7 Mar 2011 - 9:58 p. m.

Sin límites para volar

Andrea Díaz busca en cada momento el espacio para desempeñar de la mejor manera el rol de madre, esposa, piloto y mujer en una institución que hace unos años era netamente masculina.

Alejandra Vanegas Cabrera

“Aunque en mi mente me repetía que debía estar tranquila, mi cuerpo evidenciaba el miedo que tenía. Las manos me temblaban sin parar y sudé como nunca antes lo había hecho. Lo único que quería era que las llantas del avión tocaran la pista, así estaría tranquila porque sabía que habría logrado cumplir mi sueño, ser piloto”. Así recuerda la capitán Díaz su primer vuelo sin la compañía de un instructor, ese que la convirtió en aviadora de la Fuerza Aérea Colombiana.

Andrea Díaz, quien de niña anhelaba estar al mando de un avión, desde 1999 comenzó a hacer realidad su ilusión cuando ingresó a la institución. Ahora es una de las 450 oficiales y 280 suboficiales que militan y forman parte de la Fuerza Aérea, que en 1973 abrió las puertas al género femenino.

Tanto para ella como para las demás oficiales y suboficiales, el hecho de tomar parte en esta institución significa manejar múltiples roles en su vida. Andrea es una mujer cuya feminidad está intacta, es una esposa amorosa, una madre protectora y una piloto dedicada a su trabajo.

Respecto a su rol de mujer, se considera una persona delicada a pesar de que desempeñe las mismas labores físicas y profesionales de sus compañeros. “Tenemos el mismo entrenamiento físico, los ejercicios son iguales para ambos géneros. Incluso la levantada también, debíamos estar bañados y arreglados en siete minutos”.

Ella cree que la feminidad es algo con lo que se nace y no se pierde: “Eso va en cada una, siempre voy a ser mujer, así me exijan lo mismo que a un hombre siempre seguiré maquillándome, mandando a arreglarme las uñas y manteniéndome delicada, aunque tenga mi carácter”.

El carácter y la tenacidad, cree Andrea, son características imprescindibles del género femenino dentro de esta organización militar, pues a pesar de que las diferencias entre hombres y mujeres no existen ahora, hace unos años, cuando ella ingresó a esta fuerza militar, a los hombres de menor rango no les gustaba mucho la idea de recibir órdenes de una mujer con mayor jerarquía.

Sobre su papel de esposa,  cree que es afortunada al haberse casado con un oficial de la Fuerza Aérea, puesto que los dos conocen el trabajo del otro y cómo funciona la institución, por tanto no tienen el problema de que uno es civil y pregunte por qué sale a volar  en la noche o en la madrugada, o por qué está todo el día en la base.

Andrea y Francisco llevan seis años de casados, se conocieron en la Escuela Militar de Aviación de Cali (Emavi). “Él era alférez, allá nunca cruzamos palabras, sólo el saludo. Luego él se graduó y yo seguí en la Escuela, salí trasladada a Bogotá y él estaba aquí. Empezamos a hablar, a salir y nos casamos a los 11 meses de novios”.

A los pocos años de casados, cuando ambos habían sido trasladados a la base aérea Benjamín Méndez Rey de San Andrés, Andrea se enteró de que estaba embarazada y aunque en un principio estuvo preocupada por no tener tiempo para estar con su bebé, cuando nació Mariana se sintió apoyada y comprendida por el comandante de la base, quien incluso le daba unos minutos para ver cómo estaba la niña, a quien cuidaba una niñera.

Unos años después la familia fue reubicada en Palanquero, donde las cosas se complicaron porque Andrea empezó a volar una nave que estaba en servicio las 24 horas del día, entonces debía estar disponible todo el tiempo. “Volaba en la noche, en la madrugada, a cualquier hora tenía vuelo, entonces trataba de aprovechar el tiempo que tenía libre para estar con la niña y mi esposo”, asegura.

Como capitán de la Fuerza Aérea ella se siente realizada, ya que tuvo la oportunidad de ser la primera mujer en volar un T 27, un avión tucano de instrucción que antes era usado para hacer operaciones de combate. “Fui quien abrió la puerta a las demás mujeres para que empezaran a operar esta nave”.

Actualmente la capitán Díaz y su familia están viviendo en la Base Aérea de Catam en Bogotá. Ella vuela un Turbo Comander, un avión bimotor que cumple las funciones de tomar fotografías para lanzar operaciones y de transportar personal VIP. Aprovecha cada momento libre para pasar lo que ella misma describe como “tiempo de calidad” con su hija, Mariana, quien tiene 4 años y ya ingresó al jardín. “El tiempo y la calidad de los momentos que se pasan con los hijos los saca uno mismo porque como todos los trabajos exige dedicación”.

Ahora uno de sus mayores anhelos es seguir escalando rangos hasta llegar a la máxima posición en esta institución. “Me gustaría continuar hasta donde la fuerza me dé, hasta donde tenga la oportunidad de llegar. Si puedo ser general, sería maravilloso”.

Temas relacionados

Día de la mujer
Comparte: