25 Mar 2009 - 4:00 a. m.

Uribe, en la recta final de su segundo mandato

Dicen en Palacio que la consigna es redoblar esfuerzos y que al Primer Mandatario se le ha acentuado “el afán”. Falta ver si hay reelección.

Redacción Política

“Trabajamos con sentido de urgencia”, reza el aviso que aparece en la página de internet de la Presidencia de la República, junto al calendario de actividades que en el día de hoy marca el número 500, los días que le faltan al presidente Álvaro Uribe para finalizar su segundo mandato. Son exactamente 12.000 horas, de las cuales —si se tiene en cuenta que el Primer Mandatario duerme en promedio cuatro horas diarias—, le quedan 10.000 para trabajar, trabajar y trabajar.

Si de números se trata, habría que comenzar a restar —aunque otros dirán a sumar porque de todas maneras también es trabajo—, la Navidad y Año Nuevo en algún batallón de alta montaña acompañando a los soldados, los desayunos en Palacio para convencer a la bancada de aprobar algún proyecto clave, los tintos antes de imponer la Cruz de Boyacá o cualquier otra condecoración, los viajes al exterior —que seguramente en esta ruta final apuntan a un encuentro con Obama, además de las infinitas cumbres latinoamericanas y la obligada cita en la ONU—, y claro, las misas y rezadas del rosario en la capilla de Palacio y una ‘visitica’ al Ubérrimo para mirar cómo están las ‘vaquitas’ y los ‘caballitos’.

De estos 500 días por lo menos entre 65 y 70 sábados estarán destinados a consejos comunales, jornadas de entre 12 y 15 horas en las que el presidente Uribe planifica carreteras, reparte presupuesto, recomienda inversiones y trata de resolverle hasta el más mínimo problema a la gente del común  en las regiones. Todo esto si es que no se atraviesa por allí, como parece que va a ser, una nueva campaña electoral por otra reelección. Porque, aunque él mismo ha dicho que “siempre” está en campaña, de todas maneras le tocará sacar tiempo extra para buscar votos.

Pero esa es harina de otro costal y hoy de lo que no cabe duda y lo que demuestran las matemáticas es que al segundo gobierno Uribe le faltan 500 días, algo que ya se siente entre sus cercanos colaboradores. Como el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, quien reconoce que el Presidente “siempre nos ha puesto a trabajar con afán, pero ahora se le acentuó la acosadera”. Y la verdad es que Gallego tiene por qué saberlo, teniendo en cuenta que su cartera es una de las más atrasadas en las metas de lo que se bautizó como el Plan 2.500, afectado, entre otras, por el crudo invierno que azota al país.

El ex comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo recuerda que desde el primer día el presidente Uribe ha pedido trabajar con sentido de urgencia y ahora que falta poco tiempo seguramente pedirá redoblar esfuerzos. 500 días que para algunos resultan hoy muy pocos y sirven para justificar la necesidad de la continuidad: “Al presidente Uribe le ha faltado tiempo para culminar su tarea y eso es lo que queremos darle con lo del referendo. Colombia no puede darse el lujo de retroceder”, dice el senador uribista Jorge Visbal Martelo.

Por los lados de la oposición, algunos no ven al Jefe de Estado por fuera del Gobierno después del 7 de agosto de 2010. “Con lo que está pasando en la Comisión Primera del Senado, donde van a modificar la pregunta del referendo, seguramente será reelegido”, expresa el senador del Polo Democrático Jaime Dussán. Por eso, el liberal Juan Manuel Galán asegura que más que 500 días de mandato, al presidente Uribe lo que le falta es “grandeza” para reconocer que su misión terminó y que es hora de entregarle la antorcha a la generación de líderes que vienen haciendo fila y que aspiran a gobernar a Colombia.

500 días, 12.000 horas, 720.000 minutos, 43’200.000 segundos. Mucho tiempo para unos, muy poco para otros. La crisis económica acosa y parece ser la prioridad. Las Farc lanzan algunos coletazos como señal de que no están acabadas. Y el Presidente, con su estilo intacto, reta a sus jefes a regresar al país. “Me haré moler para cumplirle a Colombia”, escribió Álvaro Uribe en su manifiesto democrático, al asumir el poder en 2002. Falta ver si en sus carnitas y sus huesitos siente que ya le cumplió o que necesita otros 1.460 días, cifra en la que tendría que volver a arrancar el calendario de la Presidencia.

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