26 Mar 2009 - 11:50 p. m.

William Ginn, el hombre de la corbata verde

El alto ejecutivo estadounidense ha dedicado su vida a cuidar el medio ambiente.

Santiago La Rotta

Todo comenzó cuando aún era pequeño, en la casa de sus abuelos en algún lugar de Maine, Estados Unidos. Un buen día cruzó la puerta, la mente llena de aventuras por realizar esa mañana (abordar un galeón español, tal vez conquistar algún lejano planeta), y se encontró de frente con una bestia de metal diseñada para arrasar: en el parque de sus sueños y fantasías infantiles había una pequeña flota de bulldóceres cuya tétrica misión ese día consistía en arrasar los árboles del lugar en nombre del progreso.

Más de medio siglo después, William Ginn recuerda ese día como aquel en el que decidió dedicar su vida a la conservación del medio ambiente. Su meta lo ha llevado a fundar una compañía de reciclaje, a dirigir proyectos ambientales en medio mundo y a ser la cabeza de los programas de conservación de The Nature Conservancy (TNC), una organización ambiental que tiene presencia en más de 30 países, incluido Colombia, en donde se estableció hace 20 años.

Ginn, además de un ambientalista nato, es un sagaz hombre de negocios, aunque dista mucho del ejecutivo común y corriente: es un hombre en extremo sencillo (nada de corbata, reloj de marca, zapatos que cuestan varias veces el salario de un trabajador cualquiera) que cree en la posibilidad de hacer negocios ambientalmente amigables, el eterno pulso entre el lucro y el ambiente, entre el mercado y la naturaleza. “Debemos acercarnos a la industria, mostrarle que hay otra forma de hacer las cosas”.

Por eso, durante su primera visita a Colombia, se reunió con un grupo de 40 empresarios, representantes de industrias como Bayer y Alpina, para pedir su colaboración en cuatro grandes áreas: manejo de agua (tema en el cual, asegura, muy pronto se verán resultados por cuenta de varios fondos diseñados para proteger las fuentes hídricas), contaminación de los océanos, sostenibilidad de la tierra y cambio climático. El éxito de la gestión de THC alrededor del mundo reside en demostrar ante los industriales, los hombres de traje gris para quienes el ambiente suele ser una preocupación lejana, que los daños en la naturaleza afectan directamente el desarrollo de sus actividades.

El mundo ha cambiado para mal, ambientalmente. Cuando Colón llegó a América se estima que había algo así como seis billones de hectáreas de bosque; hoy se calculan que hay tres. “Soy optimista con el panorama de Colombia, si trabajas en medio ambiente debes mantener esta actitud. Es verdad, hay retos muy grandes, pero siento que las cosas van por buen camino. El Gobierno ha emprendido acciones para solucionar problemas y, en general, veo que la gente, por lo que pude observar de los empresarios con los que me reuní, genuinamente se preocupa por la naturaleza”.

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