25 Mar 2014 - 2:00 a. m.

Usted muere: ¿Qué pasa con su rastro en la web? (II)

Segunda entrega del especial dedicado a la muerte y las redes sociales. Se trata de un repaso humano sobre una realidad virtual. Espere mañana la última parte de la serie.

Nicolás Guillot

“Hoy estamos lanzando un nuevo servicio que hace más fácil decirle a Google lo que usted quiere que se haga con sus activos digitales cuando fallezca o no pueda usar su cuenta”, publicaba en un blog Andreas Tuerk, gerente de producto de Google, el 11 de abril de 2013. “El servicio se llama Administrador de Cuenta Inactiva y usted puede decirnos qué hacer con sus mensajes y datos de muchos otros servicios de Google si su cuenta se vuelve inactiva por cualquier razón”, agregaba.

Desde entonces, un usuario de Google puede elegir un período de inactividad de 3, 6, 9 o 12 meses y precisar si desea que su información sea borrada o entregada a contactos que él selecciona. Los datos de +1s, Blogger, Contacts and Circles, Drive, Gmail, Google+ Profiles, Pages and Streams, Picasa Web Albums, Google Voice y Youtube pueden ser legados. Un mes antes de que el período de inactividad se haya cumplido, Google envía un mensaje de texto al móvil del usuario y un mensaje a su cuenta de correo secundaria. Si no responde, expira el tiempo y su voluntad es llevada a cabo.

En la medida en que acceden a cuentas de Facebook o Twitter para descargar los datos y eliminar los perfiles de un difunto, o facilitan las contraseñas a sus seres queridos para que sean ellos quienes lo hagan, albaceas tales como Netarius o TuHerenciaDigital.com no están exentos de controversia.

En cuanto a la no transferibilidad de las cuentas, las dos redes sociales son bastante categóricas. “No compartirás tu contraseña, no dejarás que otra persona acceda a tu cuenta, ni harás nada que pueda poner en peligro la seguridad de tu cuenta”, rezan las Condiciones de Facebook. “Ten presente: no podemos proporcionar a nadie la información de inicio de sesión de la cuenta”, puntualiza Twitter en su sección Ayuda.

“Mi coautor y yo tenemos una cuenta de Twitter compartida que está a nombre de nuestro blog, no de nuestros nombres individuales, por lo tanto es razonable que él pudiese continuar con ella sin que Twitter dijera nada, pero cuando las cuentas son personales digamos que hay reglas según las cuales usted no se las puede transferir a alguien más”, agrega Carroll refiriéndose a @digital_beyond, la cuenta de Twitter que creó con John Romano, coautor del libro Your Digital Afterlife, para el blog que llevan juntos: TheDigitalBeyond.com. Sólo cuando se trata de una cuenta institucional, por así decirlo, las cosas serían diferentes.

Para capear estas zonas grises para las que aún faltan legislación y claridad, Rodolfo Tesone, presidente de la sección de Derecho de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en el Colegio de Abogados de Barcelona, no duda en recordarle a la gente que todavía puede acudir a la figura del testamento, ese mismo que se utiliza para legar un patrimonio: “Dentro de la situación actual, donde estamos volcando prácticamente el 90% de nuestra identidad digital a Internet, si tomamos la decisión de hacer un testamento, es fundamental concretar nuestra voluntad con respecto a nuestros perfiles en las redes sociales, nuestro correo electrónico o nuestras relaciones de índole profesional y bancario”. De esta manera, la familia del difunto no sólo tendrá claro cuál es la última voluntad de su ser querido con respecto a sus activos digitales, sino que contará con un documento legal que le será útil a la hora de adelantar trámites ante Facebook o Twitter.

Cualquier internauta puede dejar instrucciones precisas sobre lo que quiere que suceda con sus perfiles de Twitter y Facebook, o sus productos de Google, una vez fallezca. Según el producto, lo puede hacer directamente o acudiendo a servicios online que se encargarán de entregar o borrar su legado. También puede apelar a un viejo conocido: el testamento.

Cuando quiera ser inmortal en la web

— Rick Stilwell (@RickCaffeinated) enero 12, 2013 Este fue el inesperado tuit que apareció en el timeline de Vicki y de los amigos de su difunto esposo Rick Stilwell que ya se encontraban en Jamestown Coffee, con motivo del brindis que habían organizado para recordarlo.

Desde entonces, cada cinco días aparece uno nuevo. El más reciente data del pasado 22 de mayo.

“Reí y lloré porque estaba sorprendida, pero no del todo”, dijo Vicki en declaraciones concedidas a wistv.com. “Porque si alguien tuviese tuits programados y estuviese preparado para ello, ese sería mi esposo”.

Stilwell usaba Hootsuite, un servicio online que se define como “líder en la gestión y medición de tus redes sociales”. Tanto su plan gratuito como su plan profesional, cuyo costo mínimo es de 7,19 euros mensuales, incluyen la programación y publicación de mensajes en Twitter o Facebook, pero también en Wordpress. La propuesta de fondo es que la gente y las empresas puedan gestionar todas sus redes sociales desde una misma interfaz para ahorrar tiempo y ganar productividad.

Aunque su vocación inicial no fuese esa, en el caso de Stilwell, Hootsuite terminó siendo usado como DeadSocial o LivesOn, una nueva tendencia de servicios online cuyo propósito es que un difunto siga activo en internet y pueda, en apariencia, seguir tuiteando desde su tumba.

Ambos servicios fueron lanzados el pasado mes de marzo. DeadSocial se define como una “herramienta gratuita que nos permite programar mensajes que sólo serán publicados en nuestras redes sociales tras nuestra muerte”, haciendo alusión a Facebook y a Twitter. Además de despedidas póstumas, es posible almacenar mensajes que incluyan vídeos, audios y fotos para que sean publicados durante años, paulatinamente. Tras registrarse en vida, el usuario no sólo debe crear sus textos, sino también designar a una persona de confianza, denominada administrador, para que active el proceso.

La inmortalidad ha sido desde hace tiempo un objetivo hasta ahora inalcanzable para el ser humano. Mientras ello se concreta, la web ofrece un terreno fértil para que cada uno pueda gozar de unos años más de vida, así sea sólo virtualmente.

La aplicación LivesOn funciona bajo el mismo principio, pero se limita a Twitter. Su eslogan reza: “Cuando su corazón pare de latir, usted seguirá tuiteando”.

 

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