25 Dec 2008 - 10:00 p. m.

Qué buen parche

Después de sobrevivir a un terrible accidente, un joven bogotano, de la mano con la presentadora de TV Adriana Eslava, trabaja en la consolidación de la Fundación Parchecitos.

Mariana Suárez Rueda

Tres meses antes de cumplir 24 años Willy Gómez, un joven abogado especializado en relaciones internacionales, sufrió un brutal accidente en la autopista norte en Bogotá, cuando regresaba a su casa, después de la despedida de Fin de Año de la empresa para la que trabajaba. No se había tomado un trago, pero esa madrugada el destino le tenía preparada una mala pasada, que con el tiempo se convirtió en un hermoso milagro que le cambió radicalmente su vida y le ha permitido ayudar a otros que, como él, han perdido una parte fundamental de su cuerpo, de la que se sentían más orgullosos: sus ojos.

Minutos después de que su carro se estrellara contra una mezcladora de cemento que estaba varada en la mitad de la vía sin ningún tipo de señalización, coincidencialmente pasó una ambulancia vacía. Los paramédicos intentaron sacarlo, pero estaba atrapado entre las latas de su carro, así que tuvieron que esperar por ayuda. Sorprendentemente llegó un policía cívico, que había sido compañero de Willy del colegio y que lo reconoció por una calcomanía que estaba pegada en el carro.

Rápidamente comenzó un operativo de rescate que duró cerca de una hora y media. Luego fue trasladado a la clínica Reina Sofía. El daño cerebral era bastante grave y el pronóstico de los médicos aterrador: 80% de probabilidades de morir y 20% de quedar en estado vegetal. Sus familiares y amigos comenzaron a perder las esperanzas. Después de que le fueran puestos los santos óleos, algunos de sus compañeros de colegio y de universidad más cercanos le llevaron una serenata para despedirlo. Cantaron emotivamente en la calle, bajo la ventana de cuidados intensivos en donde dormía Willy.

De repente una enfermera notó que comenzó a mover lentamente los pies al compás de la música. No lo podía creer. Un paciente que estaba al borde de la muerte había empezado a responder a estímulos. Los médicos lo calificaron como un milagro, pues a partir de ese momento inició su recuperación y pronto despertó del coma. Ahora debía enfrentar la noticia de la pérdida de su ojo derecho.

“Prefiero muerto que tuerto”, fue lo primero que dijo Willy cuando supo su nueva condición. Pero esa tarde recibió una visita que le devolvió las ilusiones de vivir. Al igual que él, Adriana Eslava, una reconocida presentadora de televisión, perdió su ojo derecho tres meses antes de cumplir 24 años a causa de un atentado, por eso luego de conocerlo lo bautizó “su clon”. Con voz firme Eslava le pidió que no peleara con Dios y que pensara que gracias a este accidente podría convertirse en un instrumento para otros. Y así fue.

Después de salir del hospital, de asistir a varias sesiones de terapia y de aprender a fabricar su propio parche (tiene un ojo de vidrio, pero por estética prefiere no enseñarlo), comenzó a ayudar a otros que habían corrido con su misma suerte. El primer caso que atendió fue el de un joven de 16 años de Manizales, que a los ocho años perdió uno de sus ojos y desde entonces no había vuelto a salir a la calle. “Mi labor es ayudarles a aceptar su situación”, cuenta Willy.

Al poco tiempo fue contactado por varios extranjeros que se enteraron de su historia a través de internet. A ellos no sólo les mandó un instructivo para que aprendieran a elaborar su parche, sino que los apoyó para que lograran volver a llevar una vida normal. Hoy, cinco años después del accidente, Willy, de la mano con Adriana Eslava, está dedicado a la constitución de la Fundación Parchecitos, mediante la cual buscan devolverles la ilusión a quienes las circunstancias los obligaron a ver el mundo de una manera diferente.

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