14 May 2021 - 12:55 p. m.

Acciones ambientales más comunes no tienen el impacto que se cree

Encuesta mundial halló disparidad entre las medidas que la gente hace para combatir el cambio climático y su real impacto. El estudio incluyó a seis países de América Latina.

Lorena Guzmán Hormazábal - Scidev.net

En la región, la mayoría de las personas está dispuesta a realizar acciones que ayuden a combatir el cambio climático, pero el impacto de esas actividades es mucho mayor que el efecto que realmente tienen.

Eso puede tener un doble efecto negativo: además de aportar poco a disminuir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), genera sobre todo la falsa idea de que se está haciendo lo suficiente y, por ende, lleva a no hacer más, concluye un estudio basado en una encuesta mundial, incluidos seis latinoamericanos.

El estudio, realizado por Ipsos entre febrero y marzo de 2021, se hizo en línea a 21.011 personas de entre 16 y 74 años, de 30 países, incluidos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú.

Una de las preguntas pedía que los encuestados eligieran las tres primeras acciones que se deberían hacer para reducir emisiones. Las opciones eran reciclar, obtener energía de fuentes renovables, reemplazar el auto por uno eléctrico o híbrido, sustituir las bombillas por las de bajo consumo o LED, secar la ropa colgándola en vez de usando una secadora, evitar volar tramos de más de seis horas, no tener auto, comer una dieta a base de plantas, y tener menos hijos (uno menos).

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En Brasil, Colombia y México, el reciclaje fue la primera preferencia, y en Argentina, Chile y Perú fueron las energías renovables. Tener un auto eléctrico o híbrido fue la tercera opción para todos menos Brasil, que la eligió en segundo lugar.

Aunque estas tres opciones también fueron las primeras del resto de los países encuestados, estas medidas no son las que más aportan a la reducción de emisiones. Mientras reciclar ahorra 0,2 toneladas de CO2, optar por un auto eléctrico disminuye 1,1 toneladas y las energías renovables 1,5 toneladas.

Todas son reducciones muy lejanas a las 2,4 toneladas de CO2 que significaría no usar autos o las 58,6 toneladas que se reducirían al decidir tener menos hijos. Incluso, una dieta basada en plantas tiene el potencial de reducir las emisiones cuatro veces más que reciclar.

La asimetría entre las intenciones y el impacto real que estas poseen se explica por varias razones. “La principal es que las personas tienden a privilegiar las acciones que requieren menos esfuerzo”, dijo a SciDev.Net Rodolfo Sapiains, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académico del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, y quien no fue parte de la encuesta.

El problema, además, es que esta asimetría lleva a no realizar otras acciones, porque se cree que se está haciendo lo suficiente, agregó.

Si bien los resultados de la encuesta obtenidos en los países latinoamericanos se alinean con la tendencia mundial, en la región hay una falta de urgencia sobre el ambiente, aseguró a SciDev.Net Miguel Pinto, subgerente de Public Affairs de Ipsos Chile. “Esto porque hay mucho desconocimiento sobre el cambio climático y lo que se puede hacer para combatirlo”, detalló.

En este punto la información es fundamental. En el caso de Chile, la opción de obtener energía de fuentes renovables fue la más elegida (72 por ciento), y no solo fue el porcentaje más alto de Latinoamérica, sino también de los 30 países encuestados. En la región le siguen Argentina con 70 por ciento, Colombia y México con 64 por ciento, Perú con 62 por ciento, y, en último lugar, Brasil con 49 por ciento.

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Chile registra uno de los aumentos más acelerados de este tipo de energía, sobre todo solar y eólica, y se ha hecho buena publicidad de ello. “Pero cuando se trata de lo que el país está haciendo por el cambio climático, incluso con el objetivo autoimpuesto de descarbonización para 2050, solo las elites tienen conocimiento de ello”, dijo Pinto.

Además del conocimiento, la cultura es otro elemento que juega un rol importante. “Aunque se sabe desde los años 50 que la sobrepoblación tiene un impacto en la Tierra, decirle a la gente que tenga menos hijos hace mucho ruido porque toca valores y creencias”, explicó Sapiains.

Otro ejemplo respecto del impacto de la cultura se refleja en el consumo de carne. “Independientemente del impacto en el ambiente, el consumo de carne en los países en vías de desarrollo se vincula con el ascenso social y la mejora en la calidad de vida”, aseguró Sapiains. Por eso es difícil dejarla en pos del planeta.

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