14 Jan 2010 - 2:59 a. m.

Una catastrófica historia

El país de nueve millones de habitantes ha sido destrozado por dictadores, corrupción, fracasos sociales, deforestación,  analfabetismo y enfermedades casi bíblicas.

Juan Jesús Aznárez / Especial de ‘El País’

Las constantes crisis políticas y sociales han azotado al país por más de 200 años El terremoto que demolió Haití no hace sino confirmar las premoniciones contenidas en las populares leyes del ingeniero aeroespacial norteamericano Edward Murphy: cualquier situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar.

Desde el victorioso alzamiento de las milicias esclavas en 1804 contra la dominación francesa, que alumbró la primera república negra de América, el país encadenó calamidades físicas, sociales, políticas y económicas. Las sucesivas crisis gubernamentales se arbitraron a machetazos, la pobreza, con hambre y migraciones masivas, y los desastres naturales no lo borraron del mapa porque lo impidió la ayuda internacional.

Las sacudidas registradas el martes en la tarde derrumbaron los restos de una nación de nueve millones de habitantes descalabrada por los déspotas, la corrupción, los fracasos, la deforestación, el analfabetismo y las enfermedades casi bíblicas. Los 250.000 niños entregados por familias míseras a hogares menos míseros, en régimen de semiesclavitud y desamparo, son una de las numerosas lacras padecidas por el país de origen africano, que se sostiene gracias a los 9.000 miembros de la misión de paz de la ONU, la constelación de ONG.

Sólo las catástrofes rescatan del olvido al enclave negro, que disfrutaba de cierta estabilidad desde el derrocamiento del cura populista Jean Bertrand Aristide, en 2004, pero que nunca supo o pudo erradicar las causas de su postración. El ingreso promedio apenas alcanza los US$600 anuales y más de la mitad sobreviven con menos de un dólar diario. “Y si nos vamos nosotras, ¿quien cuidará a esta gente”, comentaba una monja navarra a este periodista en su primer viaje al país en los noventa. Durante aquella visita a Cité Soleil, la insalubridad y el hacinamiento de la barriada más miserable de Puerto Príncipe producían escalofríos.

La historia de Haití es excesiva antes y después del látigo colonial francés. Hace 206 años, el general Jean Jacques Dessalines proclamó la independencia diciendo que el Acta de Constitución hubiera debido escribirse sobre el pergamino de la piel de un blanco, con su calavera como tintero y la bayoneta, de pluma y entintada en la sangre de los hacendados que se lucraron con la sangre de los suyos. Al año, el patriota se coronó emperador y meses después murió violentamente. Hasta la invasión norteamericana de 1915 pasaron 23 tiranos, todos ineptos. La sanguinaria saga de François Duvalier, Papa Doc, duró de 1957 a 1986.

Abatida por el amargo futuro nacional, Michèle Pierre-Louis, primera ministra hasta octubre del pasado año, atribuyó a la abyección de las élites haitianas  buena parte de los males: “Son como un enorme elefante sentado sobre este país, al que no dejan moverse. Y no se puede mover porque no hay una clase política, no hay partidos políticos. Todos se corrompen y pervierten”. La Casa Blanca ejerce una especie de protectorado sobre Haití desde que el presidente Woodrow Wilson ordenara su invasión hace 95 años para pacificar sus ciudades, cobrar las deudas del Citibank y enmendar el artículo constitucional que prohibía la venta de plantaciones a los extranjeros.

Ni los franceses, los gobiernos de la independencia ni tampoco el presidente René Preval, al mando desde mayo de 2006, lograron revertir la cadena de reveses promovida por la coalición de hombres y naturaleza.

Cadena de golpes de Estado

En 1957 se decretó la  victoria de François ‘Papa Doc’ Duvalier que en 1964 se proclamó presidente de por vida e instauró una sangrienta dictadura que heredó a su hijo, Jean-Claude, en 1971. La dictadura de los Duvalier, en cuyo régimen murieron 60.000 personas, acabó en 1986. En 1988 ganó la presidencia Leslie Manigat, quien fue depuesto cuatro meses más tarde. El sacerdote Jean Bertrand Aristide ganó las elecciones de diciembre de 1990. Un año después el general Raoul Cédras le dio un golpe militar. Aristide se exilió en México y regresó al país en 1994. Luego, René Preval asumió la presidencia y después Aristide volvió a ser elegido en 2000. Pero una sangrienta revuelta puso fin en 2004 a la presidencia de Aristide. En 2006 volvió a asumir Preval.

No se han reportado víctimas colombianas

Una misionera y once militares brasileños, así como un policía argentino, son los primeros latinoamericanos cuya muerte a causa de los terremotos en Haití fue confirmada, mientras que dos chilenas, un uruguayo y cuatro brasileños están desaparecidos. La mayoría de extranjeros fallecidos en Haití pertenecían a la fuerza de la ONU en el país (Minustah), que es liderada por Brasil y cuenta con la participación de 6.700 militares procedentes de 17 países, entre ellos Colombia. Los 26 efectivos colombianos que integran la misión en Puerto Príncipe sobrevivieron al terremoto y cumplen tareas de asistencia en medio de la tragedia. Por otro lado, al cierre de esta edición, se desconocía el paradero de Marta Lía Córdoba, hermana de las senadora Piedad Córdoba, quien trabaja en Haití para las Naciones Unidas.  Sin embargo, el coronel Mario Montoya, embajador en ese país, aseguró que hasta ahora no se ha reportado ninguna víctima entre los cerca de 400 colombianos que viven allí.

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