1 Sep 2008 - 4:52 p. m.

Volver al trabajo no es una enfermedad

La reincorporación es un trauma para uno de cada tres empleados.

J. C. AMBROJO, Barcelona / Especial de El País de España

A Lucía, de 39 años, le gusta su trabajo de peluquera. Pero cuando regresa de vacaciones, sin saber por qué, es un manojo de nervios; durante unos días le cuesta dormir y se descubre con cierta ansiedad. Según la última moda del bienestar, esta mujer sufriría el llamado síndrome posvacacional, un término relacionado, en la vida moderna, con la vuelta a la rutina laboral y la tiranía del despertador. Si se encuentra más fatigado que de costumbre, sin apetito, se muestra más irritable, triste o nervioso podría estar afectado por este supuesto síndrome.

Pero la mayoría de expertos consultados dicen que el tal síndrome posvacacional es sólo un mito. Nada de enfermedad, sino una adaptación a los cambios. La patologización de la vida cotidiana ha provocado que socialmente se considere 'enfermedades' a numerosos contratiempos del día a día, aseguran. Como sucede con el llamado síndrome posvacacional.

'Es un agravio comparativo considerar las pocas ganas de volver a trabajar como síndrome o depresión posvacacional. La depresión es una enfermedad de mucha entidad, con un alto nivel de suicidios', opina Enric Álvarez, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Sant Pau de Barcelona. 'Es evidente que cuando te lo has pasado bien cuesta volver a trabajar y estar triste por ello no tiene nada que ver con estar deprimido', añade.

Para muchos, las vacaciones deben servir de bálsamo para recargar las pilas. Quizá pocos lo consiguen: según varias encuestas, hasta uno de cada tres trabajadores afirman pasar cansancio, desánimo e incluso falta de ilusión durante los primeros días de retorno a la actividad laboral. Sin embargo, para Mikel Urretavizcaya, psiquiatra responsable de la Unidad de Depresión Resistente del Hospital Universitario de Bellvitge (l'Hospitalet de Llobregat), esos sentimientos 'son sólo estados


emocionales normales' que afectan 'más o menos, según la personalidad'. Otra cosa sería si los síntomas de tristeza intensos se alargan mucho en el tiempo. 'Lo peligroso sería considerarlo como malestar por el regreso y que enmascaren una depresión real, que es lo que tienen los pacientes que nos llegan a consulta', dice.

Pocas profesiones sufren un cambio tan brusco como los docentes. Para Ivonne, profesora de un instituto público de enseñanza de Barcelona, la vuelta del verano es un pequeño shock. El nerviosismo le invade, sobre todo el día antes de iniciar el curso. De poco le sirve su larga experiencia. 'Tenemos unas vacaciones largas y cada curso nuevo comenzamos de cero. Hay nuevos alumnos y también nuevos profesores. A los pocos días, todo vuelve a la normalidad'.

De ser ciertas las cifras de afectados por el citado fenómeno, la atención primaria debería recibir una avalancha de personas angustiadas, ávidas de pedir la baja. No parece ser el caso, según la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), que publicó hace unos años una serie de recomendaciones para facilitar una mejor adaptación en los primeros días de trabajo. 'No apoyamos la existencia de un síndrome posvacacional como un proceso de enfermedad, sólo es un documento de prevención', afirma María Jesús Cerecedo, coordinadora del grupo de Salud Mental de la SEMFYC.

Sin embargo, algunas instituciones han tomado en serio esta problemática. El Ayuntamiento de Valencia, que considera el supuesto síndrome como un fenómeno 'social', organizará en la segunda quincena de septiembre -y por segundo año- un curso especializado para prevenir en la población los posibles desarreglos físicos y psíquicos.

'La gente resuelve muy bien sus propios problemas cotidianos, reconoce lo que le está pasando y no acude a consulta por ello', añade María Jesús Cerecedo. Mercedes, de 48 años, empleada de la limpieza, es un ejemplo de claridad mental. A pesar de haber pasado las vacaciones en casa, 'por la crisis', reconoce que siempre vuelve a su actividad laboral contenta. 'Sólo me faltaría pasarlo mal en el trabajo', dice. Pedro, funcionario de la administración desde hace más de dos décadas, ha visitado a su familia en un pueblo soriano. Después se recorrió la Expo de Zaragoza. 'Mis vacaciones me permiten reorganizar mi vida. Me ilusionan antes de que lleguen y luego son una especie de recompensa', cuenta. Se acaba de reincorporar 'sin problemas', incluso cuando ha regresado de viaje una hora antes de fichar a las 8 de la mañana. 'Si estás bien en tu lugar de trabajo, es sencillo', asegura.

La mejor prevención para evitar un regreso complicado a la vida cotidiana comienza en las mismas vacaciones. Los expertos recomiendan, siempre que sea posible, evitar concentrarlas en un mes. Lo mejor es dividirlas a lo largo del año. Y también, vivir ese tiempo libre como un disfrute, pero marcándose objetivos realistas, 'porque no van a resolver los problemas de nuestra vida', afirma María Jesús Cerecedo. Lo importante, aconseja el psiquiatra Enric Álvarez, es hacer algo completamente diferente que permita a la persona desconectar del entorno laboral. 'Por descontado, no sería bueno ir a un sitio donde se haga lo mismo y se vea a las mismas personas, pero en pantalón corto. Lo deseable es tener intereses aparte del trabajo, desde la lectura al bricolaje, la jardinería o los viajes, para dedicarte en cuerpo y alma, divirtiéndote, y hacer [como al ordenador] un reinicio', sostiene.

Otra manera de mantener el bienestar conseguido en las vacaciones es planificar el regreso, antes de finalizarlas. Y también, 'tener un diálogo interno de aceptación, o realizar cambios en lugares donde se tiene un mayor control de la situación como es el hogar', comenta Simon L. Dolan, profesor de Recursos Humanos de Esade y psicólogo experto en estrés laboral.

La reincorporación no es problemática cuando el entorno laboral es positivo. Entonces, ¿qué sucede cuando no es así? 'Si de partida se está en un trabajo que produce insatisfacción, a la vuelta puede ser mucho peor, porque las vacaciones no lo resolverán y el que regresa se encontrará con la misma situación', dice María Jesús Cerecedo. Lo peor lo tienen quienes trabajen en un entorno laboral desagradable o conflictivo y que sufran estrés laboral. 'Algunas veces no es más que una huida ante la aparición de nuevos problemas. Pero si uno está satisfecho en su trabajo, la reincorporación y adaptación es más rápida', añade Cerecedo.

Algunos disienten profundamente. 'El llamado síndrome posvacacional no es nada más que el resultado de vivir 11 meses al año en un tipo de trabajo o de entorno laboral tóxico', asegura el psicólogo laboral Iñaki Piñuel. 'Los entornos laborales son


cada vez más lugares de estrés, de incidentes, de clima degradado, de envidias y rivalidades, de sobrecarga de trabajo cronificada por no cubrir bajas o despedidos, de inseguridad a nivel organizativo. Es decir, riesgos psicosociales en el trabajo', dice Piñuel. En estas situaciones, al volver al trabajo el organismo lo indica de muchas maneras, transformando su protesta en una somatización a desarrollar ataques de pánico, insomnio, dolores musculares y articulares, náuseas e incluso vómitos. 'La persona no sabe qué le pasa, al cabo de unos días vuelve a aclimatarse a esta situación anómala, se acostumbra', añade Piñuel.

Las cifras que algunos dan sobre el síndrome posvacacional son muy parecidas al 38% de empleados que menciona este psicólogo. Pero, para Piñuel este síndrome no es más que un síntoma de otras causas como estrés, síndrome del quemado o acoso laboral. Además, las cifras de afectados por estos problemas coindicen con ese 38% que barajan los expertos. Por ello, las empresas deben cuidar las condiciones psicosociales en el trabajo, afirma Manuel Hidalgo, psicólogo del Centro Nacional de Condiciones del Trabajo.

Pero, para la mayoría de los expertos, la aparición de este malestar a la vuelta de las vacaciones no es más que la consecuencia lógica de un proceso de adaptación, de vuelta a la actividad, y no conviene darle la mayor importancia. Si mañana comienza a trabajar, la recomendación mayoritaria es buscar momentos gratificantes fuera del trabajo, evitar la queja permanente ante sus compañeros y, si es posible, retomar la actividad progresivamente, porque, como sucede con un automóvil, no se puede pasar de cero a cien en un instante.

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