28 Jun 2020 - 1:50 p. m.

Superemos la educación utilitarista

El rector de la Universidad Simón Bolívar comparte sus apreciaciones sobre cómo se ha adaptado la educación ante el coronavirus y los retos que esto implica.

José Consuegra Bolívar*

Desde los niños, en las primeras etapas de la educación, hasta quienes ya transitan por la vida universitaria, han sufrido un proceso difícil de adaptación a la enseñanza remota durante esta agreste situación sanitaria y social producto del riesgo de contagio y el confinamiento impuesto a raíz de la COVID-19. Son entendibles las quejas de los más pequeños por tener que sentarse frente al computador y atender una multiplicidad de compromisos escolares en un ámbito diferente al que estaban acostumbrados en sus colegios que, además, fueron implementados para hacer interesante y asertivo el proceso de aprendizaje. Igual sucede con los jóvenes que sienten y viven como tediosa la rutina educativa que se desarrolla todo el tiempo en el hogar.

Al evaluar el sector educativo en el marco de la pandemia es importante resaltar que toda la comunidad académica respondió propositivamente, y con sumo compromiso se logró terminar este periodo escolar y el semestre universitario. Sin duda, una victoria sobre la COVID-19.

Además de las limitaciones impuestas a la educación presencial, esta pandemia desnudó la realidad del país: inequidad y desigualdad social, ineficiencia del sistema de salud, pobreza extrema y la prevalencia de antivalores como el individualismo, la indiferencia, el egoísmo, el arribismo y la falta de cultura ciudadana, entre otros.

Los mejores medios para superar la preponderancia de estos antivalores son la educación y la cultura ciudadana. Por eso resulta definitivo fortalecer la educación integral con formación humanística y en valores a fin de superar la visión utilitarista que prevalece hoy en la sociedad.

Ese postulado que muchos padres y algunos actores del sistema educativo suelen imponer a sus hijos y alumnos para que se eduquen primordialmente con fines de mejora económica y movilidad social, empujándolos a estudiar carreras profesionales que les garanticen ingresos económicos altos y reconocimiento social, seguirá alejándonos de la posibilidad de formar una juventud proclive a los principios de la justicia, la equidad, la solidaridad, la responsabilidad y la ética.

La educación utilitarista exalta la utilidad por encima de cualquier otra cualidad o virtud, planteando que lo bueno es aquello que es útil; su mayor pretensión es capacitar y formar para entrar y ser exitoso en el engranaje productivo. Obviamente, quien alcanza unas competencias determinadas por sus esfuerzos académicos merece obtener un provecho, mas no debe ser el fin ulterior de la educación, pues lo que se hace es coartar el desarrollo integral de las personas y, con ello, limitar sus posibilidades de una vida culta, embebida de valores ciudadanos.

Para la filósofa estadounidense Amy Gutmann, otro de los fines educacionales es proporcionarles herramientas a los educandos “para concebir y evaluar modos de vida y los sistemas políticos que se les adecúen, que sean diferentes de los que encuentran en su propia sociedad o en cualquier otra”. Pero también debe fomentar que nos cuestionemos sobre lo que verdaderamente necesitamos como humanidad, a través de la estimulación de ese pensamiento crítico requerido para el discernimiento y la comprensión de la realidad y superación del statu quo.

La educación integral deberá, igualmente, ser motor para la búsqueda del bienestar general, motivador de la comunión del hombre con la naturaleza y promotor de la pasión por el aprendizaje continuo y por la producción de nuevo conocimiento.

*Rector de la Universidad Simón Bolívar.

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