8 Mar 2014 - 4:20 a. m.

Un antídoto contra el silencio

Las mujeres retratadas por las manos de caricaturistas como Quino, Nani y Diana Raznovich alzan la voz por la liberación femenina.

Pilar Cuartas Rodríguez

 Con tan sólo seis años, Mafalda asumió el liderazgo de una cuadrilla de amigos en 1964. Sin compasión, sin filtro y sin paradigmas, esta mujercita lanzaba las verdades a la cara de Felipe, Manolito,

Susanita, Libertad, Guille y Miguelito. Sus días transcurrían entre el reniego por la sociedad en la que vivía y la protesta por las reglas cíclicas, inmóviles y sin argumentos que gobernaban el mundo y atormentaban a la humanidad: que su madre fuera un ama de casa y abandonara sus estudios de piano para casarse, que la política sólo fuera un asunto de interés masculino y que su amiga Susanita creyera que la ecuación del amor arroja como único resultado los hijitos, el rol clásico de la mujer para la época.

Años atrás, en 1935, La pequeña Lulú ya había sentado las bases para derribar el estereotipo femenino en Estados Unidos. La niña de diez años se resistía a que los hombres tuvieran espacios exclusivos para ellos. Por eso se entrometía en el club de su amigo Toby Tapia, donde no eran admitidas las mujeres.
La libertad y la igualdad de sexos es el legado que dejaron estos dos personajes, afirma Diana Raznovich, la primera mujer en publicar sus caricaturas en la contraportada del periódico argentino Clarín. “Lulú y Mafalda eran valientes y lideraban sus pandillas de amigos. Eso rompió con muchos esquemas y mostró, por primera vez, que niños y niñas pueden ser amigos y expresar sus opiniones sin represión”, asegura Raznovich.

La risa de la mujer, así como el erotismo y el divertimento, eran temas prohibidos por el patriarcado. Reír a carcajadas en público sólo lo hacían las prostitutas. Esta condena se postergó por siglos y quizá es la razón por la que aún hoy la cantidad de hombres caricaturistas es mayor. En Colombia, alrededor de cuatro mujeres son reconocidas por sus trazos caricaturescos. “Creo que por mucho tiempo se nos educó para saber estar calladas”, afirma Nani, creadora de Magola, que representa a una joven normal y a veces desarreglada, con pelos en las piernas, cansada de las exigencias que les hace la sociedad a las mujeres para ser aceptadas.

“Burlarse de las ataduras del machismo masculino y de la dictadura del patriarcado las debilita, las ridiculiza y muestra sus grietas. Cuando te puedes reír de algo, le pierdes miedo”, concluye Raznovich.
Hombres y mujeres han retratado en sus personajes la liberación femenina. Forges, en España, es uno de los pioneros en hablar sobre el ser mujer sin necesidad de crear un personaje femenino. En Latinoamérica se destacan Boligán, Cintia y Mar, de México; Ares de Cuba, Rayma de Venezuela, Turcios, Vladdo y Consuelo Lago de Colombia.

Para Nani, las caricaturas siguen intentando reeducar a la sociedad y construir un nuevo concepto de la feminidad. “Cuando hago tiras que descalifican el comportamiento violento de algunos hombres son muchos los que se sienten señalados y me envían insultos al correo, como por ejemplo, ‘deje de pensar con la vagina’ o ‘salga del clóset, lesbiana’. Esto me confirma que algunos hombres sólo tienen como respuesta la violencia para responder a las críticas y que son muy ignorantes, porque la palabra lesbiana no es un insulto. Entonces... aún queda mucho por hacer”.

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