11 Mar 2014 - 2:06 a. m.

Un mundo en el que todos comemos lo mismo

En 50 años, la dieta global se ha vuelto muy parecida. La diversidad genética de los cultivos locales está siendo fuertemente desplazada por otros como la soya y el aceite de palma.

Angélica María Cuevas Guarnizo

Por fin se pudo comprobar científicamente una sospecha que ya contaba con serias evidencias: la variedad de productos agrícolas con los que se alimenta el planeta se ha reducido drásticamente. Asiáticos, europeos y norteamericanos almuerzan menús cada vez más parecidos.

Una investigación realizada por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), con sede en Palmira (Valle del Cauca), revela cómo la globalización, los tratados de libre comercio, el desprendimiento de la vida campesina, la expansión de las comidas rápidas y los crecientes ingresos en los países en desarrollo, entre otras causas, han uniformado la dieta del mundo en los últimos 50 años.

El estudio, que fue publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), concluyó que las naciones han venido subutilizando y olvidando sus cultivos nativos, ricos en nutrientes y fundamentales para una dieta sana, para reemplazarlos por cultivos tradicionales como el trigo, el arroz, el maíz y la papa, y otros más recientes, como la soya, los aceites de girasol y de palma, la carne y los productos lácteos.

Los investigadores revisaron los inventarios anuales de cultivos que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha realizado por cada país desde 1961, y trazaron mapas de su evolución para poder ver cómo han cambiado la producción y el consumo de alimentos en el mundo.

Sólo por dar un ejemplo, la tendencia en Suramérica al consumo de cultivos como yuca, fríjol, maní, bananos, plátanos, papas y camote ha disminuido, mientras crece el de aceites de soya, palma y girasol, junto con el de arroz y edulcorantes.

En el caso de Colombia se evidencia una drástica disminución en el consumo de ajonjolí, maíz, coco, banano y aceite de semilla de algodón, mientras “en 50 años el aceite de palma pasó de estar presente en el 1% de la dieta del país a aparecer en el 50%. Su consumo creció 2.500%”, explica Julián Ramírez, coautor del estudio y candidato a doctor en estudios ambientales de la Universidad de Leeds (Inglaterra).

Son varios los riesgos que implica esta realidad. En primer lugar, los investigadores advierten que la seguridad alimentaria podría tambalear si aparecieran fuertes plagas que disminuyan o desaparezcan estos cultivos sin que haya otra diversidad de productos para sopesar las pérdidas. Lo segundo es que el mundo depende de muy pocos cultivos para obtener todos los nutrientes que requiere. Además, estos alimentos le están entregando una mayor carga de calorías, proteína y grasas a los humanos, incrementando el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas u obesidad, explica el investigador.

El Centro Internacional de Agricultura Tropical insiste en que será necesario tomar fuertes medidas para impulsar la diversidad genética de los cultivos y la conservación y el rescate de los productos nativos, actualmente olvidados. Además se necesitarán, dice el ingeniero agrícola Julián Ramírez, consumidores más conscientes de cada alimento que se llevan a la boca.

 

 

acuevas@elespectador.com

@angelicamcuevas

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