en el batido de las alas generan la fuerza necesaria para que la mosca pueda cabecear y alabear súbitamente. Las diferencias deben ser muy precisas; de lo contrario, dice Muijres, “el animal se saldría de control constantemente”.

“Con base en la dirección de la inminente amenaza (ya sea desde atrás, por adelante o por el costado), las moscas realizan distinto tipo de maniobra de escape muy controlada”, afirma Muijres.

Moscas veloces

Eso contrasta con la táctica de escape de una mosca en reposo, tema previamente investigado en el Laboratorio Dickinson.

Desde posición de reposo, la mosca realiza un salto tempestuoso y sale dando tumbos en el aire usando las patas. “Apenas en la segunda fase toma control y comienza a batir las alas”, dice Muijres.

El nuevo estudio, que utilizó robots alados sumergidos en tanques de aceite mineral para entender mejor los veloces movimientos de las moscas, desafía investigaciones recientes que apuntan en cambio a que las moscas giran usando una maniobra de guiñada.

Una guiñada es lo que siente el conductor de un auto al girar el vehículo, que es más bien distinto al vigoroso movimiento que experimenta el piloto de un avión de combate al ladearse.

La guiñada (piruetas sobre un eje vertical) es una forma sensata en que insectos suspendidos cambian dirección, según Graham Taylor, profesor de biología matemática de la Universidad de Oxford, Reino Unido.

Para cambiar dirección en vuelo, empero, los insectos deben redireccionar su fuerza aerodinámica que crea la rotación necesaria para cambiar su dirección de vuelo, explica Taylor, quien no formó parte del nuevo estudio.

“Los aviones, los helicópteros y otros insectos se ladean para dirigir a un giro su vector de fuerza aerodinámica, por lo que el hecho de que la mosca de la fruta también lo haga realmente no sorprende”, explica.

Lo que sí sorprende, apunta Taylor, es la notable rapidez de la respuesta de escape, "y la sutileza de los cambios que hacen las moscas al batido de sus alas al girar.

“Las moscas están respondiendo a la aproximación de una amenaza en la mitad del tiempo que se requiere para empezar a pestañear en respuesta al flash de una cámara”, explica. “Y lo que tarda en completar el giro luego de eso es aún más rápido, así que están acelerando a fondo en una cincuentava parte lo que usted tarda es parpadear”, subraya.

Que las moscas puedan reaccionar tan rápido sugiere que están cableadas para ellos, con una neurona especial para tales emergencias de vuelo que va desde el cuerpo hasta las alas y los músculos.

Inspiración robótica

Entender el funcionamiento de este mecanismo de control en un animal con un cerebro tan diminuto y limitado como una mosca podría ayudar al desarrollo de minirobots aéreos que puedan encontrar su propia forma de esquivar obstáculos.

Similarmente, afirma Taylor, cambios en el batido de las alas de las moscas de la fruta, que el estudio midió usando los robots alados, podrían proveer información útil sobre control de vuelo para los diseñadores que trabajan en micro vehículos con alas.

Efectivamente, Muijres señala que la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda, a la que pertenece Johan Melis, un miembro del equipo, está involucrada en uno de estos proyectos: un vehículo volador autónomo tipo libélula que se llama DelFly.

¿Pero qué hay con respecto a intentar aplastar a la mosca real? ¿Simplemente debemos darnos por vencidos? Es difícil, dice Muijres, pero el estudio sí ofreció un consejo.

Si se le acerca por el costado, el insecto vuela directamente hacia el lado contrario, así que si mantiene la mano en esa misma dirección, podrá atraparla.

“Inténtelo”, agregó, “y déjeme saber qué pasó”.
 

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