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Se subieron felices al avión dispuestos a divertirse, trasnochar, rumbear y beber durante toda una semana para despedir con ‘todos los juguetes’ su último año de colegio. Las playas, el ambiente festivo y acogedor de la isla de San Andrés junto con la tentadora posibilidad de consumir todos los tragos y cocteles que quisieran de forma ilimitada, proyectaban este viaje como la excursión perfecta.
No todos los estudiantes de la promoción 2008 del colegio San Carlos escogieron el mismo destino y el paseo, al igual que ha sucedido en años anteriores, no estaba patrocinado ni organizado por las directivas del plantel, quienes tienen como política no apoyar este tipo de eventos. Sin embargo, este grupo de jóvenes solicitó autorización de sus padres para no romper la tradición y poder celebrar la terminación del colegio y con él las madrugadas, entregas de notas y sanciones disciplinarias por llevar el pelo largo.
Su paseo de promoción, sin embargo, terminó en tragedia. Un estudiante murió luego de resbalar de uno de los balcones del hotel en el que se estaban hospedando. Ese día había ingerido licor. La noticia fue devastadora para su familia, amigos y profesores. Algunos compañeros recuerdan que la semana pasada, en el funeral, se respiraba un ambiente cargado de culpas, nostalgia y una enorme tristeza que se extendió a otros colegios del país que se solidarizaron con su dolor.
Ésta no es la primera vez que muere un adolescente en una excursión de grado once. El 28 de noviembre de 2006 dos alumnos del Manuela Beltrán se ahogaron en el mar de Cartagena. Era de noche, habían parrandeado todo el día y quisieron terminar de festejar en medio de las olas. De repente el nivel del agua subió sin que se dieran cuenta y los fue consumiendo en cuestión de segundos.
Sus padres exigían una respuesta de la agencia de viajes que organizó el paseo, mientras que las directivas del colegio intentaban explicarles que sus hijos se habían metido sin autorización, ignorando los avisos de mar de leva que había en la playa. Una historia similar a la que vivió un alumno del Anglo Colombiano hace algunos años.
Muchos estudiantes también han perdido la vida en la vía que conecta Cartagena con Santa Marta. Se iban manejando de un lugar a otro borrachos, luego de salir de alguna de las discotecas de moda. Otros corrieron con mejor suerte. Ese fue el caso de María, una joven de 17 años de un prestigioso colegio de Bogotá, quien viajó de excursión a San Andrés. Y un día, en medio de la prenda (borrachera), se metió a la piscina y comenzó a jugar a pararse de manos.
“Una amiga me pegó una patada en la cara y se me quedaron los braquets pegados a los labios. Tuvieron que llevarme al hospital y hacerme una pequeña intervención quirúrgica. Me mandaron antibióticos y me tiré la excursión porque no pude tomar más”, recuerda mientras cuenta desparpajada que aunque les contó a sus padres sobre el accidente, nunca mencionó que había ingerido licor.
Los accidentes también han ocurrido fuera del país. Punta Cana se volvió legendaria por la cantidad de Ron 151 que son capaces de consumir los estudiantes que viajan a este paradisiaco cabo, situado al este de República Dominicana. Varios se han caído ebrios del tren que da la vuelta al complejo hotelero y otros como Mauricio terminaron en la cama de un hospital intoxicados por la cantidad de alcohol que suministraron a su cuerpo.
Una segunda opción
A raíz de este tipo de incidentes, que se presentan todos los años, varios colegios de Bogotá y de algunas ciudades como Cali y Medellín, decidieron prohibir estos paseos. Es el caso del San Carlos, el Nueva Granada, el Anglo Colombiano y el Iragua, entre otros. Sin embargo, los estudiantes no estaban dispuestos a sacrificar esta tradición. Por eso, la mayoría de excursiones se organiza a través de asociaciones de padres de familia, que asumen la responsabilidad de lo que pueda suceder.
“El colegio nunca ha patrocinado excursiones para los alumnos de once. Y por el contrario, siempre ha invitado a padres y estudiantes a reflexionar sobre este tipo de actividades. Pero la institución respeta las decisiones de los padres en relación con sus hijos”, explica Jorge Enrique Celis, director de Estudios del colegio San Carlos.
Y en un tono sereno reflexiona: “Evitar accidentes con el licor es muy difícil, pues estamos en una sociedad permisiva y tolerante. Uno como colegio tiene una responsabilidad límite y de ahí en adelante los pelados están es en la casa”.
Para otros educadores el problema radica en los planes todo incluido que ofrecen las agencias de viaje, pues los estudiantes pueden ingerir licor ilimitadamente, lo que genera mayores riesgos. Por eso, varios planteles educativos, como el Gimnasio Moderno y el José Joaquín Casas, cancelaron este tipo de paseos y prefieren viajar a ciudades como Buenos Aires, El Cairo y Guatemala.
Al escoger estos destinos se puede preparar un cronograma que incluya city tours, visitas a lugares de interés, caminatas, salidas a esquiar o a montar en globo y noches de rumba, en las que no es exceden demasiado debido a que tienen que pagar su propio trago. Además, “se mantienen ocupados. Es el ocio el que los lleva a esa edad a hacer cosas como embrutecerse a punta de licor”, explica Jaime Enrique Leal, vicerrector del José Joaquín Casas.
Por su parte, Juan Mario Rojas, gerente de Aviatur Prom (oficina especializada en viajes estudiantiles), asegura que siempre han manejado planes todo incluido a destinos como Cancún, San Andrés y Cuba. “Como requisito para que los adolescentes viajen debe ir un adulto con ellos. Esa es la razón por la que regalamos un tiquete cada 20 pasajeros”.
Así mismo, Rojas advierte que a los menores de edad se les pone una manilla en los hoteles para que no puedan pedir ningún trago, los planes se venden con un seguro médico que cubre cualquier tipo de accidente y para los grupos de más de 20 estudiantes la empresa manda un guía profesional encargado de acompañarlos todo el tiempo.
Para algunas instituciones educativas, como el Iragua, esas medidas no son suficientes y por eso prefirieron cambiar el modelo de excursión por una actividad más cultural y académica que se realiza en Cartagena. Durante esta semana las alumnas también deben participar en laboratorios de agua dulce y salada, que exige el bachillerato internacional.
Adriana Álvarez, directora de Orientación del colegio y coordinadora de este viaje a la ciudad amurallada, aclara que el Iragua no apoya la excursión de once, debido a los incidentes que suceden y son los papás quienes las organizan por su cuenta. Sin embargo, conscientes de lo importante que es para los adolescentes despedir su vida escolar, el colegio optó por viajar todos los años a Cartagena, pero con un cronograma muy variado que incluye: un día de labor social, juegos de integración en la playa y una fiesta en el Hotel Las Américas.
Lo cierto es que ni padres ni educadores han logrado ponerse de acuerdo en la forma como se debe proceder con respecto al tema de las excursiones de once. Aunque las iniciativas de algunas instituciones de cambiar los destinos y programar actividades más deportivas y culturales han dado resultado, los accidentes siguen ocurriendo.
Por ahora, la soluciones apuntan a combatir el excesivo consumo de alcohol en los jóvenes. Precisamente, durante este mes Red Papaz, una organización que agrupa a padres de familia de más de 50 instituciones educativas del país, realizará una fuerte campaña contra el consumo de alcohol en menores, que a su vez busca implementar opciones distintas para el uso del tiempo libre.
Opiniones
Jaime Enrique Leal / Vicerrector José Joaquín Casas
“La solución no es quitar las excursiones sino controlar el tema del todo incluido. En sitios en donde el bar no es ilimitado, no van a tomar de la misma manera”.
Carolina Piñeros / Directora Red Papaz
“El problema no es la excursión sino la falta de conciencia sobre las implicaciones del consumo de alcohol. No es la primera vez que se mata un estudiante y como sociedad debemos ser capaces de aprender.
Excursiones sin alcohol
Desde hace tres años Kajuyali, una empresa colombiana que opera campamentos de verano para jóvenes, creó Apié. Ésta es una unidad de negocios que se encarga de programar y acompañar excursiones de colegio. Cada año son más los estudiantes de grado once que deciden vivir una experiencia diferente para despedir su vida escolar.
Antes de viajar deben firmar un código de conducta en el que se incluyen normas, como no fumar ni consumir bebidas alcohólicas. Guías capacitados por Kajuyali, con más de tres años de experiencia, son los encargados de dirigir las actividades de aventura.
Apié busca generar procesos de aprendizaje a través de programas sociales con personas que viven en el lugar a donde van de excursión, de una filosofía ambiental y de actividades para fortalecer el liderazgo y autoconocimiento.