28 Apr 2010 - 10:00 p. m.

Trasteo a la nube

Desde hangares escondidos en distintos rincones del mundo, repletos de miles y miles de servidores, las empresas de informática prometen saciar las necesidades digitales de usuarios y empresas.

Pablo Correa / Edwin Bohórquez

Hace 13 años que Steve Ballmer, director ejecutivo de Microsoft Corporation, no aterrizaba en Colombia. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Una de las que reconoció a simple vista fue la seguridad en la ciudad. Contó, durante su charla el lunes en el Hotel Marriot, que esta vez sus guardaespaldas le dieron permiso para salir a trotar por las calles bogotanas, siempre y cuando se sintiera preparado para los 2.600 metros de altura.

Cambió Bogotá. Pero también cambió de cara el negocio al que Ballmer se unió en 1980, cuando su colega de universidad Bill Gates lo llamó a cerrar filas. Ahora el evangelista de Microsoft, como muchos lo han bautizado, habla de la “nube”, de una “quinta revolución” digital.

Para entender la transformación de la que habla el experto, un buen ejemplo quizá sea ese viejo conocido por todos: Microsoft Office. Hasta hoy, cualquier empresa o usuario debía comprar un paquete de software, instalarlo en su computador para contar con una serie de servicios que iban desde un simple procesador de palabras hasta un correo electrónico. Con este modelo, toda la información producida debía ser almacenada o en el disco duro de nuestro computador o en los servidores instalados en la empresa para tal fin.

Con la “nube” las cosas son distintas. Los servicios on-line de Microsoft, que Ballmer presentó esta semana en Colombia, prometen quitarle un dolor de cabeza a empresarios y usuarios. Ahora,  esos programas se encuentran disponibles a través de internet y toda la información que producen los clientes es guardada, protegida y administrada por Microsoft en algún lugar del mundo.

“La computación en nube transformará la manera en que las empresas grandes entregan servicios a sus clientes y ayudará a las compañías más pequeñas a adoptar tecnología para expandir sus negocios”, vaticinó Ballmer.

Una nube que crece

Para Rogelio Montekio, director de marketing para Latinoamérica y el Caribe de Salesforce.com, empresa que ofrece herramientas informáticas para soportar esquemas de ventas, “la nube es como un condominio, pagas por el portero, por la piscina, por el mantenimiento de las zonas verdes y todos los vecinos se reparten los costos”.

Los clientes de Salesforce, entre los que figuran Symantec, Telefónica y Dell, pagan una tarifa por usar todo el poderío informático que les ofrece la compañía en vez de comprar el hardware y software que serían necesarios para realizar la misma tarea. Los clientes pequeños podrán acceder a servicios que antes les estaban vedados.

La nube no es una idea nueva. De muchas maneras todos la hemos usado. Los servicios de correo electrónico como Hotmail o Gmail, páginas como Facebook o Flickr, donde se cuelgan fotos, operan en la nube. Cuando una persona sube la foto de su perro a Flickr, esa imagen viaja por la red y es almacenada en algún lugar del mundo donde los administradores del servicio tengan instalados sus servidores.

Amazon, por ejemplo, es dueña de tres grandes centrales, una en Ashburn, Virginia, otra en Palo Alto, California, y una tercera en Dublín. IBM inauguró hace poco un “data center” por el que pagó US$362 millones. El complejo, en North Carolina, abarca 5.500 metros y cuenta con sensores de temperatura, energía y fallas eléctricas. Todo lo necesario para evitar un colapso.

Con centros así en operación, no importa el lugar del mundo donde se encuentre el usuario de la nube o el dueño del perro, será suficiente una conexión a internet para tener de vuelta la imagen de su mascota o sus datos. Este esquema se pretende aplicar a miles de aplicaciones informáticas, desde información financiera como programas de diseño o fotografía.

Avi Muchnick, CEO de Aviary, una popular página que ofrece de manera gratuita programas de edición de imágenes y sonido en línea, explica cómo funcionan los servicios en la nube: “Los usuarios ingresan a la página, trabajan en las aplicaciones y al terminar simplemente oprimen la tecla guardar y nosotros enviamos sus trabajos a nuestros servidores”. Otro competidor en este reglón, Adobe, ofrece por cerca de US$15 al mes ($30.000) crear, descargar y compartir archivos en distintos formatos. El usuario que paga simplemente se olvida de los problemas que implica guardar, administrar y proteger la información.

La International Data Corporation calcula que en el ámbito global la inversión en negocios inteligentes en la nube se duplicará para 2012, pasando de US$16 mil millones a cerca de US$42 mil millones.

Algunos definen la nube como computación por demanda. Los clientes pagan una tarifa según la capacidad de cómputo y de almacenamiento que necesitan en determinado momento. Jeff Barr, de los servicios web de Amazon, apuntaba en su blog que a cada usuario le cobran por la cantidad de datos que transfiera. Cada giga de información guardada y transferida vale alrededor de US$1 centavo.

Ballmer y Microsoft parecen jugados a favor de la nube. Durante su conferencia en Bogotá contó que la empresa invertirá en los próximos años cerca de US$1.000 millones en tecnologías de la información, especialmente en el perfeccionamiento de servicios en nube. “Lo que va a suceder es que en dos o tres años todos comenzaremos a migrar a la nube”, apuntó.

Sobre los riesgos de seguridad que corren los datos, Ballmer dio un parte de tranquilidad: “Estamos desarrollando una arquitectura de siete capas de seguridad, las de hoy cuentan con tres”.

No todos ven con los mismos ojos el futuro de internet. Richard Stallman, uno de los promulgadores del software libre, ha criticado el modelo de la nube en repetidas ocasiones. Argumenta que la información deja de ser libre, se la entregamos a un tercero, con el riesgo de perderla si falla alguno de esos gigantescos centros de datos.

Ballmer no cree que la nube se pueda detener. Por el contrario, para su próxima visita, que espera que ocurra en menos de 13 años, los asistentes a su charla no tendrán que preocuparse por tomar notas. Las palabras serán atrapadas por dispositivos electrónicos y estarán en “la nube”, para que cualquiera acceda a ellas.

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