14 Mar 2011 - 12:59 a. m.

Un panorama desolador

La ciudad de Sendai quedó destruida por el tsunami. La localidad portuaria de Minamisanriku desapareció.

Redacción Internacional

A medida que baja el nivel de las aguas con las que el tsunami inundó la ciudad de Sendai, en la provincia de Miyagi golpeada con olas de hasta diez metros, un escalofrío recorre el cuerpo de quienes sobrevivieron. “No encuentro mi casa, no sé dónde queda todo ahora. El agua se lo llevó todo: casas, edificios, colegios... ”, aseguró Makiko Masuko, una mujer de 50 años que logró sobrevivir a las olas y que como muchos habitantes de la ciudad camina desorientada entre las ruinas.


Según las autoridades, 300 cadáveres quedaron en la playa de Sendai, que antes era de 200 metros y hoy es de casi 3 kilómetros. El aeropuerto fue barrido por las olas y aún permanece anegado, con edificios invadidos por el lodo y coches amontonados unos sobre otros o mezclados con restos de avionetas y barcos. La fuerza del maremoto arrastró los vehículos como si fueran juguetes y volcó los camiones, que salpican ahora las calles.


Las autoridades japonesas aumentaron a 1.353 los muertos y a 1.085 el número oficial de desaparecidos a causa del terremoto y posterior tsunami, aunque se teme que las víctimas superen con creces las 10.000. La Policía de Miyagi cree que habrá al menos 10.000 fallecidos. Sólo Minamisanriku, una localidad costera, fue totalmente arrasada por el tsunami y no se tienen noticias de cerca de 9.500 personas. De las poblaciones de Natori, Tagajo, Shiogama e Ishinomaki tampoco hay huella.


El gobierno aseguró que su prioridad, además de garantizar la seguridad, es rescatar el mayor número de personas. Por eso puso en marcha un enorme dispositivo  con el despliegue de 100.000 soldados, 300 aviones y alrededor de 40 barcos. Las cifras oficiales hablan de más de 20.800 edificios destruidos y de que unos 450.000 japoneses tuvieron que ser evacuados de sus viviendas. Socorristas y personal especializado de casi 70 países llegarán en los próximos días al país. Los equipos de rescate siguen buscando gente entre las casas sumergidas, los coches reventados y los barcos arrastrados por las aguas. Hasta el momento, han rescatado a 3.000 personas.


Los sobrevivientes de las zonas devastadas se apiñan en los refugios y hacen alimentos ante la incertidumbre sobre lo que tardarán en llegar nuevos víveres En las últimas horas se han registrado más de 30 réplicas del devastador terremoto del viernes, tres de ellas de 6 grados en la escala de Richter. Sin embargo, la Agencia Meteorológica japonesa advirtió que existe un 70% de riesgo de que se produzca una nueva réplica de magnitud 7 o más en los próximo tres días.


La situación es caótica: un millón de hogares carecen de agua potable y más de 2 millones de viviendas están a oscuras, los alimentos comienzan a escasear y los cortes de energía, que se anunció irán hasta abril, afectan los pocos hospitales que funcionan. Un panorama desolador.


El país, paralizado


Ante la gravedad  de la situación, hoy se suspenderán los trabajos en instituciones como el Parlamento de Japón, algo inusual en una de las naciones más avanzadas del mundo. Tampoco abrirán sus puertas las plantas de los gigantes de la industria automovilística nipona Honda, Nissan, Mitsubishi, Suzuki o Toyota, líder mundial del motor.


Algunas de estas grandes empresas aseguraron que es muy difícil continuar operando sin recibir las piezas de repuestos que necesitan y el Ejecutivo les pidió que conserven energía para evitar más cortes de suministro en los próximos días. El gobierno autorizó a las pocas empresas que podrán funcionar a realizar cortes diarios de energía  para ayudar a ahorrar combustible.

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