25 Jun 2011 - 3:00 a. m.

Tenía que ser el Chavo del Ocho

Cuarenta años después, esta serie creada por Roberto Gómez Bolaños sigue vigente y tanto sus personajes reales como los animados son favoritos en los países de América Latina.

Juan Carlos Piedrahíta B.

Al Chavo del Ocho no se le puede hablar de una manera clara y convincente porque siempre responderá con un absurdo. La razón por la que esto sucede es sencilla: el Chavo no conoce ni a Clara, ni a Vicente, ni muchos menos a ‘el zurdo’. A sus ocho años sólo sabe que cambiaría todos los goles que ha hecho Enrique Borja por una, solo una, torta de jamón, que las tirantas van siempre en su hombro izquierdo y que lo único nuevo que hay en su gorra es un agujero tal vez ocasionado por un certero coscorrón de  ‘Ron Damón’. Ninguna de estas lecciones de vida las ha aprendido de Inocencio Jirafales (El ‘meistro’ Longaniza), un hombre experto en pedagogía, pero poco diestro en la obtención de recursos para captar la atención de sus alumnos.     

El Chavo claro que tiene padres, lo que pasa es que no se los han presentado todavía y, según confesó en su diario, su mamá un día lo dejó en un orfelinato y luego, luego olvidó pasar por él. Llegó a la vecindad por accidente y con la primera que se topó fue con la Chilindrina, ambos se miraron las pecas y se quisie ron durante los primeros segundos porque después tuvieron una pequeña disputa a causa de un globo. Eso sucedió el 20 de junio de 1971 y desde entonces este personaje para el que Roberto Gómez Bolaños utilizó la técnica del clown para su construcción ha sido permanente visitante de los hogares de América Latina.

Es un niño humilde como cualquiera de estos países en vías de desarrollo. A veces no se lava, aunque no se ha bañado aún por última vez, y su ‘Geppeto’ siempre quiso hacer evidente el hecho de que era un personaje infantil interpretado, eso sí, por un adulto que en ese entonces superaba los cuarenta. Gómez Bolaños (o ‘Bola de años’ como le dice, no muy cariñosamente, Carlos Villagrán, ‘Pirolo’) llegó tarde a la construcción de este personaje por estar, entre otros menesteres, dedicado a la realización de libretos para Viruta y Capulina, dos importantes comediantes mexicanos. Al lado de Gaspar Henaine Pérez (Capulina) y Marco Antonio Campos (Viruta) hizo, incluso, su primera aparición en televisión en blanco y negro.

Con ingenio, como sólo lo hace alguien capaz de sacarle provecho a la secundaria letra ‘ch’, hizo que Capulina se volviera una celebridad, pero también tuvo la visión para darle a Viruta el rol que más se le ajustaba, el del galán, el conquistador, la parte galante de esta pareja artística cuya última escena fue interpretada  en 1966 durante un acto humanitario por los niños en estado de vulnerabilidad. Allí no se pusieron de acuerdo en el monto que donarían y Campos salió molesto del lugar. Ese sketch de la vida real dejó solo en el camino a Capulina y como comediante único lo incluyó casi que automáticamente en un ámbito en el que figuraban los dos hermanos Valdés (‘Tin Tan’ –Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo– y ‘El Loco’ –Manuel Valdés–), hermanos a su vez de Ramón Valdés, y que por supuesto estaba comandado por Mario Moreno, ‘Cantinflas’.

Gómez Bolaños es una figura transversal dentro del humor mexicano, y como libretista, productor, director y actor identificó la cotidianidad de los pueblos de América Latina. Él se ha caracterizado por aprovechar la magia de lo sencillo y recurrir a lo simple para contar historias. Observó con cuidado los filmes de ‘Cantinflas’ y tuvo la visión de concretar a Ramón Valdés como una de sus figuras. Valdés, al igual que Angelines Fernández, tuvo apariciones en las cintas de Mario Moreno y lo convocó para llevar a cabo un proyecto titulado Los súper genios de la mesa cuadrada (1970), en el que aparecían también María Antonieta de las Nieves y Rubén Aguirre.

Esa propuesta audiovisual, para la que se necesitaba una cámara, un fondo y una mesa (cuadrada, por supuesto) fue la matriz de El Chavo del Ocho, un programa en el que involuntariamente el eje temático no es el niño humilde sino Ron Damón, el más veterano de la vecindad. Es él el núcleo de desarrollo de los demás personajes. Sin Ron Damón no hay a quién cobrarle la renta y el Señor Barriga (Zenón Barriga y Pesado) no tendría piso para existir; sin él no hay conflicto para Doña Florinda (Florinda Corcuera y Villalpando Viuda de Matalascayando); sin él la Bruja (Doña Cleotilde) habría liquidado cualquier esperanza de enamorarse; sin él Quico (Federico Matalascayando Concuera) no tendría a quién acusar y sin él el Chavo, ahí sí, estaría huérfano.

Poco se sabe del paradero de los primeros capítulos de la serie, que comenzó a emitirse en el Canal Ocho de México (de propiedad de Televisión Independiente de México, del grupo ALFA de Monterrey, luego Televisa). Los episodios más antiguos que están al aire en todos los países de América Latina, y que han sido traducidos al portugués, inglés y japonés, corresponden a la época de 1973 hasta 1979. Después empezó a hacer parte del programa Chespirito, en el que los roles que desempeñaban Carlos Villagrán y Ramón Valdés fueron reemplazados, de forma infortunada, por personajes que antes no tenían tanta relevancia como ‘Popis’, ‘Ñoño’, ‘Godinez’, ‘Doña Nieves’ y con la contratación de Raúl ‘El Chato’ Padilla como ‘Jaimito, el cartero’.

Claramente, Roberto Gómez Bolaños siempre será ‘El Chavo’, pues en forma convincente registró la cotidianidad de América Latina, y no es absurdo que siga comandando el gusto de las nuevas generaciones.

Otros chistosos del humor mexicano

‘Viruta y Capulina’

Gaspar Henaine Pérez (‘Capulina’) y Marco Antonio Campos (‘Viruta’) alcanzaron a realizar 26 películas desde 1953 hasta 1966, cuando decidieron romper la unión.

‘Tin Tan’

Su verdadero nombre era Germán Valdés y además de ser actor, cantante y comediante, también fue una importante voz de doblajes. En este registro de 1953 aparece ‘Marcelo’.

‘El Loco’

Manuel, hermano de Germán y Ramón Valdés, comenzó a aparecer en la pantalla gigante en 1949 con ‘Calabacitas tiernas’. En los últimos años se ha dedicado a realizar personajes en telenovelas.

Mario Moreno, ‘Cantinflas’

Su personaje se asoció con la identidad nacional de México y le permitió establecer una exitosa carrera en el cine que incluyó una participación en Hollywood.

Héctor Suárez

En 1964 comenzó su actividad en el cine con películas como ‘Despedida de soltera’, ‘La mujer de a seis litros’, y ‘La marcha de Zacatecas’. Su programa ‘Qué nos pasa’ fue un éxito.

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