16 Apr 2012 - 2:51 a. m.

Sin declaración final, pero con compromisos

La VI Cumbre de las Américas Cartagena 2012 concluyó ayer con un sabor agridulce ante la falta de un consenso en torno a la declaración política final.

Diego Alarcón Rozo, Enviado especial a Cartagena

A pesar de eso, para el presidente Juan Manuel Santos, el hecho de haber hablado “de frente” y que no hubiese temas vedados es de por sí una muestra del respeto y la tolerancia por las diferencias y de que el continente es una región más madura y con un gran potencial para adelantar juntos proyectos ambiciosos que lo encaminen hacia el desarrollo, la prosperidad y el entendimiento.

“Teníamos dos opciones: la primera, enfocarnos en una redacción de esas usuales, gaseosas, como tantas veces ha sucedido. La segunda, hablar francamente, poner sobre la mesa los temas que nos unen y nos dividen. Decidimos esta segunda opción y por eso diría que esta cumbre ha sido la del diálogo y la sinceridad. El diálogo implica hablar de los temas donde coincidimos y donde no hay posiciones similares. En esta oportunidad, y eso es algo importante, demostramos que no hay temas vedados”, declaró el primer mandatario, al presentar el balance del encuentro.

Fueron los párrafos 17 y 18 del documento de la declaración final —preparado por los cancilleres y que se referían a Cuba— los puntos de divergencia que rechazaron Estados Unidos y Canadá. En el texto se expresaba el deseo de los países de América Latina y el Caribe de invitar a la isla a los próximos encuentros regionales, así como también se manifestaba el rechazo al bloqueo impuesto por los estadounidenses desde hace más de 50 años. Además, el malestar de Argentina ante lo que consideró el “olvido” de Santos de haber hecho alusión al conflicto de las islas Malvinas en el discurso inaugural, fue evidente y motivo también de discordia.

De hecho, hay quienes en Cartagena aseguraron que ese malestar pudo haber sido la causa de que la mandataria argentina, Cristina Fernández, no acudiera el sábado en la noche a la cena de honor que ofreció Santos en la Casa de Huéspedes Ilustres y de la partida temprana hacia su país, antes de la clausura. “Me había dicho que tenía que volver pronto”, explicó Santos, tratando de bajarle el tono al asunto, aunque reconoció también que sí le hizo el reclamo: “Te olvidaste de las Malvinas”, le habría dicho. Algo que no se pudo evitar fue que Evo Morales, mandatario boliviano, no participara en la última parte del evento, en solidaridad con Cuba y Argentina.

Entre tanto, en declaraciones a los medios de comunicación, el canciller venezolano Nicolás Maduro se atrevió a advertir que la de Cartagena podría ser la última Cumbre de las Américas, si Estados Unidos persiste en su postura contra Cuba. “Este es un foro donde se encuentran América Latina y el Caribe con el Norte, y le toca a Estados Unidos ver si lo preserva. La lápida se la pondrán ellos si mantienen su política obsoleta de intentar excluir a Cuba. Nosotros no tenemos problemas, porque tenemos la Celac. Hay una posición mayoritaria de los países, de que si Cuba no es invitada a próximas cumbres, éstas se acaban”, enfatizó Maduro.

“Que no se llegue en todo a acuerdos es más que normal, ¿quién iba a pensar que se iba a llegar aquí a un acuerdo sobre Malvinas o Cuba? Todos sabíamos que no iba a haber acuerdos, de antemano”, se apresuró a explicar Santos en su balance, destacando sin embargo que por primera vez los 31 jefes de Estado y de gobierno presentes hablaron de todos los temas, sin tabúes, incluido el que tiene que ver con el replanteamiento de la lucha contra las drogas: “Todos coincidimos en la necesidad de analizar los resultados de la actual política que estamos aplicando y de explorar nuevos enfoques para fortalecer esta lucha y ser más efectivos”, agregó.

En efecto, bien se puede decir que en este aspecto la VI Cumbre de las Américas salió con un norte definido: la Organización de Estados Americanos (OEA) estará encargada de iniciar un estudio con información de otros organismos internacionales —como la Organización Panamericana de la Salud y la oficina de la ONU contra las drogas—, del que se espera salgan esos nuevos enfoques. “Hemos dado a la OEA el mandato para que inicie ese proceso (...) lo importante es determinar si esa política está funcionando y si hay alternativas que sean mas eficaces y menos costosas”, indicó Santos, dejando en claro, eso sí, que no se trató de un debate sobre legalización de las drogas.

Más allá de las discrepancias en los temas sensibles, la VI Cumbre de las Américas le dejó a la región acuerdos concretos en cinco temas fundamentales: mitigación de los desastres naturales, cooperación en materia de seguridad ciudadana, integración en infraestructura, uso de tecnologías de la información y las comunicaciones, y erradicación de la pobreza y la desigualdad. En este sentido, los gobiernos acordaron actuar en la reducción del impacto social, económico y ambiental de las tragedias naturales, mediante la asignación de recursos y el diseño de estrategias orientadas a la adaptación, la gestión del riesgo y la creación de mecanismos de prevención y reacción de verdad eficientes.

Asimismo, se trabajará en el fortalecimiento de la seguridad ciudadana como un asunto prioritario para asegurar la calidad de vida de todos los ciudadanos del continente y en la integración desde la infraestructura, para profundizar el desarrollo y el bienestar de la región. En cuanto al incremento en el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones en la educación, los países se enfocarán en fomentar la difusión de contenidos y el empoderamiento de cada estudiante en su aprendizaje, como una forma de superar barreras sociales y económicas. Por último, los gobernantes se comprometieron a trabajar en la erradicación de la pobreza, la desigualdad y la búsqueda de equidad, para Santos, “el más importante de todos los mandatos”.

Lo cierto es que al final no se pudieron evitar las discrepancias en torno a los temas sensibles y quedan en el registro el abandono antes del final de los presidentes de Argentina y Bolivia, las ausencias de los de Venezuela, Ecuador y Nicaragua, y la suspensión de la reunión bilateral entre los mandatarios de Colombia y Brasil, por razones de agenda. “El hecho de que no haya una declaración no puede considerarse un fracaso”, concluyó el presidente Juan Manuel Santos, quien como anfitrión había puesto todas sus fichas para que la cita pasara a la historia como la “cumbre de los resultados”.

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