13 Jan 2009 - 3:00 a. m.

Vaticano, ¿garante en liberaciones?

El Gobierno aceptó que el CICR contrate  dentro o fuera del país la logística de la liberación de secuestrados. Yves Heller aseguró que la Cruz Roja está dispuesta a trabajar con cualquier país  para que la liberación se dé.

Redacción Política

Lo que supondría un avance para la eventual liberación de tres policías, un soldado, el ex gobernador del Meta Alan Jara y el diputado Sigifredo López, en poder de las Farc, se dio ayer con dos pronunciamientos del Gobierno. En el primero, el presidente Álvaro Uribe propone que el papa Benedicto XVI designe a un garante de su confianza para facilitar la entrega de los secuestrados, al tiempo que la Oficina del Alto Comisionado para la Paz le reconoció autonomía al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para contratar, dentro o fuera del país, los recursos necesarios para realizar la operación de liberación anunciada por esa guerrilla.

Antes de su viaje a Estados Unidos, donde hoy recibirá la “Medalla de la Libertad” de manos del saliente mandatario George W. Bush, el presidente Álvaro Uribe lanzó al aire una nueva carta con la que apuntaría a una estrategia para atender el llamado del grupo armado ilegal para que exista la intervención de un Estado autónomo, a la vez que superaría el temor de que quien participe en la operación obtenga algún provecho político.

Sorpresivamente Uribe citó a una rueda de prensa en la Casa de Nariño el lunes a primera hora, donde dijo que “si la Iglesia Católica en el orden nacional o incluso el Vaticano, la Secretaría de Estado del Vaticano o la persona o institución que designe Su Santidad (Benedicto XVI), puede ayudar para que se dé la liberación de los secuestrados, el Gobierno lo autoriza y le dará la bienvenida”.

El anuncio del Primer Mandatario responde al secretariado de las Farc que, en una carta conocida el 7 de enero, exigió la presencia “de una personalidad democrática de un país hermano o de la comunidad internacional que también sirva de garante (en las liberaciones)”.

También hubo una respuesta al grupo de Colombianos por la Paz, que como segunda alternativa había sugerido encontrar mecanismos que permitieran utilizar la logística de liberaciones anteriores, sin embargo, tras dos días de mucho reflexionarlo el comisionado se inclinó por la opción de que sea la Cruz Roja la que contrate este servicio.

De esta manera, el Gobierno dio por superada una de las barreras para la liberación: la operación logística. Pero dejó la incertidumbre de si la apuesta por incluir a la Iglesia en este proceso acelerará o dilatará la anunciada liberación, y sobre lo cual al cierre de esta edición las Farc no se pronunciaron.


El Espectador contactó a la senadora Córdoba, quien dijo que prefería no pronunciarse acerca del tema hasta reunirse personalmente con representantes del Gobierno.

Por qué el Vaticano

Es la primera vez que el presidente Uribe propone a un representante del Vaticano como mediador con las Farc. La propuesta tomó por sorpresa, incluso, a la Iglesia colombiana. El mismo presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rubén Salazar Gómez, se declaró asombrado con el anuncio del Primer Mandatario, y confesó que “no había tenido ningún diálogo en este sentido”.

Sin embargo, el padre Darío Echeverri, secretario de la Comisión de Conciliación Nacional (CCN), consideró que la sorpresa del anuncio presidencial es positiva, porque evidencia la independencia del Vaticano y de la Iglesia, que no están al servicio del proyecto de un gobierno particular.

El Vaticano fue la opción seleccionada por el Presidente básicamente por tres razones: es un Estado autónomo, tiene el reconocimiento de organizaciones como Naciones Unidas y cuenta con una amplia trayectoria en resolución de conflictos internacionales. La respuesta podría conocerse por medio del delegado de Roma en Colombia, el nuncio monseñor Aldo Cavalli.

La propuesta de Uribe, según Echeverri, es una respuesta “seria” a las Farc que habían pedido presencia internacional en este gesto unilateral, “el Vaticano tiene reconocimiento, pero no una agenda política, lo cual es la garantía de que representa la mejor opción. Se puede inferir que no hay países amigos, sino con intereses. El interés del Vaticano no sería político, sino estrictamente humanitario”.

El efecto de una disposición positiva tanto del Vaticano como de las Farc sería, según el padre Echeverri, no sólo un avance para las seis liberaciones recientemente anunciadas, sino para un eventual diálogo entre el grupo armado y el Gobierno. “Recordemos que Alfonso Cano ha dicho que estaría disponible para hablar con el Gobierno siempre y cuando le diera todas las garantías. Ese es el sentido más importante de esa petición que el Presidente hizo al Vaticano”.

Monseñor Héctor Gutiérrez Pavón, obispo de Engativá, es optimista con la respuesta de la Iglesia. “Yo veo lo que está pasando como un gran avance, porque están mirando hacia donde deben mirar”. En el mismo sentido, monseñor Héctor López, obispo de Girardot, dijo que la propuesta del Presidente resulta apropiada porque hay que aprovechar estos momentos donde “de parte de las Farc hay intención”.

Una voz contraria es la del director del semanario Voz, Carlos Lozano, para quien la propuesta de Uribe podría dilatar lo que según él “ya está de un cacho”. Aunque Lozano reconoce los buenos oficios que puede prestar la Iglesia en estos casos, teme que ahora toque empezar a convencer a las Farc para que acepten algo que a su criterio se pudo posponer.


Crecen esperanzas

Más allá del debate político, los familiares de los secuestrados se declararon optimistas con la propuesta de Uribe,  especialmente en los hogares del ex gobernador del Meta Alan Jara, el ex diputado del Valle Sigifredo López y de quienes tienen en cautiverio algún uniformado que anhelan integre la lista de cuatro que serán liberados por las Farc.

Inírida Guarnizo, madre del patrullero de la Policía Wálter Lozano Guarnizo, se mostró ilusionada con la posibilidad de que el grupo armado acepte a la Iglesia como garante. “Estoy muy contenta. Esta semana confiando en Dios las Farc se pronunciarán”. En el mismo sentido, Claudia Rugeles, esposa del ex gobernador del Meta, dijo que el anuncio del Gobierno es un paso positivo y está convencida de que cada momento la liberación está más cerca. Por su parte, la mamá del sargento segundo Arbey delgado, doña María Ruth Argote,  agradeció el trabajo de Piedad Córdoba y señaló: “Ahora sí como que parece que se le ha tocado el corazón al Presidente”.

Y mientras se concreta la participación del garante de la Iglesia en las próximas liberaciones, el CICR aceleró la búsqueda de los recursos logísticos autorizados por el comisionado Restrepo. Según el portavoz de la Cruz Roja, Yves Heller, se está avanzando en un diálogo confidencial con países de la región que podrían contratar los mecanismos necesarios. Ya hay algunas opciones, pero el tema será manejado con absoluta reserva.

“Efectivamente el CICR está dispuesto a trabajar con cualquier país de la región para que la liberación se dé. Básicamente necesitamos helicópteros y pilotos”, agregó Heller, quien hizo un llamado a la prudencia a la hora de hablar de fechas y ubicación geográfica para las liberaciones, para no subestimar la complejidad logística de la misión humanitaria.

Las mediaciones de la Iglesia

La labor más destacada de la Iglesia Católica   en temas de paz comenzó en el gobierno del presidente Belisario Betancur (1982-1986), cuando apareció en escena monseñor José Luis Serna, obispo de Florencia (Caquetá), quien formó parte de la Comisión de Paz que en mayo de 1984 logró el Acuerdo de la Uribe, entre el Gobierno y las Farc. Un proceso que no alcanzó a materializarse, pero abrió el camino para seguir trabajando en el tema.

Entre 1990 y 1994, la iglesia desempeñó también un rol importante al acompañar los procesos de paz con el M-19, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Quintín Lame y, finalmente, la Corriente de Renovación Socialista.

A partir de ahí, y desde hace 13 años, cuando se convocó a la Comisión de Conciliación Nacional con los mismos propósitos, continuó insistiendo en una salida política al conflicto y en colaborar con la libertad de militares y políticos en poder de las Farc.

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